19 sep 2020

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ceremonia masiva en el vaticano

El Papa carga contra el crimen de la pobreza en la canonización de Teresa de Calcuta

"Ya es santa, pero seguiremos llamándola madre", dice Francisco

ROSSEND DOMÈNECH / ROMA

El Papa avanza entre la multitud tras la canonización de Teresa de Calcuta.

El Papa avanza entre la multitud tras la canonización de Teresa de Calcuta. / ANDREAS SOLARO

Teresa de Calcuta "hizo sentir su voz a los poderosos de la Tierra, para que reconocieran sus culpas frente a los crímenes -¡frente a los crímenes!- de la pobreza creada por ellos mismos".

En el sermón que ha acompañado la ceremonia durante la que la madre Teresa de Calcuta, fundadora de las Misioneras de la Caridad, ha sido declarada santa para todos los católicosel papa Francisco no ha desperdiciado la ocasión de colocar la actividad de la pequeña monja albanesa, premio Nobel de la Paz en 1978, en el contexto de uno de los principales caballos de batalla del Pontífice, la denuncia de un sistema económico que aboca a millones de personas a la miseria, si bien para ella fue solo una dedicación caritativa a "los últimos de los últimos" del planeta.

La madre Teresa era determinada e incluso testaruda, pero nunca cuestionó la labor de los poderosos con tal de que le resolvieran los problemas de atención a los desahuciados de la Tierra. Bien lo supo Ronald Reagan, presidente de Estados Unidos, el día en que ella hizo llamar a la centralita de la Casa Blanca para pedir que envisen un avión de comida a una ciudad de Sudán, sitiada por los guerrilleros de John Garang, que estaban financiados por Estados Unidos en oposición al régimen de Jartún. Teresa de Calcuta tuvo que llamar tres veces a la centralita, porque le respondían siempre: "Por favor, no moleste más". Aunque, al final, Reagan encargó a un tal George Bush que resolviera la situación. En China tuvo que intentar inútilmente tres y cuatro veces la apertura de las 'casas' de su orden, porque tanto las autoridades de Pekín -que no reconoce al Vaticano- como varios cardenales de Roma observaban con sospecha el intenso movimiento internacional de la diminuta monja.

MISERICORDIA

"Teresa de Calcula es santa, pero seguiremos llamándola madre", ha dicho el Papa al final de la homilía, subrayando que "la misericordia fue para ella la sal que daba sabor a sus obras y la luz que iluminaba las tinieblas de cuantos no tenían siquiera lágrimas para llorar su pobreza y sufrimiento".

Entre 200.000 y 300.000 personas han seguido este domingo la ceremonia en la plaza de San Pedro, donde por primera vez se ha estrenado un sistema de telecámaras de alta resolución que permite hacer zoom hasta cada una de las caras de quienes están en la plaza. Una especie de recuerdo personalizado y, a la vez, un instrumento de mayor control para la vigilancia policial, que este domingo ha alcanzado la gigantesca cifra de 3.000 agentes, 1.000 más de los que vigilan el Vaticano y aledaños durante este Año Jubilar que terminará en noviembre. Para el evento, retransmitido por 120 emisoras,  se habían acreditado 600 periodistas de todo el mundo y la misa de la canonización ha sido concelebrada, junto con el Papa, por 70 cardenales, 400 obispos y 1.700 sacerdotes.

Canonizar o declarar santa a una persona significa para la Iglesia proponerla como ejemplo para todos los católicos, mientras que el peldaño anterior, conocido como beatificación, se limita a ofrecerla como ejemplo solamente para los suyos, en este caso las Misioneras de la Caridad.

FÓRMULA LATINA

La fórmula oficial para declararala santa fue pronunciada por Jorge Bergoglio con una larga frase un tanto retórica para muchos pero que se usa desde el siglo XVI. Es decir, desde que los papas reservaron para sí la declaración de santidad, porque hasta entonces podía suceder que los cristianos de un lugar proclamasen santa a una persona y que en Roma no se enterasen, lo que explica las enormes lagunas y muchos dobles de santos que hasta recientemente ha habido en el llamado martirologio, una especie de censo de los beatos y santos. Después de la revisión más reciente (2004) el libro incluye ahora 5.600 nombres.

En el momento clave, aplaudido por toda la plaza, el pontífice Francisco ha dicho la larga fórmula en latín que de alguna manera resume el itinerario seguido por la Iglesia en lo que alguno ha llamado "la fábrica de los santos" y que muchos consideran como uno de los "procesos más democráticos del mundo, porque cualquiera puede presentar a un candidato". "En honor de la Santísima Trinidad, para la exaltación de la fe católica y el fomento de la vida cristiana, con la autoridad de nuestro señor Jesucristo, de los santos apóstoles Pedro y Pablo y de la Nuestra, después de haber reflexionado largamente, invocado la ayuda divina y escuchado la opinión de muchos hermanos nuestros en el episcopado, declaramos y definimos como santa a la beata Teresa de Calcuta y la inscribimos en el registro de los santos, estableciendo que en toda la Iglesia sea esta devotamente ensalzada entre los santos". El Papa ha dedicado la canoniazación especialmente de los voluntarios católicos, invitándoles a tomarla "como ejemplo de santidad".

Terminados los actos oficiales, Francisco ha invitado a 1.000 sin techo de Roma a comer una pizza en la sala de las audiencias, que han preparado decenas de cocineros con materias primas llegadas desde Nápoles. El agape ha sido pagado con el dinero del que dispone el Papa para sus obras de caridad, que son los beneficios anuales del Banco Vaticano. 

El proceso para alcanzar la santidad

Los procesos de beatificación y canonización son responsabilidad, en el Vaticano, de la Congregación para la Causa de los Santos. Las condiciones que se le requieren a un aspirante han cambiado a lo largo de la historia. La norma más reciente establece que para iniciar un proceso de beatificación deben transcurrir cinco años desde la muerte del candidato. Cumplido ese plazo se abre un proceso en el que se debe acreditar al presunto beato un milagro. Juan Pablo II hizo una excepción con la madre Teresa y permitió que el proceso comenzara en 1999, solo dos años después de la muerte de la misionera.

Una vez declarada la condición de beato, el proceso para alcanzar la canonización, es decir, la santidad, es similar. Se exige otro milagro, que en el tiempo tiene que coincidir con el periodo en el que el aspirante a santo ya ha sido declarado beato.

El Vaticano evita expresamente dar a conocer la cifra exacta de beatos y santos que ha declarado a lo largo de la historia, si bien en el último martirologio, un censo impreciso, incluye 5.600 nombres. La cifra creció con lentitud durante siglos hasta que Karol Wojtyla inició su pontificado. Redujo plazo y condiciones exigidas. Así, Teresa de Calcuta fue declara beata en el 2003, cuando otros nombres de sus compañeros primero de beatitud y después de santidad tardaron siglos en conseguir esa condición.