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Estudio del ISGlobal Barcelona

La contaminación del tráfico reduce la capacidad de atención de los niños

Los escolares responden peor a los tests de ordenador en los días con elevados niveles de NO2 y partículas

Antonio Madridejos

Tráfico en la calle de Mallorca de Barcelona.

Tráfico en la calle de Mallorca de Barcelona. / DANNY CAMINAL

La exposición a la contaminación no solo ocasiona un retraso en el desarrollo neurológico a largo plazo, algo ya observado con anterioridad, sino que también tiene un efecto inmediato en la capacidad de concentración de los niños. A la hora de resolver un test visual por ordenador que mide su nivel de atención, los niños obtienen peores resultados y van más lentos en aquellos días con episodios de elevada contaminación. 

Esto es al menos lo que ha comprobado un estudio realizado por investigadores del Instituto de Salud Global (ISGlobal) con una cohorte de 2.700 menores de colegios de la ciudad de Barcelona. Los resultados, que se han publicado en la revista especializada 'Epidemiology', son similares a todos los niños con independencia del sexo, su capacidad inherente para resolver los tests, la edad (7-12 años) y la ubicación de los centros escolares. 

"La respuesta fue más lenta y menos consistente", resume el coordinador del trabajo, Jordi Sunyer, coordinador del programa de Salud Infantil del ISGlobal y catedrático de Salud Pública de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) de Barcelona. En el estudio también han participado investigadores de los hospitales del Mar y Sant Joan de Deu, CSIC-Idaea y Universitat de Barcelona.

Concretamente, los investigadores del ISGlobal han observado que los resultados empeoran cuando aumenta la presencia en el aire de dióxido de nitrógeno (NO2) y de micropartículas de carbono elemental o carbón negro, dos contaminantes estrechamente asociados al tráfico. Lo que todavía no se ha podido determinar es si esa merma momentánea tiene efectos a la largo plazo en la capacidad de concentración. 

39 ESCUELAS

El punto de partida de este estudio era un trabajo anterior que había establecido una asociación entre la exposición de los niños a la contaminación y el desarrollo de la función de la atención y la memoria de trabajo a largo plazo.

En esta ocasión, los autores plantearon un nuevo estudio de seguimiento con 2.687 niños y niñas de 39 colegios diferentes (265 aulas). A lo largo de 15 meses, los científicos realizaron cuatro visitas a los escolares en las que evaluaron cuatro dominios diferentes de los procesos de atención.

En un test típico, en la pantalla aparecen aleatoriamente una serie de peces que miran a la izquierda o la derecha. Los niños participantes han de marcar lo que les solicite el ejercicio. La prueba dura unos 12 minutos, por lo que, además del acierto, se puede medir la velocidad y el grado de agotamiento. Los datos obtenidos se cruzaron con mediciones diarias de los niveles de NO2 y carbono elemental tanto en el exterior como en el interior de las aulas.

El análisis de los resultados muestra que los incrementos en los niveles ambientales de los contaminantes procedentes del tráfico están asociados con una disminución en todos los procesos de atención dentro de las aulas. Más concretamente, los días en que los niños y niñas estuvieron expuestos a mayores niveles de contaminación mostraron un retraso equivalente a más de un mes en la mejora natural de la velocidad de respuesta que cabría esperar como consecuencia del desarrollo con la edad. "Quizá puede parecer poco en un alumno de rendimiento satisfactorio, pero en los más vulnerables puede ser muy importante", considera Sunyer.

RESPUESTA "MÁS LENTA"

"El efecto estimado fue modesto a nivel individual, pero indiscutible en todos los niños -explica el investigador del ISGlobal-. El impacto es importante cuando este tipo de exposiciones con efectos pequeños se extrapola en la función cognitiva a nivel poblacional". 

Según el investigador, "estamos ante una evidencia más acerca de la necesidad de evitar la contaminación atmosférica en el entorno de los centros escolares, y muy especialmente la proveniente de los vehículos diésel". En su opinión, por ejemplo, no estaría de más evitar que los coches se acercaran tanto a las puertas de los colegios.

Uno de los próximos objetivos será comprobar si esa merma en la concentración por culpa de la contaminación empieza ya en los primeros meses de vida, avanza Sunyer.

Además de Jordi Sunyer, en el estudio también han participado Elisabet Suades-González, Raquel García-Esteban, Ioar Rivas, Jesús Pujol, Mar Álvarez-Pedrerol, Joan Forns, Xavier Querol y Xavier Basagaña.

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