Ir a contenido

LA GESTIÓN DE LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS EN LAS AULAS

¡Niño, deja el móvil!

Varias iniciativas escolares intentan que niños y adolescentes hagan un buen uso de las pantallas

Profesores buscan integrar el teléfono en la clase pero a la vez que los alumnos aprendan a dosificarlo

Carmen Jané

¡Niño, deja el móvil!

Si todos los niños de una clase tienen móvil y están esperando cualquier descuido para volver a mirar la pantalla, alguien tiene un problema y no solo es el profesor. En los últimos cinco años, la proporción de alumnos de entre 10 y 15 años que tienen móvil ha aumentado un 20% y han triplicado el uso que hacen de la conexión a internet, según un estudio de las Escuelas Pias de Catalunya. Ante ese panorama, los centros educativos intentan que los teléfonos no monopolicen la vida de la clase. Y es que a partir de este lunes, a la vuelta de vacaciones, se producirá un momento crítico porque muchos escolares de 11 o 12 años, e incluso menos, estrenarán sus primeros teléfonos tras los regalos de Navidades y Reyes. 

Ante la proliferación de pantallas (tabletas, ordenadores y el ‘smartphone’ como rey), las escuelas aún oscilan entre las que apuntan a sus alumnos a programas como la mSchools que organiza Ensenyament con la Mobile World Capital (para jóvenes de 16 a 18 años) para que los alumnos hagan 'app' y proyectos tecnológicos en clase, y las que todavía confiscan teléfonos cuando un alumno lo saca en el aula. Es un tema caliente en el que la comunidad educativa lleva años trabajando y para el que se han ido postulando distintas iniciativas desde ámbitos pedagógicos pero también desde la psicología y la salud pública.  

Hay escuelas que impulsan el uso en clase y otras que lo prohíben

En el instituto Joaquima Pla Farreres de Sant Cugat propusieron un mapa de espacios permitidos que han ido adaptando otros centros catalanes, como el Pla Marcell de Cardedeu, que ofrecen a quien quiera reproducirlo a través de la web. Son carteles señaléticos que ayudan a racionalizar el uso, recordando que no en todos los espacios se puede, por ejemplo, tomar fotos por el ataque que puede suponer a la intimidad de los compañeros o sacar el móvil y pararse porque obstaculiza el tránsito por los pasillos.

MUNDO CONECTADO

“Ya no prohibimos los móviles por tan solo verlos en clase. Hay que preparar a los alumnos para vivir en un mundo conectado pero también ayudarlos a autorregularse”, explica Xavi Serra, profesor de la Escola Pia Secundaria de Granollers, que implantará la misma señalética ahora, a la vuelta de vacaciones.

Sus aulas pasarán en breve de ser zonas rojas a zonas amarillas, porque ahora “se usa el móvil cada vez más por la 'gamificación' de actividades, como tests para repasar lo aprendido”, explica David Mas, profesor del centro. “Intentamos hacer una gestión en positivo, sobre en qué momentos lo necesitan para hacer cosas y cuándo no. Pero a veces es bueno que surja el conflicto para aprender a gestionarlo y tener que tomar decisiones”, señala Serra.

Y es que el móvil es de uso personal pero cualquier adolescente lo usa ante la familia, con amigos o por la calle. Motivaciones para la autorregulación hay muchas, desde la más espiritual de “desconectar para conectar con la parte interior del alumno”, que esgrimen algunos centros educativos religiosos, a la de convivencia para recuperar la actividad física y disfrutar del mundo no solo digital. O la alternativa, como reflexión sobre el acto de consumo que supone estar siempre conectado para que te vendan cosas. Discursos que se trabajan en las escuelas y en espacios municipales (centros cívicos, bibliotecas…) en forma de charlas para padres, para alumnos u obras de teatro con debate, o en horas de tutoría.

FORMACIÓN A ALUMNOS Y PADRES

“Ser un ermitaño digital me parece genial pero no se puede. Hay que hacer un uso responsable de la tecnología móvil. Deberíamos ser capaces de desconectar y reflexionar sobre cuánto y cómo se usa”, afirma Evaristo González, director del instituto Torre del Palau de Terrassa. 

Otros colegios recurren a formación específica con expertos como Marc Masip, director del Programa Desconecta, al que están suscritos una quincena de centros privados en Barcelona y que imparte charlas a alumnos y padres, y que cuenta con una 'app' de gestión del tiempo como apoyo. “Es interesante que alguien de fuera les refuerce el mismo mensaje que les repetimos en clase”, afirma Raül Adames, director del colegio Loreto-Abad Oliba. 

"Es necesario tomar conciencia de quién crea la necesidad de estar conectados", afirman en EdPac

En el Vallès Oriental, Jordi Bernabeu, psicólogo, profesor universitario y técnico del ayuntamiento de Granollers, ha desarrollado un programa con institutos de la población para trabajar con profesores, alumnos y familias sobre el abuso de las pantallas, para el que cada vez han ido rebajando más la edad. “Antes lo empezábamos en segundo de ESO y ahora ya habría que ir al último ciclo de primaria”, señala.

CONTRA EL CONSUMISMO DIGITAL

Y en otros 31 municipios de Catalunya, la asociación Educació per l’Acció Crítica (EdPac), que trabaja con el tema del abuso de pantallas desde el 2004, ha dado formación a más de 10.000 personas con teatro, charlas y talleres educativos. “Hablamos desde el consumo, para que padres y alumnos tomen conciencia de quién les crea la necesidad de estar conectados y cómo hemos aceptado ese discurso”, explica Pau Panyella, técnico de la asociación.

“Muchos pedagogos explican que las pantallas son neutras, pero para nosotros son objetos fabricados por empresas con un interés comercial claro. Cuantas más horas pasamos conectados, más beneficios tiene la plataforma”, afirma Sonia Rubio, de Edpac. “Hay que promover la reflexión crítica. Encuentras niños que te dicen que ‘necesitan’ un móvil propio porque vuelven solos a casa. Vale, '¿y para eso necesitas que tenga internet?', les planteas, y ya no saben qué decir. Hay un discurso creado para no querer desconectar”, recuerda Panyella.

COLEGIOS Y REDES SOCIALES

La problemática del móvil en las aulas implica mucho más que el uso que hacen los alumnos. Las redes sociales afectan también a cuestiones como la gestión de la intimidad de los alumnos, su reputación digital o el acceso a los profesores fuera de horas de clase. “Hay una gestión de la paranoia con los datos que exige unos adultos capaces de relacionarse en las redes sociales”, recuerda Jordi Bernabeu, que coordina talleres con profesores del Vallès para trabajar sobre el uso de las tecnologías en clase.

 

“Los padres temen que a sus hijos les acosen extraños en internet pero los mayores problemas vienen por cosas que se dicen entre los propios alumnos en los grupos de Whatsapp. Hay colegios que prohíben que sus profesores cuelguen perfiles en las redes sociales, que acepten a alumnos en Facebook o se relacionen con ellos, pero también puede ser bueno un grupo de chat con el profesor en vísperas de exámenes, por ejemplo. Aunque eso lleve al debate de cómo separar la vida profesional y la personal para el profesional o de si debe estar accesible siempre”, señala.

0 Comentarios
cargando