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Gente corriente

Oliver Rodríguez: «La gasolina para llegar a todo es la motivación»

Carme Escales

A finales de los 90, en el sótano de una barriada de Mataró donde unos cuantos ciudadanos chinos habían montado su taller de confección, Oliver Rodríguez (Mataró, 1976) dio sus primeros pasos en lengua china. Fue toda una inmersión, antes de viajar al país del que habían ido llegando sus vecinos, sus primeros maestros de chino, y donde más tarde viajaría a estudiar a fondo el idioma. Invirtió en ello la liquidación de su parte de una empresa de mensajería. Y hoy, él y su esposa Loida tienen una escuela de chino (Hanyu Chinese School) con método propio. Crean aplicaciones, canciones, libros y juegos para hacer de lo difícil algo más sencillo.

El gran reto de enseñar el idioma chino solo tiene una ambición superior: facilitar su aprendizaje. Y eso le entusiasma.

-¿Qué le llevó hasta aquel taller textil? Conocí casualmente a unos chinos que querían conocer la cultura cristiana, soy testigo de Jehová y en China hay mucho interés en la Biblia por su largo pasado de ateísmo.

-¿Cómo se hace fácil algo tan difícil como memorizar caracteres y tono chinos? Yo aprendí del neurocientífico canadiense Harry Cotton, para mí uno de los mejores profesores de inglés del mundo. Él se basa mucho en la improvisación, en hacer hablar al alumno. Las clases son como conciertos, el profesor dirige la orquesta y va dando las entradas. Repetir los vocablos más útiles y no forzar la mente más de 20 minutos son pautas clave. Todo eso, yo lo adapté al chino.

-¿Qué les cuesta más a sus alumnos? La comprensión lectora, pues requiere constancia y un buen método para trabajar la memoria visual. Para ello inventamos la aplicación Hskards. Las ilustraciones de nuestro libro EasyHSK ayudan también a hacerse con el significado de los ideogramas.

-¿Enseñan a leer, escribir y a hablar? Sí. Hoy, con estos métodos, en dos o tres años puedes hablar chino correctamente. El oral es sencillo y la gramática no es muy difícil, pues no se conjuga, y rápidamente puedes comunicarte, solo precisa trabajar un poco la memoria. Si sabes leer, sabes escribir por ordenador, pues con el teclado eliges el carácter correcto, pero recordar todos los trazos de la escritura manual es otra cosa, si no la usas, la pierdes rápido, la olvidan hasta los chinos. Hoy en muchas universidades chinas te puedes examinar ya sin saber escribir manualmente.

-Cuatro consejos básicos para quien quiera probarlo, o ya estudie chino. El primero, buscar una motivación, porque esa es la gasolina para llegar a todo. Otros serían estudiar 20 minutos diarios, pero en voz alta, pues se retiene más; buscar amistades, música, vídeos o lecturas, pero siempre en el nivel en el que se está, buscar un guía o tutor, un maestro con un método en el que hay que sentirse cómodos, sin cargarse de contenido y vocabulario, sino hablar y escuchar mucho. Estos son consejos para cualquier idioma.

-Usted, además, es mediador. ¿Dónde? Trabajo en hospitales, colegios y centros de atención a personas con discapacidad. Lo hago tres mañanas a la semana, y me llena mucho. Por eso hablaba de la motivación, cuando te planteas estudiar un idioma. Yo la tuve desde el principio: enseñar la Biblia y mi labor acompañando a personas que, a veces, no tienen a nadie a su lado. Disfruto ayudando. Cuando tienes necesidad de comunicarte, logras dominar el idioma, y no dejas que te domine él a ti.

-Mediar en un hospital debe mover emociones, y requiere vocabulario médico... Sí, en mi tableta guardo mucho vocabulario del hospital. Cuando es un paciente al que hay que operar, normalmente estoy con él hasta justo antes de entrar en el quirófano. Y, cuando se despierta, al primero que llaman es a mí, para ayudarle a ubicarse y decirle cómo ha ido todo.

-¿Qué ha aprendido de los chinos? Su disciplina, su valentía, su carácter emprendedor. Deberíamos copiarlos más.