Músicos callejeros de Barcelona denuncian acoso del ayuntamiento a su actividad

El documental 'Sin permiso' critica los numerosos decomisos de instrumentos por parte de la Guardia Urbana

De izquierda a derecha, Carlos Delclós (sociólogo), Lil Bonzai (músico), Jesse Masterson (músico), Ingrid de la Torre (directora de ’Sin permiso’), Fabián Barrero (editor del documental), Papa Orbe Ortiz (músico), Kachafaz (músico) y Joaquín Ortega (actor).

De izquierda a derecha, Carlos Delclós (sociólogo), Lil Bonzai (músico), Jesse Masterson (músico), Ingrid de la Torre (directora de ’Sin permiso’), Fabián Barrero (editor del documental), Papa Orbe Ortiz (músico), Kachafaz (músico) y Joaquín Ortega (actor). / NEUS MASCAROS

4
Se lee en minutos
NANDO CRUZ / BARCELONA

La tensión entre músicos callejeros de Barcelona y la Guardia Urbana es un conflicto que nunca estuvo cerca de resolverse, pero las quejas de los artistas de calle cada vez se hacen oír más cuando la policía requisa un instrumento. La asamblea de Músicos de Calle en Lucha denuncia una "situación de exponencial acoso policial". El asunto va camino de enquistarse como el de los manteros. Ambos colectivos están acusados de incumplir la misma ordenanza de civismo, en vigor desde el 2006.

No son actuaciones puntuales sino una batalla para hacerlos desaparecer de la ciudad, considera Ingrid de la Torre, que lleva tres años documentando el acoso que sufren los músicos callejeros. Decidió empezar a filmarlos tras presenciar cómo una patrulla de la Guardia Urbana requisaba los instrumentos a un músico en la plaza del Pí. "Ver aquello me puso la piel de gallina. Recuerdo la reacción indignada de la gente, el intento desesperado del músico argumentando su derecho a tocar... Aún no me entra en la cabeza. Era una situación inaudita", explica. Y ha decidido contarlo en el documental 'Sin permiso'.

Entre el 2011 y el 2015 se decomisaron más de 2.000 instrumentos en Barcelona. En el 2014 fueron 616 y en el 2015, más de 1.000. O hay más músicos en la calle o hay un interés mayor en eliminarlos. A falta de conocer las cifras del 2016, De La Torre denuncia un interés desproporcionado por los cuerpos policiales hacia este asunto. 

OTROS TIEMPOS

El portugués Daniel Lança llegó a Barcelona en 1997. Eran otros tiempos. "¡Una vez un policía me compró un CD en la calle!", exclama. Y suelta una carcajada nostálgica. "Antes venían músicos a tocar cada fin de semana en la plaza del Pí. Pero todo eso se empezó a regular. Están enterrando una tradición", lamenta el inglés Jesse Masterson, que llegó a la ciudad hace dos décadas. 

El cementerio de los instrumentos

Masterson es un experto en la triste rutina de la sanción policial. Acumula 6.500 euros de multas. Nueve veces ha ido al depósito de instrumentos a recuperar su violoncelo. Últimamente ha optado por tocar la guitarra. "Mi solución es Wallapop", dice, refiriéndose a la web en la que puedes comprar de todo a precios de risa. Y si se la requisan, ahí se queda. Al día siguiente de conversar con este diario le requisaron otra guitarra.

Decenas de músicos y artistas de calle aportan sus testimonios a 'Sin permiso'. Un violinista israelí calcula que le han decomisado entre 30 y 40 violines. Hay imágenes de aparatosos dispositivos de agentes motorizados rodeando a un músico con su guitarra. También, de decenas de ciudadanos y turistas indignados abucheando a la policía. Fuera del documental quedan otras historias: "La policía ha intimidado a músicos para que no hablen con nosotros", denuncia De La Torre.

USO INTENSIVO DE LA VÍA PÚBLICA

El delito que esgrime la policía para sancionar al músico callejero es el "uso intensivo de la vía pública". Es un concepto tan ambiguo que el propio policía debe decidir quién hace un uso intensivo y quién no. Es terreno abonado tanto para la vista gorda como para el abuso de poder. En el documental se oye a un agente exclamar: "¡Lo que tiene que cambiar es la ley!". Masterson cuenta la cruel anécdota de un músico al que el policía explicó que no le requisaría la guitarra porque sabía que al cabo de unos días tendría otra. Para atajar, sacó unas tijeras y le cortó las seis cuerdas de la guitarra.

Presenciar cómo los agentes decomisan una guitarra a un músico que se busca la vida tocando por la calle es difícil de olvidar. Quien no gira la vista, intenta intervenir para evitarlo. "Un agente está preparado para contener otro tipo de situaciones. Por lo tanto, va armado con esposas, una porra y un arma de fuego. De repente, hay policías rodeando a una persona con una guitarra. Eso se transforma en un espectáculo bochornoso a ojos de los vecinos", explica De La Torre. "En 20 años no he visto a nadie celebrar que la policía se llevase mi instrumento", afirma Masterson.

LOS CARNETS

Noticias relacionadas

La concesión de carnets por parte del ayuntamiento para regular la presencia de músicos callejeros es un apaño que no satisface a todos. "Si te pasas un mes tocando y no sacas dinerito, no vuelves. Es una selección natural. No hace falta que nadie te diga si tocas bien o mal", asegura Lança. Esos carnets solo dan permiso para tocar cinco días al mes. "Y yo tengo que tocar cinco o seis días por semana, como en cualquier trabajo", compara Lança. Por otro lado, solicitar un permiso para tocar implica renunciar a un derecho, a juicio de los afectados. "Aquí no hay permisos: hay prohibiciones. Tú me estás vendiendo el permiso que ya tengo", opina el músico cubano Papa Orbe. "Otorgar permiso es privatizar", añade el mimo Joaquín Ortega.

De La Torre va más allá. "Con esta normativa no solo se viola el derecho de libertad de expresión y el derecho a usar el espacio público, sino también el derecho de las personas de disfrutar del arte. No todos los niños ven cada día un contrabajo. No todos pueden ir al Liceu. Y el acercamiento a la cultura forma parte del libre desarrollo de las personas".