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SORPRESA EN ALEMANIA

Una isla alemana se despierta llena de las sorpresas de unos huevos de chocolate

Los problemas de un barco para sortear una fuerte tormenta llevan decenas de miles de pequeños juguetes a la costa de Langeoog

Carles Planas Bou

Decenas de miles de sorpresas de huevos de chocolate en una playa de una isla alemana.

Los Reyes Magos llegaron antes de tiempo a las costas alemanas de la isla de Langeoog, al noroeste del país. El pasado miércoles esta pequeña localidad se despertó con sus playas decoradas por decenas de miles de las sorpresas que ocultan en su interior unos conocidos huevos de chocolate, que dieron un aire festivo a la arena y una alegría a los más pequeños. Pero, ¿cómo llegaron ahí?

Según ha informado el diario 'Bild' citando a un portavoz de la policía local, esta curiosa estampa se produjo después de que el barco que transportaba la carga de estos conocidos huevos de chocolate con un juguete dentro tuviese problemas para navegar. La fuerza de la tormenta Axel, que durante la semana pasada llegó a alcanzar la fuerza de un huracán en varias zonas de Alemania y causó inundaciones en Hamburgo y la costa báltica, precipitó hasta cinco contenedores que cargaba el navío al agua.

El carguero, de nombre 'Maersk Mukebo', navegaba bajo una bandera danesa y transportaba cientos de miles de huevos de chocolate desde el puerto chino de Yangshan hasta Bremerhaven, la zona portuaria del Estado de Bremen y el puerto pesquero más grande de Europa.

PROBLEMA MEDIOAMBIENTAL

Pero lo que para niños y curiosos ha sido una colorida sorpresa navideña para las autoridades se ha convertido en un problema medioambiental. El agua se había llevado por delante al chocolate pero no las pequeñas cápsulas de plástico que en su interior guardan un juguete, un material altamente nocivo para el planeta debido a sus componentes tóxicos y a que no es biodegradable.

Además, durante el jueves las costas de Langeoog empezaron a recibir otros juguetes también perdidos por el 'Maersk Mukebo', como los de la casa Lego, que se amontonaron en la orilla de esta ciudad. “Esto ya no es gracioso. Es perjudicial para el medio ambiente y altamente peligroso para los animales”, alertó el alcalde Uwe Garrels.

Las palabras de la principal autoridad de la isla tuvieron su efecto y durante el jueves se organizó un encuentro comunitario para limpiar la playa y recoger todos los juguetes. Una acción que devolvió las orillas de Langeoog a su normalidad y que a pesar de borrar la sorpresa de los más pequeños evitó un problema ecológico.

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