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El violador reincidente, tras ser detenido: "Perdóname, mamá"

"Han soltado a un enfermo que en cuanto ha podido ha vuelto a hacer daño", dicen dos personas del círculo familiar de Tomás Pardo

El agresor sexual se casó y tuvo una hija con su novia mientras estaba en la cárcel, y estaba a punto de lograr el tercer grado

GUILLEM SÀNCHEZ / MARTORELL

Los familiares del violador piden que no vuelva a pasar. / CARLOS MONTAÑES

Tomás Pardo, de 40 años, se crió en el seno de una familia "problemática". Su padre "bebía mucho" y su madre "le enviaba a él y a sus hermanas a pedir comida fiada en los supermercados". Quienes hablan son dos personas de su círculo familiar. Ambas piden que sus nombres se mantengan en el anonimato. Una de ellas, además, fue su compañera de clase.

Creció en el barrio de La Vila de Martorell. Estudió en el desaparecido colegio de Montserrat de esa localidad. Cuando terminó la EGB abandonó los estudios y alternó diversos trabajos en algunas fábricas. La adicción a la droga, sobre todo a la cocaína, es el factor que definitivamente desvió una vida que ya había salido tocada de una infancia "turbulenta".

De crío era "majísimo", un chico que "buscaba el cariño" de todos los que tenía alrededor, remarcan. Durante el viaje de fin de curso a Mallorca se mareó en el barco y estuvo rodeado de compañeras que "le refrescaban y trataban de ayudarlo", recuerdan.

EL VIOLADOR DE MARTORELL

El 24 de octubre del 2002, cuando tenía 26 años, Pardo atacó a una chica en Martorell. Trató de robarle el bolso y la golpeó. Pero la mujer se puso a gritar y logró zafarse de él gracias a algún vecino que respondió. Poco después cazó a Lucía, una mujer que vivía cerca de sus padres y que había estado en la misma escuela que él. La ató a un árbol, la golpeó y la violó. Después le puso un cuchillo en el cuello y le hizo un corte de unos cinco centímetros. La desató y se marchó. La había llevado por la fuerza, secuestrada, al mismo bosque al que regresaría 14 años más tarde -el pasado sábado 29 de octubre- con su nueva víctima.

Fue arrestado y condenado por ambos hechos, el intento de robo de la primera chica y la violación de Lucía, a 26 años de cárcel. A partir de entonces, se convirtió en 'el violador de Martorell'. La carga obligó a su madre a cambiar en repetidas ocasiones de residencia, hasta que finalmente se estableció en Igualada.

Su familia le apoyó y su novia creyó en él. Cuando ya estaba en la cárcel, se casó con él. Hace ocho años, la pareja tuvo una hija. Poco a poco, sin embargo, su mujer "comenzó a percatarse de que tal vez no fuera falso el motivo por el que había sido condenado". Se separó y trató de quitarle la custodia. Pardo, no obstante, había logrado mantener el derecho a ver a su hija mientras estuviera de permiso. Había cumplido casi dos terceras partes de la condena, contaba con informes que avalaban su buena conducta y estaba a punto de entrar en el tercer grado, que significa que los reos tan solo deben ingresar en el centro penitenciario para dormir.

LA RECAÍDA

El pasado sábado Pardo gozaba del tercer permiso penitenciario de tres días que le habían concedido. Por la mañana, a primera hora, hizo con otra mujer lo mismo que había hecho con Lucía. Esta vez, incluso fue más allá, y apuñaló a su víctima siete veces porque quería matarla. No lo logró y la vecina de Igualada, de 52 años, se recupera del salvaje ataque que sufrió.

El violador reincidente estaba pasando estos días lejos de la cárcel de Ponent en casa de su madre en Igualada. Con la tarjeta de crédito que le dio a su sobrino, que también se encontraba en el mismo domicilio, iba sacando dinero para comprar cocaína. La tercera vez que mandó al chico al cajero se dio cuenta de que este tardaba demasiado. Intuyó que los Mossos d’Esquadra habrían intervenido y escapó. Al día siguiente fue arrestado por la policía catalana y tuvo derecho a una llamada. Contactó con su madre: "Perdóname mamá, lo único que me queda ahora es reunirme en el cielo con lo que más quiero". Se refería a su padre, que falleció hace años tras padecer una enfermedad terminal.

Estas dos personas cercanas a la familia, que han querido explicar quién es el agresor sexual del que ahora todos hablan, desean que se conozca el contexto en el que creció pero no para que se le disculpe. "Queremos que esto no se repita, que los psicólogos tomen nota de que han soltado a una persona enferma que en cuanto ha podido ha vuelto a hacer daño".