18 sep 2020

Ir a contenido

Catalunya pasará de 13 a 21 radares de tramo antes de que acabe el año

Trànsit apuesta por los dispositivos como una medida prioritaria para el control de velocidad

Los nuevos estarán en la A-7 en Tarragona, en la C-16 en Sant Cugat, en la N-2 entre Campmany y Agullana y en distintos puntos de la C-66

SÍLVIA BERBÍS / TORTOSA

Vehículos circulando en el sector afectado por el radar de tramo de la Ronda de Dalt de Barcelona, entre la plaza de Karl Marx y el nudo de la Trinitat.

Vehículos circulando en el sector afectado por el radar de tramo de la Ronda de Dalt de Barcelona, entre la plaza de Karl Marx y el nudo de la Trinitat. / FERRAN NADEU

En diciembre del 2009 entró en fase de pruebas el primer radar de tramo de Catalunya. Era también pionero en España y se colocó en el túnel de Vielha, en la carretera N-230, con el objetivo de proteger la circulación en un tramo viario con la particularidad específica de encontrarse en el interior de un túnel. Catalunya tardó casi cinco años en extender ese sistema de control de la velocidad media a otros tramos de su red viaria. Pero en los últimos dos años, el sistema ha alcanzado los primeros puestos en el orden de medidas prioritarias de control de velocidad para las autoridades de tráfico catalanas. Los 13 cinemómetros existentes actualmente serán 21 antes de que acabe el año. “Priorizaremos este sistema porque es más equitativo y justo, e intentaremos que la estrategia de implantar radares de punto sólo se tome cuando no sea posible la alternativa de tramo”, ha apuntado a este diario Òscar Llatje, coordinador de Mobilitat i Seguretat Viària del Servei Català de Trànsit (SCT).

Así, en las próximas semanas empezarán a controlar la velocidad en cuatro nuevos tramos de las carreteras catalanas, con un radar por cada sentido en cada uno de ellos. Dos se ubicarán en la autovía A-7 en Tarragona, a lo largo de 4,1 kilómetros de longitud por dirección. Otros dos quedarán situados en la C-16 en Sant Cugat del Vallès. En sentido Terrassa, uno controlará la velocidad en 2,6 kms de longitud, y en dirección Barcelona, 3,5 kms. Los otros cuatro estarán en la provincia de Girona: dos en la N-2, entre Capmany y Agullana en ambos sentidos, a lo largo de 2,9 kms, y los dos restantes, los de mayor alcance en longitud, puesto que abarcarán de 8,7 kms por dirección, en la C-66, entre Corçà, Rupià, La Pera, Flaçà y Sant Joan de Mollet.

En total, serán 37,6 kilómetros más de carreteras controladas a través de cinemómetros, cuya localización actualmente ya no va en función de que la carretera exija especial atención por introducirse en un túnel, como originariamente, sino que “se tiene primordialmente en cuenta que en el tramo estudiado exista una gran concentración de accidentes con víctimas mortales o de heridos graves”, apunta Llatje. Se trata de una alternativa “más equitativa y justa” que los radares de punto, señala. El emplazamiento debe reunir determinados condicionantes, como que el tramo a cubrir mantenga uniformidad en la conducción, que no esté sobrecargado con un gran volumen de tráfico y sin excesivas intersecciones.

MENOS ACCIDENTES, MÁS PRUDENCIA AL VOLANTE

El objetivo de los nuevos radares de tramo es “pacificar las velocidades con la intención de reducir la siniestralidad y sensibilizar a los conductores”, según el SCT. Los dispositivos ya instalados el año pasado permiten sostener avances en la consecución de esas pretensiones, más ambiciosas que en el caso de los radares de punto. “Mientras que en los de punto podemos esperar una reducción de los accidentes con víctimas y heridos graves de entre un 60 y un 70%, con los de tramo conseguimos rebajar esa siniestralidad grave en porcentajes de entre un 65% y un 75%”, señala Llatje. Además, en tramos más largos, “el efecto de reducción de velocidad en los radares de punto no llega a un kilómetro antes y un kilómetro después de donde está ubicado, y aquí se amplía considerablemente, en función de la extensión del tramo”, añade.

Para Lluís Puerto, director técnico de la Fundació RACC, los radares de tramo son “más justos, o menos injustos” que los de punto. “Permiten identificar comportamientos incívicos más constantes y contenidos por exceso de velocidad, de manera que se detectan transgresiones de la norma más flagrantes y de riesgo”, afirma. Puerto apunta también que “seguramente hay margen para reconsiderar alguno de los radares de punto ya existentes y sustituirlo por cinemómetros de tramo”. De la misma forma, sostiene que la instalación de nuevos radares debe ir acompañada de un período de aviso a los conductores durante el que no se sancione, y también reclama que “se instale la conveniente señalización adicional, tanto alertando de la presencia de los radares como de la velocidad a la que está permitido circular en ese momento, porque en ocasiones la señalización con los límites no existe o no está a la distancia pertinente, lo que crea dudas en el conductor”. 

El síndrome del frenazo por radar

MALA SEÑALIZACIÓN
Los conductores sancionados por los radares alegan, de forma habitual, que no existe señalización que informe de su presencia o bien esta es insuficiente, lo que conlleva sorpresas y, como acto reflejo, importantes frenazos justo antes de entrar en su área de acción. En otras ocasiones, muestran su disconformidad respecto a la distancia de las señales que exponen el límite de velocidad permitido. 


RECOMENDACIÓN DEL SÍNDIC
Ante estas quejas, el Síndic de Greuges recomendó a la Conselleria d’Interior que cuando el radar esté señalizado, sea claramente visible para el conductor y en el caso de los límites de velocidad, las señales estén a distancia suficiente para dar tiempo a reaccionar.