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El despilfarro de comida en los colegios llega al Congreso

200.000 personas reclaman cambiar la ley que impide reaprovechar alimentos ya cocinados

Maria Jesús Ibáñez

Cristina Romero, la madre que ha impulsado la campaña contra el despilfarro alimentario, con un plato de croquetas caseras.

Cristina Romero, la madre que ha impulsado la campaña contra el despilfarro alimentario, con un plato de croquetas caseras. / JORDI RIBOT PUNTÍ / ICONNA

Una veintena de platos de sopa y otras tantas raciones de pollo con guarnición saldrán dentro de un par de días, debidamente empaquetados, congelados y etiquetados, de las cocinas de un comedor escolar para ser repartidas en un comedor social. Son las porciones que han sobrado del menú servido este martes a los alumnos del colegio Maristes Montserrat de Lleida y que serán consumidos luego por los usuarios de la asociación Arrels, que atiende a personas en riesgo de exclusión social en la capital leridana.

“Aquí no se desperdicia nada, aunque hay alimentos, como los que contienen huevo y pescado, de los que tenemos que prescindir por razones sanitarias", explica Neus Mor, jefa de servicios del colegio, donde diariamente se sirven entre 700 y 750 comidas. "Todo se aprovecha, salvo si es comida que se ha servido en el plato a los alumnos, entonces no se recicla”, aclara.

Entre las aportaciones de los Maristas y las de otros cinco centros educativos de la ciudad, el año pasado se recogieron en torno a 8.000 raciones de comida ya preparada en Lleida. No es esta la única experiencia que se lleva a cabo en Catalunya para reducir el despilfarro alimentario en los comedores escolares, las hay también en el área de Barcelona y en el Vallès Occidental, pero sí es quizás una de las más veteranas. "No sé exactamente cuánto tiempo hace que empezamos, pero llevamos ya unos años, sí", dice Mor.

“Y si el modelo es válido para todos esos lugares, si se han creado protocolos, con la autorización de los inspectores sanitarios, para garantizar el reaprovechamiento de la comida sobrante en un buen número de colegios, ¿por qué no se puede hacer igual en todas partes?”, se pregunta Cristina Romero, una madre de Empuriabrava (Alt Empordà), que este miércoles estará en el Congreso de los Diputados entregando las casi 225.000 firmas que ha recogido, a través de la plataforma Change.org, para reclamar la revisión de la ley 17/2011 de seguridad alimentaria y nutrición, para que los excedentes de las cocinas escolares puedan ser “reaprovechados o redistribuidos”, señala Romero.

MACARRONES EN UNA FIAMBRERA

Algo que aparentemente no tendría por qué tener más complicaciones, meter unos macarrones que han sobrado en una fiambrera en lugar de tirarlos a la basura, está prohibido actualmente por la ley que regula las normas de higiene para la elaboración, distribución y comercio de comidas preparadas y la manipulación de alimentos. “Por motivos higiénicos y sanitarios, la comida que ha sido cocinada en un lugar no puede ser luego manipulada y trasladada a otro, si no se toman una serie de medidas a veces demasiado exigentes”, detalla la madre gerundense, quepuso en marcha la campaña después de asistir hace un año a una reunión sobre el servicio de ‘cátering’ en el colegio de su hijo.

“Es un contrasentido que todos los alimentos sobrantes se desperdicien, especialmente en un momento como este en que hacen tanta falta a mucha gente”, reflexionó Romero después de que la escuela le confesara la cantidad de comida que acababa en los contenedores de residuos. "¿Es eso lo que les queremos enseñar a nuestros hijos?", se pregunta la progenitora. 

REDUCIR LOS RIESGOS

Por no hablar del impacto ambiental que tiene ese despilfarro, "tanto por los costes de producción como por los de eliminación", subraya Joan Marc de Miquel, el técnico especialista en seguridad alimentaria que impulsa varios proyectos contra el despilfarro de comida. El riesgo cero no existe, admite de Miquel. "Pero tomando una serie de prevenciones, como por ejemplo eliminando los alimentos de riesgo, esa comida puede llegar a otras personas", indica. Los alimentos de riesgo son los que contienen huevo, los derivados del marisco, lso productos de pastelería y los productos crudos, que con la congelación pierden calidad.

Las condiciones para que el alimento se mantenga en buen estado pasan porque "llegue a su destino a la temperatura adecuada, esto es a más de 65 grados o a menos de 8 grados, si se han de consumir antes de 24 horas". Si se va a comer después de esas 24 horas, la comida necesita una refrigeración por debajo de los 4 grados. "Por eso, otro de los elementos a tener en cuenta es la proximidad, porque si la redistribuyes cerca de donde se ha cocinado disminuyes los riesgos de transporte", agrega el técnico, que forma parte de la delegación que este miércoles viaja al Congreso.