30 oct 2020

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EXPLOTACIÓN DEL SUBSUELO

El pequeño Far West de Balaguer

Más de 3.000 personas buscan oro cada año en el río Segre a través de la actividad familiar que propone el Centre d'Interpretació de l'Or

JOFRE SÀEZ / GIRONA

Taller de búsqueda de oro en el río Segre, organizado por el Centre d’Interpretació de l’Or.

Taller de búsqueda de oro en el río Segre, organizado por el Centre d’Interpretació de l’Or. / MUSEU DE LA NOGUERA

La fiebre del oro más familiar ha vuelto a las tierras de Lleida a través del Centre d'Interpretació de l'Or del Segre, en Balaguer. Su actividad estrella es la búsqueda de este preciado metal, hasta el punto de que durante los tres primeros años de existencia ya han pasado por sus instalaciones unas 3.000 personas. Y esperan cerrar el 2016 con más de 4.000 visitas.

El centro de interpretación es un espacio que pretende dar un paso más y no se conforma con ofrecer una simple visita guiada por la historia de la explotación de este metal precioso en el río Segre. Aquí el visitante se enfunda las herramientas de los auténticos buscadores y vive la experiencia en directo, hasta encontrar el tesoro por el que ha venido: el preciado oro.

El visitante se enfunda las herramientas de los auténticos buscadores y vive la experiencia en directo

CON LA BOCA ABIERTA

La técnica del centro, Mireia Subirada, explica que los visitantes se quedan con la boca abierta cuando en su cubo de grava encuentran entre una y tres partículas de oro de uno o dos milímetros.

“La gente se sorprende al encontrar oro en Catalunya. Piensan que está en las minas, y el oro se encuentra en las arenas del agua que arrastran los ríos desde el Pirineo”, apunta.

Otra de las particularidades que suele romper los esquemas de los participantes, según apunta Mireia, es el tamaño del oro. El visitante espera encontrar la típica pepita de oro de las películas del Far West cuando, en realidad, son trozos muy laminados. “La más grande que hemos encontrado medía unos siete milímetros”, recuerda.

HISTORIA DE SU EXPLOTACIÓN

La visita se inicia en el espacio expositivo para conocer los usos y propiedades del oro a lo largo del tiempo y a continuación se explica la historia de su investigación y explotación en el Segre, documentada ya durante la época romana en la Cerdanya, pero que tuvo momentos de especial actividad en época andalusí y posteriormente en los siglos XVI y XVII, cuando se empieza a utilizar el mercurio como amalgama para poder extraer el oro de la arena.

El recorrido continúa en la sala de los lavaderos con un taller de búsqueda de oro. Es aquí donde el visitante tiene la oportunidad de ponerse durante un rato en la piel de los buscadores de oro. Con la ayuda de un cedazo, se enseña a separar el oro de la arena y a extraer las partículas de oro puro que luego el visitante se lleva a casa.

Este verano han llevado la actividad fuera de las instalaciones del centro, a la ribera del propio Segre, después de la insistencia de los usuarios. Y el resultado ha sido un lleno absoluto. El oro sigue siendo un polo de atracción y, ahora, un recurso para incrementar la atracción turística de un territorio muy vinculado a este metal precioso.

Un geólogo especializado en las explotaciones de oro apadrinó la idea

El geólogo Manel Viladevall fue el principal impulsor del Centre d’Interpretació de l’Or del Segre, una idea que se le ocurrió después de ver que en Japón y California había equipamientos de estas características. “Por mi profesión, me he pasado 20 años vinculado al oro, trabajando en Argentina, el altiplano boliviano, la parte central de África y también en España”, explica.

Viladevall destaca que este preciado metal siempre ha estado presente en la historia de Balaguer. “Los árabes no se movían de esta ciudad porque había oro y agua”, precisa. Hasta el siglo XVI, muchas personas de la comarca se dedicaban a buscar oro como segunda ocupación. “Luego, la conquista de América redujo mucho la cotización del metal y la explotación se abandonó”, comenta.

Este experto también coincide con alcaldes y ecologistas en que la búsqueda industrial de oro no sería ahora posible en el valle de Ribes. “Una explotación de este tipo machacaría toda la zona”, advierte.