Ir a contenido

Gente corriente

Mireia Seró: «Nada motiva más que felicitarse por lo positivo»

Carme Escales

Una planta de transformación de purines, residuos industriales y desechos sólidos urbanos en biogás. Ese fue el proyecto de carrera de esta ingeniera agrónoma. Mireia Seró (Lleida, 1973) es hoy tutora de secundaria y profesora de matemáticas, pero su base universitaria sigue llevando su ingenio de un problema a una solución. Ante la desmotivación de niños y adolescentes, ha creado una agenda (www.coachingagenda.com). Ahora que el curso ha terminado, ella la presenta a ampas y centros, pues para los alumnos que ya la han utilizado, atrás podrán quedar muchos conceptos de examen, pero también un perenne viaje a sus emociones.

Aprovechaba las tutorías para dar herramientas al alumnado para conectar con ellos mismos. Y todo en las clases fluía mejor

-¿A dónde les conduce ese viaje? A tomar conciencia de ellos mismos como personas, que es el primer paso, y fundamental para aprender a autogestionarse y disfrutar de una buena autoestima.

-¿De qué está hecha una emoción? Detrás de una emoción, hay una manera de pensar. Si ayudamos a los niños y niñas a familiarizarse con el vocabulario de las emociones, entenderán de dónde vienen sus reacciones y sabrán que pueden cambiarlas. Pero lo primero es identificar la emoción.

-¿Cómo les enseñó a hacerlo en clase? Ayudándome de mensajes, pautas y actividades que recojo en la agenda. Hay escalas de valoración del estado de ánimo: ¿cómo me siento hoy?, ¿mis creencias son potenciadoras o limitadoras?, algo bueno que me ha pasado hoy... Y, sobre todo en las últimas horas de la mañana, cuando ya les costaba más concentrarse, antes de empezar la clase, bajaba la luz del aula y durante cinco minutos les pedía que trataran de conectar con su respiración. Al principio veía ojos abiertos y oía risas, pero al mes, los 30 los cerraban en silencio. Yo también.

-¿Qué beneficio notaba luego en clase? Desconectar cinco minutos es un reset natural, una excelente manera de preparar la mente para aprender. Y los alumnos ven que no solo eres transmisor de conocimientos, sino que también los cuidamos. El profesor debe situar los límites, pero ha de tener en cuenta el contexto y el interior de cada alumno, y sus emociones. Contemplarlos de una manera más holística ayuda a que el aprendizaje llegue mejor.

-Cada vez hay más centros que innovan fórmulas hacia un alumno más autónomo. Sí, todas las tendencias novedosas hacen al alumno más protagonista de su aprendizaje. Pero hay que darle herramientas de autoconocimiento. La dimensión personal hay que trabajarla para afrontar más y mejor los retos. La clase magistral no sirve, ahora hay que ayudar al alumno a que descubra, que se descubra. Todos tenemos algún talento innato, pero ¿cuáles de nuestras emociones ayudan o impiden que aflore? La parte emocional nos afecta a todos.

-¿Enfocamos poco el pequeño logro? Muy poco, y nada motiva más que felicitarse por lo positivo, ser consciente de aquello en lo que se es bueno. Motiva alegrarse del pequeño éxito diario, hace más amable la visión de la vida. Y si no hay logro, hay que averiguar qué lo impidió.

-El pasado septiembre su agenda fue número uno en ventas en Amazon. Eso indica que los padres también apuestan por ella. Es que el autoconocimiento en el aula aporta beneficios a la profesión, al alumnado y a las familias. A los niños y niñas hay que entenderlos como personas con mucho potencial que buscan su camino, como todos. Por eso diseñé agendas para primaria, secundaria y adultos.

-¿Alguna sugerencia para este verano? Podemos crear el bote de las emociones. Se tratará de escribir, cada día, una emoción que hayamos sentido, padres e hijos, y meterla en el bote. Y sentados, alrededor de la mesa, juntos, comentarlas una por una. Así crece la inteligencia emocional.