PRESUNTA ESTAFA CON UNA MENOR

Los servicios sociales en Baleares desconfiaron del padre de Nadia

El municipio no aportó ni un euro al caso por el ritmo de vida que llevaban Blanco y Garau

Un reportaje del caso Nadia en la televisión balear en diciembre del 2012.

Un reportaje del caso Nadia en la televisión balear en diciembre del 2012.

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XISCO UMBERT / BINIALI

"Este hombre no es trigo limpio": Esa fue la primera impresión que tuvo el alcalde pedano de Biniali, Miquel Fiol, cuando conoció al padre de Nadia, Fernando BlancoFernando Blanco. Asegura que el matrimonio y su hija vivieron en el pueblo durante unos dos años, durante el cual cuando empezó a exhibir la enfermedad de la pequeña con fines recaudatorios. Fiol dice que el consistorio de Sencelles (al que pertenece Biniali) no aportó ni un céntimo a la causa porque el propio departamento de servicios sociales no confió en el padre. 

“Los profesionales tienen la psicología suficiente para ver que ese hombre no tenía credibilidad. Enseguida lo calaron”, puntualiza el alcalde. Con todo, aclara, no tenían ninguna base sólida para denunciar una presunta estafa, así que lo dejaron correr. No obstante, tuvieron más de un encontronazo con el padre que se personó en el Ayuntamiento repetidas veces para quejarse no sólo de que no recibía ayuda municipal sino también para lamentar que los vecinos eran poco solidarios. “Un día nos montó un 'pollo' increíble diciendo que éramos inhumanos al no contribuir a la salvación de su hija”, añade el alcalde.

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La actitud del matrimonio tampoco encajaba entre los vecinos desde el principio. Los camareros de los bares aseguran que Fernando y Margarita Garau, los progenitores de la niña, iban a cenar y a comer y pedían la mejor ginebra, vino y cerveza e incluso no se quedaban cortos en la cantidad. También vieron cómo la pareja cambió de coche unas cuantas veces y siempre eran vehículos de alta gama. “Eso no se corresponde con unos padres que van por la tele diciendo que van a vender los muebles de su casa para pagar un tratamiento a su hija”, sentencia uno de los trabajadores del bar donde acudían.

Los vecinos de Biniali, aunque lo sospechaban, están muy defraudados con lo que está saliendo a la luz. No los quieren volver a ver aparecer por el pueblo. Algunos de los que hicieron donaciones, como un club ciclista, está estudiando la manera de recuperar el dinero que aportaron para destinarlo a “otras causas verdaderamente necesitadas”.