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FÓSIL VIVIENTE

Castilla y León prohíbe matar al Toro de la Vega para adaptar el torneo al siglo XXI

El Ayuntamiento de Tordesillas recurrirá el decreto de la Junta

Las entidades animalistas celebran el veto y reclaman el fin de la justa

RAMÓN VENDRELL / BARCELONA

Un torneante alancea al animal durante un festejo del Toro de la Vega, en Tordesillas.

Un torneante alancea al animal durante un festejo del Toro de la Vega, en Tordesillas. / REUTERS / JOSEBA ETXABURU

El Toro de la Vega es un fósil viviente, en esto está todo el mundo de acuerdo. Pero mientras el fósil viviente de Tordesillas es para unos, los menos, una nobilísima lucha entre el hombre y el animal, para otros, los más, es una salvajada. Es lo que tiene ser un torneo medieval conservado en ámbar (si bien con ingredientes modernos como la masificación y el esperpento).

En vísperas electores la Junta de Castilla y León (PP) ha hecho un gesto al sentir mayoritario y ha aprobado un decreto que prohíbe la muerte de reses en presencia de público en espectáculos taurinos populares y tradicionales. El Toro de la Vega es el único de los 13 espectáculos de estas categorías que hay en la comunidad autónoma que incluye la muerte del astado, de modo que la norma es específica para la justa en cuestión. Entre vetar o proteger el acosado Toro de la Vega, ha explicado José Antonio de Santiago-Juárez, consejero de la Presidencia, la Junta ha optado por lo segundo con una fórmula que lo adapta “a la cultura y sensibilidad del siglo XXI”.

RESISTENCIA

El alcalde de Tordesillas, el socialista José Antonio González, ha informado de que el ayuntamiento recurrirá en los tribunales el decreto en base a que contraviene el espíritu de la ley para la regulación de la tauromaquia como patrimonio cultural. Asimismo ha dicho que cara a la próxima edición del torneo, el 8 de septiembre, el consistorio trabajará “para que se siga celebrando como se ha celebrado durante 500 años”. El centenar de vecinos que llenaban el salón de actos municipal han jaleado al edil.

Luis Martín, profesor de la Facultad de Medicina de Valladolid y miembro del Patronato del Toro de la Vega, ha anunciado “batalla legal y resistencia civil” ante una “ley cobarde que castiga al disidente”. “Si tanto les ofende la muerte de un toro, ¿por qué no la prohíben en las corridas, donde se matan seis?”, se ha interrogado. Así están las cosas entre los paladines del festejo, que tienden a verse como guardianes de la tauromaquia primigenia.  

MÁS ASISTENTES QUE NUNCA

Fuera del círculo de forofos de la lid todo ha sido satisfacción. Pedro Sánchez, el candidato socialista a las generales del 26-J, ha calificado el veto de “muy buena noticia”. El diputado del PP Leopoldo Barreda lo ha considerado “acorde con la sensibilidad de la sociedad actual”. Las entidades animalistas lo han aplaudido si bien lo han juzgado una victoria a medias: reclaman que se prohíba todo el espectáculo. Y por una vez ha estado de acuerdo con ellas la Asociación Taurina Parlamentaria, cuyo presidente, el exsenador del PSOE Miguel Cid, ha dicho: “Es una cosa del pasado que no tiene que ver con la tauromaquia, a la que desprestigia. Que se suprimiera el espectáculo me parecería bien”.

La popularidad del Toro de la Vega ha crecido en paralelo al rechazo que genera. Cuantas más protestas en Madrid, entregas de firmas en contra al Congreso y denuncias incluso ante Bruselas, más asistentes. A la última celebración asistieron unas 40.000 personas (Tordesillas no llega a 9.000 habitantes). A la próxima ha anunciado que irá el Rey Chatarrero, acompañado de luchadores de su gimnasio, como respuesta a las agresiones sufridas por dos defensoras de los animales en unos ‘bous’ de Mas de Barberans. Su idea es unirse a los animalistas que cada año intentan sabotear el espectáculo y protagonizan con sus némesis un berlanguiano espectáculo paralelo (“brutos”, gritan unos; “perroflautas”, replican los otros). El Rey Chatarrero irá tan lejos a protestar porque el Toro de la Vega se ha convertido en el símbolo de la crueldad con los animales.                 

El astado tiene difícil conseguir el indulto

Más reglamentado de lo que parece, el Toro de la Vega comienza en la plaza de toros de Tordesillas, donde el animal ha pasado la noche. Una vez fuera del coso, el astado camina, trota o corre, según le dé, por un circuito urbano que desemboca en la vega del Duero. Una multitud le grita y le rodea. Ya en la vega, se suman al tropel caballistas que le conducen hasta el terreno del torneo, llamado el campo del honor. Allí le esperan los lanceros, la mayoría de infantería, si bien algunos van a caballo. Si el toro rebasa ciertos límites espaciales o temporales, es indultado. Casi nunca sucede. Más habitual es que la justa sea declarada nula porque se ha alanceado al animal de mala manera, cuando las normas establecen que debe matarlo un único torneante en lucha honorable. Los defensores del Toro de la Vega opinan que el veto de darle muerte en público desvirtúa por completo el espectáculo y avisan de que el decreto aún debe ser refrendado por el Parlamento regional.

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