18 sep 2020

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El diablo y la madre Teresa de Calcuta

El mayor experto en la cara B de la religiosa murió en el 2011, pero dejó un legado de feroces críticas sobre la obra de la nueva santa

Christopher Hitchens, gran ariete del ateísmo, fue invitado por la Iglesia a ejercer de 'advocatus diaboli' en la beatificación de la misionera

CARLES COLS / BARCELONA

Preparativos de la beatificación de Teresa de Calcuta, en el Vaticano, en octubre del 2003.

Preparativos de la beatificación de Teresa de Calcuta, en el Vaticano, en octubre del 2003. / AIJAZ RAHI

“Creo que es muy bonito para los pobres que estos acepten su suerte, para compartirla con la pasión de Cristo. Creo que se está ayudando mucho al mundo mediante el sufrimiento de los pobres”. Lo dijo la madre Teresa de Calcuta en una entrevista y con esa frase bastaría ya para que cada cual se formara su opinión sobre la nueva santa, después de que este domingo el papa Francisco haya completado, en un tiempo récord sin precedentes en el Vaticano, el proceso de canonización de Agnes Bojaxhiu de Skopia, nombre con el que nació en el antiguo imperio otomano la fundadora de la congregación de las Misioneras de la Caridad. Es una frase terrible que da sentido a algunas de las peores críticas que se vertieron contra Teresa de Calcuta en vida y que, sin embargo, no hicieron mella alguna en esa carrocería de beatitud que pocos se atrevían a criticar. Entre esa minoría destacó siempre Christopher Hitchens, no solo autor de una lacerante biografía sobre la nueva santa, ‘The misionary position: mother Teresa in theory and practice’ (jamás traducido al español), sino que ejerció literalmente de ‘advocatus diaboli’ en el proceso de beatificación de la nueva santa.

Su experiencia como abogado del diablo la pormenorizó el propio Hitchens en un interesantísimo reportaje que publicó en el 2001 en la revista 'Vanity fair'. Que ejerciera ese papel ante las autoridades eclesiástica era coherente porque era un experto en la cara B de la madre Teresa, pero en cierto modo fue una anomalía, porque Juan Pablo II aparcó el uso de esa figura en 1983. Era una tradición centenaria, que se remontaba a 1587. Con ese paso, Juan Pablo II logró ser a la canonización lo que Henry Ford fue a la producción en cadena automovilística. Sus siete antecesores canonizaron a lo largo del siglo XX a 90 santos. Karol Wojtyla llevó a cabo unas 500 canonizaciones y más de 1.300 beatificaciones. Eso es una cantidad cósmica de milagros.

Juan Pablo II fue el Henry Ford de las beatificaciones, pero con Teresa de Calcuta batió todas las marcas anteriores

Pero el caso de Teresa de Calcuta no era uno más. Con ella saltaron todos los precintos de la prudencia. Fue la beatificación más rápida de la historia, a pesar de Hitchens, que como abogado del diablo formuló duras acusaciones.

ELOGIO DE LA POBREZA

Según el intelectual y polemista británico, fallecido en el 2011, Teresa de Calcuta no era la amiga de los pobres, sino una entusiasta de la pobreza, un matiz importante. Los hogares de acogida que creó en la India eran lugares en los que moría gente que con un tratamiento médico adecuado, que ella se negaba a administrar, podía sanar. Invitaba a aceptar con alegría el sufrimiento. Tal vez el clímax de ese sinsentido lo protagonizó tras el accidente químico de Bhopal (25.000 muertos y medio millón de enfermos de por vida), cuando a su manera se puso al lado de la corporación Union Carbide y recomendó a las víctimas: "Perdonad, perdonad…"

Era amiga de la pobreza y, simultáneamente, de los poderosos, censuró Hitchens. Se codeaba con gente como la siniestra familia de dictadores haitianos Duvalier, pero lo que más irritó a su abogado del diablo fue, tal vez, su postura ultraconservadora sobre el aborto y la contracepción. Cuando le fue concedido el premio Nobel de la Paz afirmó, en su discurso de aceptación del galardón, que esos eran “los mayores destructores de la paz en el mundo”. Idéntica inamovible postura tenía en contra del divorcio, pero cuando la princesa Diana, otra poderosa con la que mantenía amistad, decidió romper su relación con el príncipe Carlos, Teresa le aplaudió la decisión.

Mark Twain tenía una frase para casos como este: "Dale a un hombre fama de madrugador y podrá dormir siempre hasta mediodía"

EN PRIMERA CLASE

Los grandes personajes siempre son así, contradictorios. La madre Teresa no era distinta. "Su famosa clínica de Calcuta no era más que un hospicio primitivo, un lugar para que la gente muriese y un lugar en el que el tratamiento médico era rudimentario o inexistente -denunció Hitchens-, pero cuando cayó enferme voló en primera clase a una clínica privada de California".

Desde este domingo, Teresa es santa, pero a su manera lo era ya en vida para sus devotos, Todo comenzó con un curioso incidente. El periodista Michael Muggeridge, pendenciero y promiscuo fornicador durante su juventud y arrepentido beato ya más adulto, realizó un documental para la BBC sobre Teresa de Calcuta en 1969. Un miembro de su equipo, vista la escasa iluminación de una de las salas en las que se acumulaban los desahuciados, probó un nuevo negativo de Kodak. Fue un acierto técnico, pero Muggeridge predicó de inmediato que era la santidad de la monja lo que había iluminado la sala. Ese fue la semilla de la que brotó su posterior fama. Y, como resumía muy ácidamente Hitchens en referencia a la madre Teresa, ya lo dijo en una ocasión Mark Twain: “Dale a un hombre una reputación de madrugador y ese hombre podrá dormir hasta mediodía”.

La venganza de 'La vida de Brian'

Si es cierto que Michael Muggeridge puso con su credulidad la simiente de la santidad de Teresa en vida cuando en 1969 rodó un documental para la BBC sobre las Misioneras de la Caridad, el tiempo se cobró con él una merecida venganza en la misma BBC. La cadena británica tuvo la feliz idea de organizar un cara a cara a la vista del revuelo mundial que se había organizado tras el estreno de ‘La vida de Brian’. En algunos países se vetó su exhibición. En Suecia, por ejemplo, se publicitaba así: "Tan divertida que la han prohibido en Noruega".

El caso es que a un lado del debate estaban los actores John Cleese y Michael Palin, de la ‘troupe’ de Monty Python. Enfrente, el obispo Mervyn Stockwood y el propio Muggeridge. Estos dos últimos estaban encendidos. Algo no cuadraba en su exposición. Un desliz permitió descubrir que cuando fueron a ver la película, llegaron tarde, se perdieron los primeros minutos, así que no sabían que el Brian del filme no es Jesucrísto, sino alguien a quien confunden con él. El ridículo fue en directo. Cabría suponer que su aproximación a la madre Teresa fue igual de profesional.