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Más abuelos que esquí

La 'semana blanca' que Catalunya ensayó en febrero del 2011 fue un desbarajuste organizativo

Escuelas y autoridades educativas en Cantabria esperan haber sabido anticiparse a tiempo

MARÍA JESÚS IBÁÑEZ / SANTANDER

Javier Flor y su hija Sol leen juntos un libro infantil en el vestíbulo del colegio público Cisneros de Santander.

Javier Flor y su hija Sol leen juntos un libro infantil en el vestíbulo del colegio público Cisneros de Santander. / ELISENDA PONS

La experiencia catalana del 2011 de interrumpir el calendario escolar en pleno trimestre y dar una semana de descanso a los estudiantes en febrero, a cuenta de recortar las vacaciones de verano, no llegó precisamente a buen puerto. El intento, bautizado como 'semana blanca', lo impulsó el entonces 'conseller' socialista de Educació Ernest Maragall, y suscitó las críticas más enconadas de la oposición, de las asociaciones de padres de alumnos y de los sindicatos docentes.

Fue, según recogen las crónicas de la época, “un desbarajuste organizativo”. Una gran mayoría del medio millón de escolares afectados por la medida acabaron pasando aquellos días de fiesta con sus abuelos, en lugar de ir a esquiar con sus familias o con los compañeros de colegio, como había sugerido Maragall que podían hacer. La oferta de actividades extraescolares, que la Generalitat había encomendado a las ampas, fue mínima y el sector turístico, que había imaginado que iba a hacer su agosto en pleno invierno, hizo un balance más bien triste.

En febrero del 2011, el Govern de CiU, ya con la convergente Irene Rigau en la 'conselleria', tuvo que aplicar la medida ideada por Maragall. Pero al curso siguiente, la 'semana blanca' desapareció. Además de la falta de consenso social, su eliminación obedeció a razones presupuestarias. Fue el primero de los recortes aplicados por el Govern de Artur Mas en materia educativa.

TALLERES DE CINE, GASTRONOMÍA Y SURF

Aunque el consejero de Educación de Cantabria, Ramón Ruiz, prefiere no valorar lo ocurrido en Catalunya y evita comparar la reforma del calendario escolar cántabro con aquel intento frustrado, está claro que ha tomado nota. “Hemos habilitado 120.000 euros para financiar la organización de actividades y ayudar a las familias más vulnerables”, indica Ruiz. Además, agrega, “los equipamientos culturales de la comunidad han programado sus propias actividades y estarán abiertos a familias y escuelas de forma gratuita”.

Así que, en lugar de quedarse en casa los tres días de esta semana en que los adultos no tengan puente, los escolares de Cantabria van a poder participar, subraya el consejero, "en un taller de cine o en un campamento gastronómico, o aprender a hacer surf". A las actividades impulsadas por la Administración autonómica, se han unido los 17 mayores ayuntamientos de la región, con su propia oferta de ocio educativo.

LAS QUEJAS DE PADRES Y DOCENTES

“Lo que no explica el consejero es que las actividades se han quedado cortas, que a las familias se les ha informado sin casi margen de tiempo para apuntar a los niños y que hay escuelas, sobre todo concertadas, que cobran un dinero extra por esas actividades”, denuncia Javier Flor, miembro del ampa del colegio público Cisneros de Santander y padre de dos niñas de 5 y 6 años. En su caso, la familia aprovechará la semana para viajar. “Pero porque yo soy autónomo y me puedo organizar el horario y mi mujer es maestra y, por tanto, va a tener fiesta”, explica.

También los directores de colegios consideran que "ha habido una comunicación tardía de cómo se tenía que organizar esta semana", señala Santiago Ferreiro, director de la escuela pública María Sanz de Sautuola de Santander.

Pero lo que más ha desconcertado a los docentes, reconoce Ferreiro, es el nuevo sistema de evaluación que se ha introducido aprovechando la reforma de los tiempos escolares. "No es sencillo evaluar en este momento tan inicial del curso a un alumno, porque todavía hay pocos elementos de juicio", advierte José Antonio Sánchez Raba, director del colegio Cisneros. "En algunos centros -denuncia Raba-, se ha evaluado poniendo exámenes, que no es precisamente la mejor solución, ni para el alumno ni para el maestro", lamenta.

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