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Sin cobrar el alquiler y con la casa realquilada

El dueño de una vivienda no consigue que un portal retire el anuncio insertado por un inquilino moroso que hace negocio con su propiedad

Ferran Cosculluela

Vivienda de Esplugues de Llobregat propedad de Frederic Gili que está siendo realquilada sin su consentimiento a través de Airbnb.

Vivienda de Esplugues de Llobregat propedad de Frederic Gili que está siendo realquilada sin su consentimiento a través de Airbnb. / JOSEP GARCIA

Una de las críticas recurrentes a Airbnb es que no verifica la identidad de los propietarios que insertan sus anuncios. "Somos una plataforma que da a los usuarios un servicio de ‘hosting’ [alojamiento en la web] con una serie de servicios asociados, como una pasarela de pago electrónico e intermediación, pero nosotros no damos el servicio de alojamiento, eso corresponde a la persona que tiene la propiedad", justifican fuentes de la compañía, que, al igual que los portavoces de Homeaway, dicen que los casos en los que pueda haber fraude dentro de la página son "escasos".

Pero esa falta de verificación también puede ocasionar problemas a algunos propietarios. Eso es lo que le ocurre a Frederic Gili, que a finales del año pasado alquiló una casa de tres plantas con piscina en Esplugues de Llobregat a una persona que no solamente no le paga el alquiler, sino que desde principios del 2016 se dedica a ofertar habitaciones de la casa a través de Airbnb a 89 euros por noche (tarifa de agosto).

RECLAMACIONES INFRUCTUOSAS

Pero lo que más ha indignado al propietario es que, a pesar de los reiterados avisos que ha enviado a la plataforma (con copias del contrato de alquiler incluidas), no ha conseguido que el anuncio desaparezca de la página (solo de forma esporádica, ya que cuando el anfitrión cambia de usuario se vuelve a publicar; de hecho, este miércoles seguía en vigor). "Lo único que me dicen es que ellos solo se dedican  a poner anuncios y que la responsabilidad es del anfitrión", se lamenta Gili.

Una queja que fuentes de la plataforma recogen. "Con estas prácticas hay tolerancia cero", aseguran, aunque antes de sacar un anuncio "hay que seguir un procedimiento interno y hacer las comprobaciones pertinentes. Además, cuando hay mala fe y cambios de usuarios es un tema muy complejo", justifican.