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"Una madre me gritó desde la grada que me fuera a fregar porque es lo único que haría bien"

Alba Rodríguez, árbitro de fútbol de 21 años, explica su lucha por hacer respetar su autoridad en un mundo de hombres

MARIA IGLESIAS / BARCELONA

 Alba Rodriguez, de 21 años, árbitro de fútbol.

 Alba Rodriguez, de 21 años, árbitro de fútbol. / ÁLVARO MONGE

Alba Rodríguez tiene 21 años y, a primera vista, parece una joven coqueta y muy femenina, algo que choca cuando explica que una de sus grandes pasiones es el fútbol y que trabaja, desde hace más de tres años, como árbitro. “Siempre que lo digo, la gente se sorprende muchísimo”, cuenta entre risas.  

Según Rodríguez, la gente relaciona este deporte con un carácter y una apariencia muy masculina porque, el fútbol en sí, es un mundo de hombres y a la gente “le cuesta concebirlo de otra manera”. Pero para ella no solamente ha sido difícil romper con los tópicos y convencionalismos. Sus padres no entendieron al principio su decisión y, además, ha tenido que enfrentarse a situaciones muy duras por el hecho de ser mujer.

“Me han insultado y me han dicho cosas terriblesdesde una madre que me gritó que me fuera a fregar porque era lo único que haría bien o que deje de comer tantos pitos”, cuenta y añade que es típico que la critiquen por ser chica: "Lo más frustrante es que piensen que por ser mujer no sé de fútbol", asegura.

PADRES IRRESPETUOSOS

Sin embargo Rodríguez dice está más que acostumbrada y que, por suerte, una vez se mete en el juego no escucha ni la mitad de los gritos que llegan desde las gradas. Otras compañeras suyas sí se han visto muy afectadas y lo han dejado por no ser capaces de aguantarlo.

“Los padres no son conscientes de que no solamente le faltan el respeto a una chica, sino a la autoridad que representa el árbitro y también al juego y a sus jugadores, que son sus hijos”, y añade que lo peor de todo es que a los niños “se les acaba metiendo en la cabeza lo que oyen partido tras partido”.

VALORES APRENDIDOS

Rodríguez empezó a arbitrar partidos de fútbol 7, donde los niños no tienen más de 12 años. “Notas su inocencia, les da igual que seas chico o chica, sólo quieren jugar”. A medida que la Federación de Fútbol la subía de categoría, las situaciones que tenía que soportar iban a peor: “ya no eran sólo los padres. Los jugadores también te insultan y no respetan tu autoridad… sé que si fuera un hombre no sería así”, se lamenta.

“Soy quien marca las reglas en el campo, tengo que demostrar seguridad desde el primer momento”, explica. “Solo un instante de debilidad y, para mí, acaba el partido”. Esta parte es algo que la entristece: “no puedes empatizar, tienes que ponerte una coraza para que nada te afecte y te tomen en serio”, dice pero añade que esta experiencia también le ha aportado mucho a nivel personal: “Este trabajo te enseña a mostrar firmeza, a no dudar y ser capaz de reaccionar y tomar decisiones rápidas”.

Rodríguez se ha planteado dejar su trabajo en más de una ocasión porque ve que su carrera está estancada por su género. Pero se niega a tirar la toalla. “Si lo dejo les estaría dando la razón, que por ser mujer no valgo para esto, que soy el sexo débil y no es así”.

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