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El poder en la sombra de la industria del azúcar

Pese a las reiteradas recomendaciones de la OMS, la UE sigue sin fijar límites máximos a la cantidad que se puede incorporar a alimentos y bebidas

El sector, según un informe de Corporate Europe Observatory, dedica cada año más de 21 millones a hacer lobi e influir en las instituciones europeas

SILVIA MARTÍNEZ / BRUSELAS

Bebidas azucaradas en un supermercado.

Bebidas azucaradas en un supermercado. / FERRAN SENDRA

Más de la mitad de la población europea tiene sobrepeso o es obesa. Una epidemia que aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares y problemas como obesidad, diabetes del tipo 2 o caries dental. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha vuelto a lanzar la voz de alarma y a reclamar un aumento del 20% en los impuestos sobre las bedidas azucaradas, pero sus llamamientos llevan años chocando contra una potente industria del azúcar que dedica decenas de millones a impedir normativas que vayan contra sus intereses.

La posición de la agencia de Naciones Unidas es tajante. El azúcar añadido no es necesario en nuestra dieta y si se consume debe hacerse con mucha moderación: 50 gramos máximo por día (un 10% de la ingesta calórica) y a ser posible 25 gramos (6 cucharaditas por día), lo que equivale a menos de una lata de 33 centílitros. Hoy por hoy, sin embargo, la batalla en Europa parece perdida. La UE no fija ningún límite a la cantidad con el que pueden fabricarse alimentos y bebidas y no parece que la situación vaya a cambiar a corto plazo.

“La industria alimentaria puede incorporar tanto azúcar como quiera. Tienen pleno control”, lamenta Pauline Constant, de la organización de consumidores europeos (BEUC). “La UE debería fijar objetivos claros para limitar el azúcar en las distintas categorías de alimentos como las bebidas azucaradas o los cereales de desayuno. Mucha gente cree, gracias al embalaje, que son sanos, pero si se mira la composición en ocasiones puede representar hasta el 45%”, alerta sobre un producto que puede ser rico en hierro pero también una bomba calórica.

TÁCTICAS COMO EL TABACO

Expertos y asociaciones de consumidores, además de la OMS, llevan años reclamando medidas obligatorias. Si no lo han conseguido, avisa un reciente informe de Corporate Europe Observatory, es por la presión que han ejercido los grandes grupos alimentarios, las asociaciones comerciales y los lobis, a quienes acusan de utilizar tácticas “muy similares” a las de la gran industria del tabaco, financiando informes científicos que defienden las bondades de las bebidas azucaradas, medidas voluntarias en vez de obligatorias y descafeinando la legislación.  “Desgraciadamente, la Comisión Europea e instituciones como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) han estado demasiado dispuestos a escuchar los mensajes de la industria”, lamentan.

Y lo mismo parece ocurrir en Estados Unidos. Según un informe publicado en el American Journal of Preventive Medicine, entre 2011 y 2015 los grupos Coca-cola y PepsiCo dieron millones de dólares a 96 asociaciones y organizaciones relacionados con la salud en Estados Unidos para mejorar su imagen, al tiempo que luchaban contra 29 legislaciones de salud pública destinadas a reducir el consumo de las bebidas y mejorar la nutrición. Y otro informe publicado por la red Jama a mediados de septiembre de este año revelaba que el lobi del azúcar financió en los 60 estudios para restar importancia al vínculo con enfermedades cardiovasculares y culpar a las grasas.

Aunque la OMS anunció en el 2015 que existen “sólidas evidencias de que mantener la ingesta de azúcar libre por debajo del 10% de la ingesta calórica total reduce el riesgo de sobrepeso y obesidad”, en la UE sigue vigente una opinión de la EFSA del 2010 que concluye que “no hay correlación entre el azúcar de los alimentos sólidos y el aumento de peso” y que las evidencias no hacen posible fijar un límite máximo basado en los efectos sobre el peso. “Hay muchos actores y muchos intereses y no siempre se va a favor de la salud”, admite Paula Franklin, experta en sanidad del 'think tank' European Policy Center.

