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Pedigrí 'casteller'

10.000 aficionados de todas los orígenes y edades llenaron la plaza de la Vila de Vialfranca

ESTHER CELMA / VILAFRANCA DEL PENEDÈS

“¡Ohhh... great!”, exclama Carol Madeson, canadiense de 21 años al ver alzarse un imponente '3 de 10' en la plaza de la Vila de Vilafranca. A Fatima As Rachid, cubierta con velo, no le sorprende tanto. Ella no es turista, sino vecina, y hoy es un dia muy especial. “Lo espero con mucha ilusión -afirma-, me encantan los 'castells'”. Está en el lugar indicado. La plaza de la Vila rezuma pedigrí 'casteller' por los cuatro costados y, con vistas al concurso que se celebrará en Tarragona en octubre, se ha mostrado músculo y se ha marcado territorio.

Pero para ir a una plaza como esta, en la que se han visto cuatro construcciones de 10 niveles como quien no quiere la cosa, se tiene que ir preparado. Dimas García, de 37 años, ocupa el mismo sitio desde que era un chaval de 10. Vive a escasos metros del ayuntamiento, donde hoy se construyen torres humanas formidables y se define como “'casteller' sin camisa”. Le apasionan los 'castells' y ayuda en las piñas si se tercia. En ese sitio, al que ya le llevaba su padre, tiene una nevera a sus pies. “¿Quieres ver qué hay dentro?” Venga. Vermut, hielo y embutidos. Se aúpa sobre la nevera y enarbola, a modo de bandera, una barra de pan en una bolsa de plástico verde para marcar su posición a una chica que no le encuentra. Lo del verde es casual, no porque sea el color de la camisa anfitriona.

“Ya verás más adelante lo que trae la gente. Tú ve por los porches”, aconseja. Dicho y hecho: croquetas, boquerones, patatas fritas, bocadillos y alcohol de mil gustos. Que no se diga de la hospitalidad 'castellera': todos ofrecen a hacer una cata y da pena decir que no, pero hay que atravesar la plaza.

ATENCIÓN SANITARIA

Hay dos hospitales de campaña, un punto de atención sanitaria y seis ambulancias de la Cruz Roja. Manel Prieto lleva 44 de sus 61 años en esta organización humanitaria y ha cubierto en ese tiempo prácticamente todas las diadas de Sant Fèlix. ¿Lo más normal? Las lipotimias y los mareos por la aglomeración y el calor. Pero hay sorpresas. “Nos ha venido un joven diciendo que tiene angustia. Le hemos dirigido a su médico. ¿Qué remedio le das desde aquí?” En total, hay desplegados 26 efectivos de la Cruz Roja.

Como si fueran los ángeles de la guarda en las esquinas de una cama, también hay cuatro vigías de Protección Civil. En total son 14, y uno de ellos, Esteve Sandalines, agradece que no haga mucho calor ni sea fin de semana. Por la radio decían que había 10.000 personas abarrotando la plaza, pero él lo duda. Son muchos años aquí y sabe calcular a ojo.

Gente hay. Mucha. Muchísima. Pero no hay niños perdidos. El Ayuntamiento y Protección Civil han repartido más de 3.500 pulseras para identificar a los pequeños con un nombre y un número de teléfono. Es un gran invento. Gerard de 4 años, lleva una. Su madre, Jaira Redondo, de 34 y embarazada  de seis meses y medio, acepta una silla de los voluntarios. Nunca se ha perdido los 'castells' y tampoco se los perderá esta vez, explica.

Los niños seguro que no se los pierden. No se sabe bien cómo lo han logrado, pero los urinarios móviles están coronados por críos sentados, extrañamente quietos, como si fueran gárgolas posmodernas.

La gente saca fotos del balcón presidencial, donde justo debajo de su forjado luce un cartel reivindicativo de Vegueria del Penedès. “Puigdemont se parece al de Polonia”, dice una señora mientras da un codazo para abrirse paso. Es de las pocas que se fija en las autoridades. Nadie hace caso al 'conseller' de Salut, Toni Comin, ni al de Cultura, Santi Vila, ni al alcalde de Valls -el eterno rival-, Albert Batet. Bastante hay con mirar al cielo y contener la respiración.