EN LLEIDA

Una escuela muy compleja

Activijocs da refuerzo escolar en Balàfia, un colegio con una alta tasa de alumnos pobres

Clase de segundo de primaria en el colegio público Balàfia, en Lleida.

Clase de segundo de primaria en el colegio público Balàfia, en Lleida. / RAMON GABRIEL / DEFOTO

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BEATRIZ PÉREZ / LLEIDA

El 92% de los niños de la escuela pública Balàfia, en el barrio homónimo de Lleida, son inmigrantes. Proceden sobre todo del Magreb y un alto porcentaje está en riesgo de exclusión social. Es un centro catalogado por la Generalitat de «máxima complejidad» socioeconómica.

Desde el 2005, Save the Children trabaja en este colegio ofreciendo refuerzo escolar, actividades de tiempo libre y meriendas a través del proyecto Activijocs. La oenegé asiste a 60 de los 200 alumnos de Balàfia. Son menores cuyas familias susbsisten gracias a la renta mínima de inserción y ayudas sociales.

Además de en esta escuela leridana, Activijocs, financiado por Save the Children y diversas empresas privadas, se desarolla también en 13 centros cívicos y colegios de Barcelona.

«Muchos de nuestros alumnos no pueden pagar el material escolar. Por eso ponemos un máximo de 26 euros en todo el curso. También les alquilamos los libros de texto», explica Salut Huerta, directora de Balàfia. «Sufren pobreza energética y problemas de alimentación». Además, según cuenta Huerta, una cuarta parte del alumnado del centro cambia a lo largo del curso escolar. «Unos se van a vivir a otras zonas. Y luego llegan otros, por ejemplo en abril, procedentes de otros países». A las dificultades ya mencionadas se suma otra, y no menor: el idioma. Por eso el equipo docente de la escuela Balàfia intenta que haya, al menos, dos profesores en cada clase.

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Los tres hijos de Fátima Zohra Ouakili, marroquí de 35 años, estudian en Balàfia y han participado en Activijocs hasta este curso, que comenzaron en un centro abierto municipal. «Los dos pequeños, de 7 y 8 años, quisieron cambiarse porque ahí estaba el mayor, que tiene 11, no porque no estuvieran contentos. Pero mejoraron mucho», matiza. «En casa solo trabaja mi marido, en el campo». El de Fátima es un hogar, como tantos otros, sin calefacción. «Pasamos hambre». Algunos profesores del centro les han comprado los libros de texto a sus niños.

La argelina Chahrazade Benzora, de 40 años, tiene dos hijos en Balàfia. Su situación tampoco es fácil, entre otras cosas por culpa de la hipoteca. «Tengo que pagar a plazos el material escolar», asegura.