"Que la chica entre gratis en la disco mientras el chico paga entrada ya lo dice todo"

Èrica Gálvez, una joven de 23 años, denuncia el acoso que sufren las chicas cuando salen de fiesta

Seducciones que son acoso. Piropos que son asaltos. Insultos sexistas. Comentarios machistas. En la calle. En el trabajo. En la cancha deportiva. En la discoteca. En la fiesta mayor. En una excursión. Las mujeres viven a diario una larga lista de agresiones machistas. Cuatro mujeres que explicaron su historia a Entre Todos cuentan algunas de sus experiencias.

Èrica Gálvez, de 23 años, en Barcelona. 

Èrica Gálvez, de 23 años, en Barcelona.  / DANNY CAMINAL

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MIRIAM GARCÉS / BARCELONA

Una discoteca llena de jóvenes pasándolo bien es una imagen habitual de fin de semana. Pero, por desgracia, no todo es diversión para las chicas, que cuando solo pretenden pasar una buena noche también sufren el machismo siempre presente en el mundo del ocio. Un caso entre muchos es el de Èrica Gálvez, una joven de 23 años que sufre de forma habitual el acoso de los chicos en las noches de fiestatocamientos, miradas lascivas y palabras subidas de tono. Hay una situación que recuerda como la más "esperpéntica": una amenaza por negarse a que le tocaran.

Èrica había salido a divertirse con una amiga un fin de semana como cualquier otro, a un local al que acuden habitualmente, y se disponía a pedir en la barra la primera bebida de la noche. “Mientras esperaba, noté que un chico me tocaba el culo, y acto seguido se me tiraba encima, por lo que le di un golpe en la mano para que apartara”, recuerda la joven. Lejos de amedrentarse, el acosador la amenazó: “Ante mi gesto de rechazo, el chico me acorraló con su amigo y me dijeron que fuera con cuidado, que si querían me podían ‘partir la cara’”, añade.

COSIFICACIÓN DE LA MUJER

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Èrica opina que el problema empieza en el propio modelo de discoteca, que incita a la cosificación de la mujer. “Que la chica entre gratis mientras el chico paga entrada ya lo dice todo; es una discriminación positiva que lo único que hace es usarnos como reclamo para los hombres, nos lanzan a los leones”, denuncia. A ello le suma las excusas que de forma repetida se usan como justificación de los abusos sexuales: “Cómo vestimos o si hemos bebido nunca debe justificar una agresión sexual, y mucho menos usarse para culpabilizar de ello a la mujer en lugar del hombre”.

Para evitar el machismo que las mujeres sufren a diario, Èrica cree que la clave se encuentra en educar a los niños y jóvenes: “Nuestras abuelas, e incluso en algunos casos madres, han crecido con el machismo de la imagen de mujer sumisa. Pero aún estamos a tiempo de hacer que las nuevas generaciones crezcan libres de esos tópicos”. Aunque acepta resignada que aún estamos lejos, con casos de abusos y violaciones como los de los Sanfermines o en algunas fiestas de los barrios de Barcelonafiestas de los barrios de Barcelona. “Debe mantenerse un mayor nivel de concienciación, no solo en campañas para fiestas concretas como estas, sino de forma continuada y mediante políticas reales de igualdad”, concluye.