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Las denuncias por maltrato infantil se triplican en Catalunya en cinco años

Un total de 1.871 víctimas fueron atendidas por los Mossos d'Esquadra el año pasado

La Generalitat tenía en el 2015 más de 4.800 menores cuya tutela había retirado a sus familias, el 5,2% por violencia física

Guillem Sànchez Teresa Pérez

La cámara de seguridad del edificio registró la paliza de una mujer a su hija de 12 años en Barcelona, el 19 de abril. / EL PERIODICO

Las denuncias por maltrato infantil se han triplicado en Catalunya en los últimos cinco años. De las 649 víctimas atendidas en el 2011 se pasó a 1.871 en el 2015, según datos de la Conselleria d’Interior de la Generalitat. La violencia acabó el año pasado con la vida de cuatro chavales, tres hombres y una mujer. Y el drama va en aumento porque solo en el primer trimestre de este año ya se han denunciado 453 casos de maltrato infantil, lo que representa casi cinco sucesos diarios.

Todas las entidades sociales que trabajan con la infancia tienen claro que estos datos son solo la punta del iceberg de un gran y extendido problema con muchos tentáculos. "No refleja la realidad. Es un fenómeno invisible, oculto. Hay pocos datos porque la mayoría no se denuncian", reconoce Émilie Rivas, técnica de la oenegé Save The Children Catalunya."Entre todos tenemos que hacerlo visible como ha ocurrido con la violencia machista", puntualiza.

La dirección general d’Atenció a la Infància i l’Adolescència (DGAIA), dependiente de la Generalitat, eleva a 4.809 el número de niños y adolescentes, menores de 18 años, que estaban separados de sus familias el año pasado debido al maltrato que sufrían. De esta cifra, el 5,2% fueron por violencia física (véase el gráfico adjunto). Los datos de Interior incluyen todos aquellos en los que ha terciado una denuncia tanto de la Administración como de particulares.

Antenas para ayudarlos

El inspector David Casanova, jefe de la Unidad Central de Menores de los Mossos d’Esquadra, explica que intervienen cuando reciben avisos -denuncias o notificaciones anónimas- del entorno del menor maltratado o de los maestros, médicos o servicios sociales que detectan algún síntoma. “Si se habla del tema, aumentan las denuncias porque la gente está más sensibilizada para actuar”, razona.

Casanova distingue entre maltrato físico, psíquico, abusos sexuales o desatenciones. En este último cajón entran todos los menores que pasan hambre, los que no viven en las condiciones higiénicas adecuadas o los que no reciben la educación que necesitan porque sus padres no se preocupan. 

BOCAS ABIERTAS Y COLORES

Alba Fernández Pous, coordinadora de proyectos de violencia y conflicto de la Fundació Ires, aclara que "la violencia no es solo la que acaba en las urgencias de un hospital. Es el uso de la fuerza para someter a alguien. A veces el maltrato físico no es el que más duele, es más doloroso la mirada o el gesto previo a la bofetada porque sabes lo que viene después". El maltrato físico causa estragos no solo en la infancia, sino también cuando la víctima entra en la edad adulta.

El estrés, la ansiedad, el sentimiento de culpa, los trastornos alimentarios y del sueño, la irritabilidad y las dificultades en el aprendizaje son solo algunos de los síntomas que enumeran los psiquiatras consultados. No todos los chavales expresan de la misma manera el conflicto. Los dibujos aportan claves,  pero no siempre. Manos grandes, bocas abiertas que evidencian desgarradores chillidos y las mezclas de colores son algunas evidencias. Y siempre, como sucede, en las agresiones sexuales cuesta verbalizar. 

UNA GOTA DE OPTIMISMO

Émilie Rivas destaca la importancia de visibilizar el maltrato infantil y concienciar a los ciudadanos tal y como ha sucedido con la violencia machista. Es la manera de frenar el problema. La entidad lidera una iniciativa para que se elabore una ley contra la violencia en la infancia.También se quiere involucrar a colegios y entidades que trabajan con los niños.

 María Jesús Larios, adjunta al Síndic de Greuges y encargada de la defensa de los derechos de la infancia, apostilla que es preciso incidir en la formación. Considera imprescindible que "se enseñe a activar los protocolos cuando se detecte un caso y una vez formalizada la denuncia haya un acompañamiento".

Fernández Pous añade unas gotas de optimismo al drama “las víctimas no tienen la vida sentenciada. Tienen una gran resiliencia, una gran capacidad para tirar hacia adelante”, apunta.“Las relaciones afectivas quedan condicionadas por el maltrato en la infancia”, señalan los psiquiatras consultados. En la Fundació Ires tienen constancia de ello: “Cuando van a ser padres o madres tienen miedo y aumenta su nerviosismo porque les preocupa reproducir con sus hijos lo que hicieron con ellos”.