La selectividad declara la guerra a los copiones electrónicos

Un equipo de inspectores recorre estos días las aulas con un sensor para detectar pinganillos y otros dispositivos

Los presidentes de los tribunales de las PAU tienen instrucciones de expulsar al infractor de inmediato

Alumnas de la selectividad del 2016 muestran sus orejas a instancias del presidente del tribunal de las PAU.

Alumnas de la selectividad del 2016 muestran sus orejas a instancias del presidente del tribunal de las PAU. / FERRAN NADEU

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MARÍA JESÚS IBÁÑEZ / BARCELONA

Acaba de empezar el examen de Literatura Castellana y un hombre vestido de negro entra discretamente en un aula de la Universitat Pompeu Fabra (UPF), donde medio centenar de estudiantes leen concentrados los enunciados de las preguntas que les acaban de repartir. En la mano, el visitante, trabajador de la oficina que organiza las pruebas de acceso a la universidad (PAU), sostiene un pequeño artilugio electrónico rectangular, con un sensor acoplado en una de sus superficies. Es un detector de ondas. Solo los presidentes de los tribunales de las PAU están avisados de la visita sorpresa. Se trata de pillar in fraganti a posibles estudiantes equipados con dispositivos electrónicos para copiar o hacer trampas en los exámenes.

La selectividad ha declarado este año la guerra contra quienes copian en los exámenes. Si una virtud tiene esta prueba, admiten profesores y alumnos, es que garantiza la igualdad de oportunidades entre los aspirantes a entrar en la universidad. Por eso, dicen los organizadoresde las pruebas, no es de justicia que haya gente haciendo trampas. Y aunque no parece que sea una práctica masiva, el más mínimo fraude puede dar una ventaja inmerecida a un estudiante y dejar a otro fuera de la carrera deseada. Ni que sea por una milésima en la nota final.

Las universidades han alertado  de la proliferación de mecanismos para hacer trampas, minúsculos, económicos e imposibles de detectar

La decisión de enviar funcionarios de la oficina de las PAU a las aulas donde se realizan los exámenes para desenmascarar copiones se adopta después de que en los últimos tiempos las universidades -y otras instituciones organizadoras de grandes convocatorias de exámenes- hayan constatado una proliferación de dispositivos, cada vez más minúsculos, más económicos y más difíciles de detectar, con los que los alumnos pueden copiar y hacer trampas. 

No basta con que los profesores que vigilan durante las pruebas pidan a los estudiantes que dejen visibles sus orejas, "porque algunos de los nuevos pinganillos son tan pequeños, del tamaño de un grano de arroz, que ya no es posible verlos a simple vista", explican.

BARRIDO ALEATORIO

Antes de pasar este martes por la tarde por las aulas de la UPF, el equipo de 'cazacopiones' ha recorrido también varias clases de la Universitat de Barcelona (UB). "Es un barrido aleatorio", se limitan a explicar los dos técnicos, que tienen órdenes de no facilitar más detalles sobre su cometido. El factor sorpresa es muy importante.

El sensor con el que recorren el aula entre los pupitres -la operación dura solo unos minutos, procurando causar las mínimas distracciones- permite localizar micrófonos y pinganillos que estén activados. Si el alumno infractor se da cuenta de la inspección y apaga el dispositivo, no podrá ser localizado. Por eso, los hombres de negro observan también la reacción de los jóvenes que se examinan, por si realizan algún gesto sospechoso cuando pasan junto a ellos.

"Estábamos tan concentrados en el examen que ni siquiera nos hemos dado cuenta de que entraban", explica Manuel, uno de los jóvenes que este martes ha empezado la selectividad. A él le ha tocado en la UB. "El hombre ha dado una vuelta alrededor de nosotros, pero no ha encontrado nada", cuenta el chaval aspirante a futuro ingeniero industrial. También han pasado el sensor por encima del montón de mochilas que los estudiantes están obligados a depositar a la entrada del aula. Tampoco en la UPF han 'pillado' a nadie.

Las últimas tecnologías en chuletas  consisten en un pinganillo del tamaño de un grano de arroz y en un reloj que reproduce documentos en pdf 

Además a los presidentes de los tribunales de selectividad se les ha facilitado este año un estricto protocolo de actuación que deberán aplicar con los estudiantes que hacen trampas. El infractor no solo es expulsado del aula, sino que, según la gravedad de su falta, podrá abrírsele un expediente informativo que derive en una sanción y, en todo caso, con el suspenso de esta convocatoria de selectividad. Los infractores deberán entregar también los dispositivos electrónicos que lleven consigo y si son atrapados con chuletas tradicionales se exponen a que el examen sea calificado con un cero.

PINGANILLOS DIMINUTOS

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Las últimas tecnologías en chuletas y sistemas de copia han dado un salto con la eclosión del conocido como e-pinganillo, un auricular diminuto que algunas webs anuncian como específico para copiar en exámenes, de apenas tres milímetros, que se introduce en el interior del conducto auditivo. El dispositivo recibe información con algo tan sencillo como una llamada de móvil, al que se conecta por 'bluetooth', un sistema siempre difícil de detectar.

También abundan en los últimos tiempos los denominados relojes-chuleta, contra los que han alertado ya varias universidades. El dispositivo, de nuevo, se anuncia, a través de internet, como diseñado para copiar. El aparato tiene incluso un botón de emergencias que lo desactiva, cuando se acerca el profesor, dice el mismo anuncio.