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La calidad de la enseñanza

Así se forma la primera hornada de maestros innovadores

La Universitat de Lleida imparte un grado de Magisterio pionero que enseña a aplicar las nuevas metodologías

La mejora de la escuela exige docentes capacitados en las didácticas renovadoras

MARÍA JESÚS IBÁÑEZ / LLEIDA

Alumnos de primer curso del grado de Gestiones Creativas de la facultad de Educación de la Universitat de Lleida (UdL).

Alumnos de primer curso del grado de Gestiones Creativas de la facultad de Educación de la Universitat de Lleida (UdL). / RAMON GABRIEL / DEFOTO

'Primero dispara, luego pregunta'. Así se titula el taller al que asisten una treintena de estudiantes de primer curso de Magisterio. Atentos a las explicaciones del fotógrafo Llorenç Rosanes, que les introduce en los rudimentos de la disciplina, los estudiantes del grado de Gestiones Creativas de la Universitat de Lleida (UdL) forman un círculo, preguntan y plantean sus propias propuestas al ponente hoy invitado. Es una clase activa, dinámica, muy práctica. Nada que ver con las tradicionales lecciones magistrales de toda la vida.

“Las últimas investigaciones llevadas a cabo en Pedagogía dicen que hay que renovar las metodologías docentes, que es necesario, incluso urgente,  proporcionar a los alumnos herramientas para que sean ellos mismos quienes avancen en el aprendizaje… Nosotros, aquí, tratamos de preparar a nuestros estudiantes, que dentro de unos años serán a su vez maestros, para que sean capaces de enseñar de ese modo", explica Pepa Valls, coordinadora del grado universitario, que se imparte desde el pasado curso 2015-2016 y que es el único de estas características en Catalunya. "Y quizás también en toda España", apunta Valls.

Los estudios, dirigidos de momento a futuros docentes de educación infantil, combinan los talleres (como el de fotografía) con las clases de teoría, "porque también han de conocer las razones por las que hacen lo que hacen", señala la profesora de la UdL. Para poder aplicar métodos innovadores en sus clases, los ahora estudiantes de Magisterio han de conocer bien qué decían Maria Montessori, Céléstin Freinet u Ovide Decroly, han de dominar las teorías de la escuela activa y el aprendizaje por proyectos y han de ser capaces de estimular el trabajo colaborativo y preparar una clase invertida. Ellos serán, cuando terminen dentro de dos años, la primera hornada de maestros innovadores formados en la universidad exclusivamente con este propósito.

“Necesitamos profesores que dejen de ser meros transmisores de conocimientos y que sean diseñadores de dinámicas, que ellos mismos dejen de actuar individualmente y sepan trabajar en equipo", reclamaba, en un debate hace un par de semana en la Universitat Abat Oliba (UAO-CEU), Xavier Aragay, exdirector general de Jesuïtes Educació y responsable de la evaluación del programa de innovación introducido en las escuelas que la orden tiene en Catalunya.

APRENDER POR REPRODUCCIÓN

"El problema es que muchas veces los profesores acaban reproduciendo lo que han visto ellos como alumnos y eso, llevado al sistema educativo, implica que se reproduzcan también las desigualdades entre alumnos", agregó en el mismo foro en la UAO-CEU Iolanda Arboleas, directora del instituto de Sils, uno de los centros participantes en el proyecto Escola Nova 21 de renovación educativa.

Estudios con 175 años de historia en Lleida

La facultad de Educación de la Universitat de Lleida (UdL) celebra estos días el 175º aniversario de la fundación de la Escuela Normal Masculina de la ciudad, que fue una de las primeras de España donde se impartieron estudios de Magisterio. La de Barcelona no se puso en marcha hasta cuatro años más tarde.

La escuela de maestros leridana empezó, aquel 26 de noviembre de 1841, "con solo 21 alumnos, un aula y un profesor", explica el actual decano, Carles Alsinet. "Y el año siguiente, se creó la escuela de prácticas, con 50 niños de entre 6 y 12 años", agrega. Fue la primera escuela pública moderna de Lleida, subraya el decano.

No está siendo sencillo, admite la coordinadora del grado de Gestiones Creativas, en el que están matriculados 120 alumnos, entre primero y segundo curso. "¿Cómo se enseña a un docente a ser innovador? ¿Cómo aprende uno a tener iniciativa, a saber formar equipos de alumnos, a estimular el aprendizaje?", se pregunta Valls. "Antes de ofertar la carrera a los alumnos, estuvimos tiempo trabajando en definir qué tipo de maestros queríamos formar", relata. La conclusión fue que "se tenía que primar el pensamiento crítico, la creatividad, el trabajo colaborativo y las actitudes proactivas".

Uno de los logros ha sido la implicación que ha habido por parte de la veintena de profesores que imparten clases en esta titulación de la facultad de Educación. "Salvo en un caso, el de un profesor de más edad que prefirió seguir dando clases como ha hecho siempre, el resto de docentes están colaborando de forma muy estrecha", indica Valls. "No nos importa que siga habiendo alguna clase según las metodologías más tradicionales, para que los estudiantes vean también el modelo", apostilla. "Lo importante es que hemos empezado a crear una cierta cultura de colaboración entre profesores universitarios, algo que no es muy habitual en el ámbito universitario", destaca.

ADAPTACIÓN DE LOS ALUMNOS

"Quizás nuestra mayor sorpresa el año pasado vino de los alumnos… Nos dimos cuenta, cuando el curso ya estaba empezado, de que muchos de ellos no sabían muy bien qué hacer cuando les planteábamos un proyecto", relata Helena Ayuso, profesora de Didáctica de las Ciencias Sociales en este grado. "Ellos también tuvieron que hacer una adaptación y no les resultó fácil, porque toda su trayectoria académica anterior ha sido con el modelo de clase magistral, donde el profesor marcaba el ritmo y el método de trabajo", agrega Valls.

Los resultados de la puesta en marcha de estos estudios "son positivos, pero todavía intuitivos", admite la coordinadora del grado que explica que se están recogiendo datos y experiencias "para evaluar y validar los procesos que se están aplicando". De momento, no obstante, la investigación está pendiente de obtener financiación. 

Cuando un museo o un solar vacío son también aulas

Además de la facultad, los alumnos del grado universitario de Gestiones Creativas de la UdL, "el espacio público, los parques de la ciudad o los solares vacíos, un museo o cualquier equipamiento cultural donde se pueda realizar una acción educativa acaban convirtiéndose en aulas o lugares de aprendizaje", explica la profesora Helena Ayuso, que imparte Didáctica de las Ciencias Sociales.


El grado está concebido de tal manera que los estudiantes crean su propio itinerario formativo, cursando (también lo pueden hacer 'on line') "unos determinados temarios o 'badges', además de las materias obligatorias", explica la coordinadora del grado, Pepa Valls. Estos 'badges' tratan cuestiones monográficas, "desarrolladas por cada uno de los profesores que dan clases en el grado y que son las competencias específicas que han de haber logrado los estudiantes para llegar a ser buenos profesionales de la educación". Así, hay 'badges' relacionados con el pensamiento científico y la investigación y otros relativos a las narraciones y el conocimiento del entorno social.


“Somos conscientes de que este es un proyecto vivo y sujeto a revisiones, y por eso se realizan asambleas periódicas con los estudiantes, para cuestionen el modelo y tomen ellos decisiones sobre su propia formación”, señala también Ayuso.

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