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La alternativa a los deberes: cocina en familia, libros, cine y una salida a descubrir la ciudad

Cuatro propuestas educativas para que los adolescentes aprendan sin tener que hacer monótonas tareas escolares

MARÍA JESÚS IBÁÑEZ / BARCELONA

Marc Núñez cocina en su casa bajo la supervisión de sus padres este viernes, en Barcelona.

Marc Núñez cocina en su casa bajo la supervisión de sus padres este viernes, en Barcelona. / ÁLVARO MONGE

¿Qué puede hacer el fin de semana un adolescente que no tiene deberes y que, por lo tanto, corre el riesgo de pasar los dos días ocioso o agarrado a la tableta o la Play Station? La Confederación Española de Asociaciones de Padres de Alumnos (Ceapa), entidad convocante del boicot a los deberes, propone a las familias algunas opciones, que van desde charlar de un tema de actualidad y visitar un museo hasta ordenar la casa, visitar un lugar nuevo en la ciudad o navegar juntos por internet.

Algunos expertos explican aquí cómo se lleva todo esto a la práctica, sobre todo en el caso de los jóvenes de 11 a 15 años, las edades a las que los hijos todavía no son tan autónomos como ellos piensan, pero que ya quieren tomar sus propias iniciativas (y esperan que estas sean escuchadas). Aquí van cuatro propuestas educativas para que los jóvenes aprendan sin tener que hacer monótonos deberes. 

UNA PRÁCTICA DE HISTORIA Y GEOGRAFÍA

DE RUTA TURÍSTICA POR LA PROPIA CIUDAD

Basta con llevar un calzado cómodo, una pizca de curiosidad y un teléfono móvil. Las rutas, guiadas o no, por la propia ciudad (o por una localidad vecina) son una de las alternativas de ocio educativo de mayor aceptación entre los adolescentes. Aunque los acompañantes sean papá o mamá. Eso sí, mejor todavía si la ruta de descubrimiento se hace en grupo, con otros jóvenes a poder ser. "Al principio a los adolescentes quizás les cuesta animarse, pero a medida que avanza la actividad todos acaban implicándose", asegura Meritxell Carreres, de la empresa AdaptamBCN, que organiza visitas culturales adaptadas al gusto o las necesidades de los participantes.

"El móvil es necesario porque proponemos a los asistentes que realicen un yincana y es necesario que vayan haciendo fotos de determinados lugares para poder superar cada una de las pruebas", explica Carreres. Así, mientras la guía se está "tranquilamente sentada tomando un café, pendiente del teléfono y de los mensajes que van llegando", los exploradores de la ciudad van descubriendo rincones desconocidos (que no vamos a revelar aquí). 

"Es una idea que también pueden aplicar los padres por su propia cuenta", sugiere el psicopedagogo y experto en adolescencia Jaume Funes. "Se pueden realizar paseos por el barrio, por ejemplo, mientras se toman fotos denuncia de cosas que estén mal o fotos más artísticas, que luego se van colgando en el Instagram", sugiere Funes.

En Mataró, una de las alternativas es visitar los principales monumentos de la ciudad mientras un juega a Pokémon Go, explica Toni Aguilar. Todo un éxito.

LENGUAS Y LITERATURA

¿LIBROS? TODOS LOS QUE ELLOS QUIERAN

Si alguien tiene verdadero poder para que un adolescente no deje de leer, "son sus amigos, sus compañeros de colegio". "La adolescencia es la edad más crítica para la lectura. No todo vale, aunque esto no significa que no haya materiales muy válidos para esas edades", afirma Ismael Palacín, director de la fundación Jaume Bofill, que impulsa, entre otros programas el Lexcit de fomento de la lectura. 

De lo que se trata, insiste Palacín, es de que aquellos que en la infancia adquirieron cierta afición por la lectura no la pierdan y de que quienes no lograron aficionarse durante la primaria, se inicien en el mundo de los libros, aunque solo sea para poder comentarlos luego con los colegas.

Àlex Cosials, coordinador del Lexcit, explicaba hace un tiempo a este diario que el foco hay que concentrarlo en "el preadolescente", es decir, en el menor de entre 10 y 13 años, porque es en esta etapa cuando los libros tienen que competir por abrirse un hueco en un mundo "en el que los jóvenes tienen más oportunidades de ocio que nunca".

