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Sarah, transexual: "Los Testigos han prohibido a mi madre que viva conmigo"

La víctima ha presentado en Salamanca la segunda denuncia por acoso contra la organización religiosa

La extestigo cree que han presionado a su familia para que se quede con el dinero que ahorró prostituyéndose

GUILLEM SÀNCHEZ / BARCELONA

Sarah, extestigo de Jehová residente en Salamanca. 

Sarah, extestigo de Jehová residente en Salamanca. 

Sarah, una transexual que, siendo todavía un hombre, fue expulsada en el año 2000 por una congregación brasileña de los Testigos de Jehová tras admitir que sentía atracción por los hombres, ha presentado en Salamanca la segunda denuncia por acoso contra esta organización religiosa, tras la que presentó Miguel García, según ha podido saber este diario. En una declaración en la comisaría de la Guardia Civil, pide la intervención de la justicia española para recuperar el dinero que mandó a su familia de Brasil después de 8 años trabajando de prostituta en Italia y España.

Entró en una red de prostitución internacional que la llevó hasta Italia para pagarse el cambio de sexo. Hace cuatro años, aterrizó en España. Durante este periodo, en situación irregular, envió todo el dinero que ahorró a su madre. El plan era comprar una casa en la que vivirían juntas. Su madre había sido expulsada de la misma congregación que ella. La primera por adulterio en 1997 y la segunda por inmoralidad, en el 2000. Sarah contactó con su madre desde Europa, reanudaron su relación y puso la casa a nombre de la progenitora.

READMISIÓN DE LA MADRE

Los problemas han llegado después de que su madre fuera readmitida dentro de la congregación. Sarah, que ya fue repudiada por su padre cuando la echaron del credo, se asustó al saber de su reingreso porque se temía que los Testigos cortarían el vínculo regenerado.

“Noté cómo cada vez tardaba más en contestar mis mensajes”, explica. Sus peores temores se confirmaron. Pronto le dijo que “no debían convivir juntas”. Dejó de llamarla Sarah y volvió a utilizar su “nombre de varón” para referirse a ella. La hija le mandó publicaciones que normalizaban la transexualidad, pero la madre nunca aceptó leerlas. Sarah, desesperada, contactó con la congregación para pedir que levantaran a su madre la prohibición de relacionarse con ella. También la han ignorado. “He perdido a mi familia, pero al menos me gustaría recuperar el dinero que me he ganado con la prostitución”, implora. 

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