03 dic 2020

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Gente corriente

Elena Csukodi: «Nunca olvidaré los primeros días en el centro de acogida»

Estudió piano de niña y, tras pasar cuatro años bajo la tutela de los servicios sociales, el Taller de Músics la ha puesto al teclado.

Núria Navarro

El Taller de Músics, que siempre fue «un tinglado muy reivindicativo», según su fundador, alimenta una formidable iniciativa: fortalecer la autoestima de adultos en riesgo de exclusión mediante un programa de actividades musicales. Una de las elegidas es la valerosa Elena Csukodi (Makó, Hungría, 1997), hija de cubana y magiar, que ha vivido en centros de acogida entre los 14 y los 18 años. Tocar el piano, en combo, la hace feliz.

No toca usted por primera vez las teclas. No. Tenía 3 años cuando mis padres decidieron instalarse en Barcelona, y empecé a estudiar piano y solfeo a los 7 años, en el Col.legi Urgell. Pero cuando ya sabía tocar con las dos manos, me desapuntaron. Cosas de la vida.

¿Qué tipo de «cosas de la vida»? Digamos que mis padres se divorciaron.

¿No quiere entrar en más detalles? Mi madre, que sufre esquizofrenia, llamó a los servicios sociales porque no podía hacerse cargo de mí y de mi hermano, un año menor que yo. En el 2011 entramos en un Centro Residencial de Acción Educativa (CRAE) de Badalona y, más tarde, en uno de Gràcia. Nunca olvidaré los dos primeros días.

Es comprensible. Yo ni siquiera sabía que existían los centros de acogida. Era tímida y no muy sociable, porque no tuve mucha oportunidad. Y a los pocos meses de entrar en el CRAE, mi madre se fue a Miami, ¡Eso sí fue una pasada!

Tenía 14 años. Era una niña. Intenté tomármelo como unas colonias y me trataron genial. Al final tenía ganas de irme, pero a los tres meses de estar fuera salí el 25 de mayo, al cumplir los 18 lo echaba de menos. Éramos como una minifamilia. Pese a vivir en un piso asistido, con educador, te sientes sola frente al mundo.

Explica todo sin gran dramatismo. Hay que asimilar lo que ocurre y tirar hacia adelante. No puedes estar todo el tiempo lamentándote.

¿Ha vuelto a ver a sus padres? De mi padre no quiero saber nada. Con mi madre mantengo contacto a través de Skype. Me ha dicho que vaya a Miami con ella, pero yo quiero acabar aquí mis estudios.

¿Diría que se han cerrado sus heridas? Muchas, sí. Ahora ya asumo el proceso de salir del centro de acogida.

Es una joven fuerte, Elena. Aunque al principio tienes la tentación, no puedes pensar que no vales nada. Siempre hay alguien que está peor que tú. Lo he visto a mi alrededor. Tienes que poner de tu parte. Si no lo haces tú, nadie lo hará por ti.

¿Y la música qué hace? Me desconecta de los problemas. En Navidad entré en Facebook y vi el mensaje de un batería que buscaba gente para un grupo, en principio, de salsa.

Contestó. Yo le dije «oye, me interesa», pero le advertí que tenía que refrescar mis conocimientos. Y me preguntaron desde el Taller de Músics si quería probar en combo y me gustó. Voy los sábados por la mañana y los viernes tomo clases particulares de piano.

Está ilusionada. Me gusta tocar. Infinitamente más que el curso de acceso a grado superior (CAS) que estoy haciendo, pero quiero entrar en diseño y edición de publicaciones impresas y multimedia, y no me queda otra.

La creatividad va con usted, ¿eh? ¡Ay! Antes incluso escribía poesía. Pero cuando ocurrió todo lo dejé.

¿Cómo se sueña en el futuro? Soy realista. Mi sueño es trabajar en diseño para alguna empresa importante.