¿Qué pueden hacer los padres? Animar, proponer, recomendar... "En función de los gustos del hijo, pero que no traten de imponer su criterio, que les dejen leer, si el chico lo decide, esa novela de moda que ellos repudian o un cómic, porque de lo que se trata es de adquirir esa pasión", opina Palacín. En la actualidad, recuerda el experto, los libros para jóvenes cuentan con una cantidad ingente de recursos complementarios en la web, promocionados por las editoriales o impulsados por los propios jóvenes lectores.

ARTE Y CULTURA AUDIOVISUAL

SESIONES DE CINEFÓRUM EN EL SALÓN DE CASA

Por experiencia personal Quim Casas, crítico cinematográfico, sabe que es difícil que un adolescente acepte ir a una sala de cine con sus padres "si sospecha que existe la posibilidad, por remota que esta sea, de que allí se va a encontrar con alguno de sus amigos". "Y por supuesto, no quieren ni oír hablar de ir con ambos a la vez, con el padre y con la madre... En todo caso, toleran ir con solo uno de ellos", explica.

Es ese alto sentido ridículo que tienen los chavales el que se lo impide. Otra cosa es, señala el crítico de EL PERIÓDICO, ver cine en la intimidad de casa. "Eso lo aceptan de bastante mejor grado". Y la experiencia suele ser enriquecedora.

La posibilidad de recrear una sesión de cinefórum en el salón de casa abre además todo un abanico de enfoques educativos. Se pueden ver las últimas novedades, por supuesto, pero también hay propuestas para repasar por ejemplo Historia. "La versión de ‘Maria Antonieta’ de Sofia Coppola es una buena manera de conocer la Revolución Francesa, con un tratamiento moderno", sugiere.

Pese a que no le parece mal que los estudiantes complementen con cine aquello que están aprendiendo en clase, Casas desaconseja que las películas que se miren en familia sean versiones cinematográficas de los libros que los chavales tienen como lecturas obligatorias en el instituto. "Nunca o casi nunca son lo mismo", avisa. El adolescente que pretenda 'pasarse de listo' mirando un ‘Hamlet’ o un ‘Macbeth’ en lugar de leérselo, advierte el crítico de este diario, "conocerá la trama, sí, pero no los detalles y eso, lamentablemente, muy probablemente no le servirá para aprobar".  

CIENCIAS, MATEMÁTICAS Y HABILIDADES COMUNICATIVAS

IR A COMPRAR AL MERCADO Y COCINAR JUNTOS 

"El sábado al mediodía es un momento ideal para compartir una comida en familia, entre otras cosas, porque en muchas casas el resto de la semana es difícil hacerlo y el domingo suelen surgir otros compromisos, como ir a comer con los abuelos", observa Pau Arenós, periodista especializado en gastronomía en EL PERIÓDICO.

No se trata solo de sentarse a la mesa a comer (que también), sino de aprovechar la ocasión para salir a comprar y cocinar juntos, apuesta. "Ir a un mercado municipal es una oportunidad para que los adolescentes tomen nota del valor de las cosas, además de tener que mantener un trato directo con el vendedor, lo que puede ayudar a mejorar sus habilidades comunicativas", agrega Arenós.

Es bueno, sugiere, que antes de salir de casa haya una planificación y se haga un presupuesto y que, una vez en el mercado, se distribuyan las tareas y el adolescente asuma alguna responsabilidad. Una opción más, muy recomendable para quienes viven en la ciudad, «es el cultivo en casa de, por ejemplo, plantas aromáticas, que se usan como condimento». La experiencia, además, puede ser una clase práctica de Ciencias Naturales.

"¿Qué se puede cocinar con adolescentes? Pues platos colaborativos, como pizzas o algún guiso, en que cada uno tiene una misión a hacer, mientras unos pelan cebollas, otros pueden ir troceando los demás ingredientes", propone. "Y también pastelería, como los panellets, que son muy de estos días", aporta el periodista, que también es padre de dos jóvenes de 14 y 16 años. "Eso sí, si se ponen a hacer pasteles, que sean saludables", agrega.

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