MILLONES PARA INFLUIR

Mientras, “cuatro de los cinco estudios utilizados –como base para la opinión de la EFSA- estuvieron financiados por la industria”, denuncia CEO, que estima en 21,3 millones el presupuesto que dedica anualmente el sector –hay 62 entidades vinculadas inscritas en el registro de transparencia europeo- a influir. “Quizás haya llegado la hora de mirar a los niveles de consumo de azúcar de la misma forma en la se miraba a quienes antes llevaban un cigarrillo en la mano”, sugieren. “Aunque esto será más difícil si los Estados miembros y la UE no se enfrentan al lobi y se toman en serio la regulación del azúcar”, añaden.

La Comisión Europea mantiene un absoluto silencio, pero sí admite la posibilidad de imponer tasas aunque se trata de una competencia nacional. “Siempre hemos dicho que estamos a favor de cualquier medida que contribuya a un estilo de vida más sano. Fijar impuestos sobre alimentos o bebidas con alto contenido de azúcar o grasas es una de las herramientas que tienen los Estados miembros pero es una medida más”, sostienen fuentes del departamento de salud del Ejecutivo comunitario.

La preocupación ha aumentado en los últimos años, pero los países que han decidido tasar las calorías o el azúcar se cuentan con los dedos de las manos. México puso en marcha en el 2014 una tasa del 8% a los alimentos no esenciales de más de 275 calorias por 100 gramos y Sudáfrica se plantea aumentar los impuestos en línea con la recomendación de la OMS. En el viejo continente son también pocos los que han actuado. Francia decidió introducir un impuesto a las bebidas azucaradas en el 2012, Hungría aplica una tasa a alimentos y bebidas con alto contenido calórico y Reino Unido tiene intención de hacerlo en un plazo de dos años. En cambio otros como Dinamarca han seguido el camino contrario y en el 2014 eliminaron la tasa que llevaba vigente 80 años, mientras que Finlandia eliminará a partir de enero del 2017 el impuesto que aplicaba a los dulces desde 2011 y no lo sustituirá por una tasa a las bebidas azucaradas como inicialmente se planteada. Un cambio de rumbo detrás del cual muchos ven la mano del lobi azucarero.

“Los impuestos sobre determinados alimentos y bebidas son por lo general ineficaces” y “no contribuyen a promover dietas saludables”, argumentan desde Unesda, que representa los intereses de la industria de bebidas azucaradas. Esta organización parte de la base de que este tipo de bebidas no son responsables de la obesidad porque “según un reciente estudio publicado en la revista 'Nutrients', solo aportan el 2,1% de las calorías diarias que ingieren los españoles”. 

Etiquetado y grasas trans, las próximas batallas

Una de las pequeñas victorias contra el lobi del azúcar se produjo en marzo de este año cuando la Eurocámara rechazó una legislación que planteaba seguir permitiendo a la industria que el 30% de la energía de los cereales de los bebés procediera del azúcar. La próxima batalla puede que sea la del etiquetado. La Comisión Europea debe emprender a finales del 2016 la revisión de los modelos existentes, entre ellos los esquemas de colores vigentes en algunos países y que tanto disgustan a la industria. “No pedimos un modelo específico” pero “la información debe ser fácil de entender con un simple vistazo”, reivindica Pauline Constant. Otro debate sobre la mesa es el de limitar las grasas trans que aumentan también los riesgos de enfermedades cardiovasculares. Algunos Estados miembros ya han introducido medidas para limitar su consumo (Bélgica, Alemania, Holanda, Polonia, Reino Unido o Grecia) e incluso han legislado como es el caso de Dinamarca. A nivel europeo no hay legislación –solo está limitado para las fórmulas de leche infantiles-, pero el reglamento sobre información alimentaria sí obliga a los productores a detallar todos los ingredientes incluidos en un producto aunque no el tipo de grasa. En los últimos años, la industria ha reformulado y rebajado los niveles de grasas trans aunque todavía pueden ser importados de otros países sin restricciones.

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