Ir a contenido

POLÉMICA ACCIÓN POLICIAL EN EL RAVAL

Disección de una muerte con sombras y que sacudió la cúpula de Interior

De los vídeos de la violenta detención de Benítez a la dimisión del jefe político de la policía catalana

J. G. Albalat

Los mossos que redujeron a Benítez llegan a la Ciutat de la Justícia / MÒNICA TUDELA

Los mossos que redujeron a Benítez llegan a la Ciutat de la Justícia
Benítez a la Guardia Urbana: Nos hemos peleado, estoy sangrando.

/

LOS VÍDEOS Y LOS GOLPES EN LA CABEZA

Unos vídeos dejaron en entredicho la versión oficial que los Mossos d’Esquadra dieron sobre la actuación policial que acabó con la vida de Juan Andrés Benítez en el barrio barcelonés del Raval y según la cual “fue correcto” el modo en que se produjo la detención por parte de los agentes acusados de la muerte del empresario. Dos grabaciones hechas por vecinos, que se incorporaron al proceso judicial, permiten observar cómo unos mossos golpean con puñetazos y patadas a Benítez cuando este ya está en el suelo inmovilizado por numerosos agentes.

Aunque las grabaciones no determinan si los golpes de los mossos fueron o no la causa de la muerte, sí muestran que la policía empleó, según las acusaciones, una fuerza “excesiva y desproporcionada”. Un informe de la Policía Nacional señala que la víctima recibió hasta seis golpes en la cabeza después de ser inmovilizada y cuando no era ninguna amenaza para los agentes. Y destaca que el agente que le propinó esos golpes lo hizo “tomando impulso”.

LA AUTOPISA UNE LESIONES Y OTROS FACTORES

La fiscalía sostiene en su escrito de acusación provisional, recogiendo las conclusiones de la autopsia realizada a la víctima, que la muerte de Benítez se debió a las diversas lesiones sufridas por el hombre por todo el cuerpo, destacando las ocasionadas en el macizo cráneo-facial, que es una zona vital, “unidas a otros tres mecanismos”. Los forenses detectaron más de una quincena de fracturas, hematomas y erosiones en la víctima.

A continuación, la acusación pública enumera esos tres “mecanismos” complementarios: la enfermedad cardiaca arritmogénica (Wolf-Parkinson-Withe) que padecía la víctima, el consumo de cocaína en las horas anteriores a los hechos y la propia contención y reducción ejercida por los miembros de la policía autonómica, con el “subsiguiente estrés generado por la misma”. Todo ello determinó la parada cardiaca, la falta de riego al cerebro y, en consecuencia, el fallecimiento de Benítez, que se produjo horas después de su detención, en la madrugada del 6 de octubre del 2013 en el Hospital Clínic de Barcelona.   

LAS VERSIONES SOBRE LA CAUSA DE LA MUERTE

Los mossos que intervinieron en el luctuoso suceso negaron en su declaración judicial haber pegado a Benítez en la cabeza y alegaron que los golpes que le propinaron eran simplemente para "relajarle los músculos" con la intención de poder esposarle. Es lo que policialmente se denomina también golpes de “distracción”. Según su versión, fue el arrestado quien “se golpeó el cráneo contra el suelo”, cuando estaba fuera de sí. Los agentes se aferraron también en su día al test de toxicología para destacar que la víctima había consumido viagra y cocaína, un riesgo elevado al padecer una dolencia cardiaca.

Sin embargo, un informe médico encargado por la familia de la víctima destacó que el fármaco y la droga no pudieron llevarle a la muerte, descartó que sufriera arritmia y achaca el fallecimiento a los “traumatismos en la reducción". Los agentes encausados siempre han dicho que su actuación fue correcta. Uno de los sanitarios declaró que tuvo que esperar 15 minutos para que los mossos le dejaran atender al hombre.

ALARMA ENTRE LOS VECINOS DEL BARRIO

Los gritos desesperados de Benítez alarmaron a los vecinos de la calle de la Aurora, donde se produjo la violenta detención. Algunos ciudadanos se asomaron a las ventanas y balcones, escandalizados por la actuación policial. Varios de ellos pidieron que dejaran de golpearle. “¡No le peguen más!”, exclamó uno desde su casa, sin conseguir que los mossos pararan. No al menos al principio, ya que cuando las protestas se generalizaron, los agentes repararon en que había personas que estaban grabando la escena con teléfonos móviles.

Tras el arresto, y según testigos presenciales, unos mossos se dirigieron a varios domicilios mientras gritaban: “Abre la puerta, abre la puerta”. Otro testigo declaró que oyó cómo unos agentes dijeron a una residente en un inmueble “que no podía grabar la cara de la policía y que era ilegal mostrar esos vídeos en Youtube”. Los mossos escondieron el testimonio de una vecina que, cuando declaró en el juzgado, detalló cómo los agentes golpeaban a Benítez y este “gritaba como un cerdo”.

PRÁCTICAS INSUALES DURANTE LA INVESTIGACIÓN

Resultó llamativo que la jueza de Barcelona que investigó la muerte de Benítez, Eva Moltó, solicitara un test de tóxicos para saber si los mossos imputados consumían o no droga, una decisión que causó un profundo malestar en el seno de la policía autonómica. Pero fue incluso más sorprendente que cuatro agentes se presentaran ante los forenses totalmente rasurados, de tal manera que no fue posible hallar en ninguna zona de su cuerpo vello de longitud suficiente para realizar la prueba. Las defensas argumentaron que algunos de estos policías son “culturistas”.

También en las formas hubo sorpresa. Una treintena de mossos desfilaron de forma arrogante por la Ciutat de la Justícia para escoltar a sus compañeros imputados. Esta actuación cosechó numerosas críticas entre la opinión pública. Sin embargo, los represaliados fueron los medios de comunicación. A partir de entonces no se permite filmar dentro del recinto judicial, salvo en los juicios y solo cuando los magistrados lo permiten.

SACUDIDA EN LA CÚPULA POLICIAL

Con la actuación de los Mossos d’Esquadra en el punto de mira desde meses atrás, por la mutilación de un ojo a Ester Quintana, la polémica detención violenta de Benítez tuvo un fuerte impacto en los despachos de la Conselleria d'Interior. El desenlace llegó prácticamente medio año después del suceso, cuando la presión de la opinión pública y de los partidos de la oposición se saldó con la dimisión de Manel Prat, el director general de la policía catalana que fue aupado por Felip Puig cuando este estaba al frente del departamento. El sucesor de Puig, Ramon Espadaler, también defendió en el Parlament a los agentes acusados. “Creo en la buena fe y el buen hacer de unos policías en una detención ciertamente complicada”, dijo.

Tal era el descrédito cosechado por varias actuaciones policiales, que aumentaban los agentes que no se sentían representados por la cúpula. Tampoco fue fácil encontrar al sustituto de Prat, puesto que recayó en Albert Batlle, que actualmente continúa en el cargo, tras la negativa de varios candidatos.

0 Comentarios
cargando