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Gente corriente

Lorenzo Mazzoni: "La playa del Garraf se ha convertido en mi templo"

El rastafari del Garraf. Ha escrito cinco libros que superan el tópico de la marihuana y las 'rastas'

GEMMA TRAMULLAS

Este florentino de 35 años afincado en el Garraf empezó analizando las canciones de Bob Marley y ha terminado convirtiéndose en estudioso y creyente de la espiritualidad rastafari. Autor de cinco libros, acaba de publicar Kebra Nagast. La biblia secreta del Rastafari, la traducción al español del libro sagrado de los seguidores de Haile Selassie.

-Estudió en la Universidad de Florencia. ¿Cómo cayó en tan noble institución su tesis sobre Bob Marley y la tradición rastafari? Creo que es la primera tesis sobre el tema que se ha hecho en Italia y estoy orgulloso, pero a nivel académico no se ve con muy buenos ojos y es una lástima.

-¿Qué le atraía tanto? Empecé escuchando a Bob Marley y quise profundizar en su mensaje. ¿Por qué en sus letras habla tanto de África y el reino de Sion? ¿Por qué cita los evangelios? Lo que era una afición acabó convirtiéndose en un proceso de crecimiento personal.

-Muchos lo asocian a la marihuana y a las rastas y de ahí no pasan. Rastafari o rasta no tiene que ver con el pelo. El pelo, en inglés, son dreadlocks, nudos, y el no cortárselo es un voto de entrega a Dios

-¿De dónde viene la palabra rastafari? Literalmente, Ras Tafari Makonnen es Haile Selassie, descendiente del linaje del rey Salomón y coronado emperador de Etiopía en 1930. Según la tradición, Haile Selassie sería el Mesías que anunciaría el fin del mundo.

-Más de uno se cortaría el pelo si lo supiera. Apuesto a que más del 70% de los que llevan el pelo así y escuchan reggae, raggamuffin y otros estilos no saben quién es. Si estás exponiendo un símbolo tienes que ser coherente, no es ninguna broma. Por eso quiero acercar la filosofía rastafari de manera seria y con fundamento histórico.

-¿Y el consumo de droga? A la marihuana no la llamo droga. Ha sido y es legal en algunos lugares y tiene usos terapéuticos. Yo soy fumador, pero ni esto ni los dreadlocks son obligatorios. Es más importante no consumir alcohol ni carne, porque supone una reflexión sobre la vida.

-¿Y qué me dice de la homofobia y el machismo del movimiento rastafari? En el 2004 viajé a Jamaica. Iba solo y dormía en una tienda de campaña. Fue muy peligroso. En las comunidades rastas, los negros me rodeaban y me llamaban batty boy (término peyorativo para decir homosexual) porque me había afeitado. Decenas de homosexuales han sido asesinados en Jamaica y el maltrato a la mujer es gravísimo. Es una actitud de odio y no de amor que como rasta no comparto en absoluto.

-Pues Jamaica es la meca rastafari, ¿no? Hay un equívoco grandísimo. Jamaica es una tierra de esclavitud y miseria, un lugar para abandonar. Lo decía Bob Marley: volved a África. El peregrinaje rastafari auténtico es a Etiopía, la tierra de la espiritualidad cristiana y rastafari.

-¿Ha hecho ese viaje? Estuve en el 2011 y llegué a hablar con el patriarca de la iglesia ortodoxa etíope, el Abuna Paulus. Mi ruta seguía los pasos del arca de la alianza, porque según el Kebra Nagast el arca fue llevada de Israel a Etiopía.

-Usted es creyente. Soy creyente, pero antirreligioso. Físicamente no existe una iglesia rastafari y la playa del Garraf se ha convertido en mi templo. Por eso le he propuesto hacer la entrevista aquí. Para mí estar en contacto con la naturaleza y el mar es una manera de estar más cerca de Dios. Aquí hago yoga, surf, corro, nado... La espiritualidad es algo muy personal. Hay quien la encuentra en una cueva de Montserrat, rellenando una hoja en blanco con palabras o en una playa.