11 jul 2020

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Niños que viven en silencio

Los menores con trastornos de lenguaje desarrollan con el tiempo sus propias estrategias de comunicación

MARÍA JESÚS IBÁÑEZ / BARCELONA

Gonzalo y su madre Susana Lozano en la habitación del niño en su casa de Sant Cugat del Vallès, esta semana.

Gonzalo y su madre Susana Lozano en la habitación del niño en su casa de Sant Cugat del Vallès, esta semana. / JULIO CARBÓ

A Gonzalo le encanta celebrar su cumpleaños. Durante un tiempo, cuando era más pequeño, cada vez que le invitaban a una fiesta de aniversario, había siempre unas velas preparadas para que, además del anfitrión, también Gonzalo soplara las suyas. "Todos sus compañeros del colegio saben de las dificultades que tiene para hablar y le arropan e incluso le protegen ante los chavales más mayores que puedan meterse con él", explica Susana Lozano, su madre del chico, que ahora tiene ya siete años. 

Susana recuerda "lo sola" que se sintió -ella y toda su familia- cuando les comunicaron que Gonzalo padecía un trastorno específico del lenguaje (TEL). "Cuando a los dos años y medio el pediatra me preguntó si el niño era capaz de decir en torno a las 50 palabras, a mí se me hizo un nudo por dentro... ¡Mi hijo entonces apenas gagueaba!", rememora. Y no es que ella no intuyera que algo no iba bien. Gonzalo tiene un hermano nueve años mayor y la madre ya había observado que la evolución del pequeño no estaba siendo la misma que la del primogénito.

Con el tiempo, el niño ha ido creando su propio vocabulario, ha urdido estrategias de comunicación. "Ahora nos hace callar, 'hablo yo' nos dice cuando le interrumpimos, para que les dejemos terminar", explica Susana. El último dictamen que le han dado reconoce a Gonzalo una discapacidad del 35% por una disfasia severa, con un trastorno asociado al espectro del autismo. "Es habitual que el TEL vaya vinculado a otros trastornos, a la dislexia, al TDAH o a la epilepsia", detalla.

"Estamos contentos con la atención en la escuela, pero es todo tan farragoso, tan lento", se lamenta Susana Lozano, madre de un niño con TEL

Cuando el próximo septiembre Gonzalo empiece segundo de primaria en el colegio público de Sant Cugat al que acude desde hace unos años, el niño tendrá el apoyo educativo del CREDA, un servicio que financia la Conselleria d'Ensenyament para atender en los mismos centros educativos a los alumnos con graves dificultades de audición, lenguaje y comunicación. "Estamos contentos con la atención que recibe el niño en la escuela, pero es todo tan farragoso, tan lento...", se resigna la mujer.

64 FAMILIAS ASOCIADAS

Por eso, explica, ella y su marido decidieron poner en marcha hace ya cuatro años la asociación Atelca, "para prestar apoyo a las familias, no solo de carácter administrativo o burocrático, también sobre posibles tratamientos y, sobre todo, apoyo psicológico para los niños y para los padres", indica Susana, que destaca que la entidad cuenta ya con 64 familias asociadas.

"Gonzalo, que es un niño que juega solo, que se entretiene sin nadie más, acepta sin problemas relacionarse con otros niños con TEL. Es como si cuando están en un grupo, se identificaran los unos a los otros", cuenta la madre. Una de las metas de la asociación, que en octubre tiene previsto celebrar en Barcelona unas jornadas sobre 'TEL y escuela', es justamente esa: que los niños que viven en silencio se relacionen entre sí.