Hombres que aprenden a llorar

Cada vez hay más agresores que dan un paso al frente y piden ayuda para superar sus comportamientos violentos

Un usuario del Servicio de Atención a Hombres (SAH) del Ayuntamiento de Barcelona.

Un usuario del Servicio de Atención a Hombres (SAH) del Ayuntamiento de Barcelona. / FERRAN NADEU

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MARÍA JESÚS IBÁÑEZ / BARCELONA

¿Existe tratamiento para un maltratador? ¿Son hombres incorregibles? En el Servicio de Atención a Hombres (SAH) del Ayuntamiento de Barcelona, una de las pocas unidades de estas características que hay en España, creen que algo sí se puede hacer, que los hombres que en algún momento han ejercido la violencia contra mujeres pueden cambiar. O que pueden, al menos, aprender a cambiar.

“Aquí no se les juzga, se les dan herramientas para que sepan relacionarse con las mujeres. Se les explica cómo no perder los nervios y cómo identificar en sí mismos posibles actitudes y comportamientos violentos”, explica Anna Abió, coordinadora del SAH. Y, sobre todo, se intenta que quienes participan en las terapias acaben asumiendo sus responsabilidades y sepan valorar las consecuencias de los actos. "Que sean capaces de encontrar alternativas no violentas a lo que hacen", subraya Abió.

Algunos acuden al servicio después de haber cumplido condena por malos tratos. "Pero esto no es un recurso judicial, es decir, no está vinculado a ningún beneficio penitenciario secundario", advierte la coordinadora. Otros, cada vez más, asisten a las sesiones (normalmente de grupo, aunque también las hay individualizadas, según el caso) porque, buscando ayuda, han conocido esta alternativa. Cuando llegan, "casi todos explican que tienen problemas de relación con la pareja, aunque los perfiles son muy distintos", indica la terapeuta. 

"Son hombres que "Son hombres que han visto las orejas al lobo, que ven que, de seguir así, van a perder a las personas que quieren", dice la coordinadora del SAH

"Son hombres que han visto las orejas al lobo, que ven que, de seguir así, van a perder a las personas que quieren, a sus parejas y a sus hijos, si los hay", señala. Hay una serie de mitos sobre el hombre maltratador, agrega, que es necesario romper. El primero, que quienes agreden a su mujer lo hacen porque son alcohólicos o porque han consumido drogas. No. Eso no es una causa. El segundo, que la violencia machista distingue entre clases sociales y entre poderes adquisitivos. Tampoco.

"Lo de que los hombres no lloran sigue totalmente vigente", admite Abió, que reconoce, sin embargo, que los que dan un paso al frente, los que asumen que tienen un problema y quieren enmendarlo son cada vez más numerosos. Es uno de los principales cambios que se han producido en los últimos años entre los hombres que ejercen la violencia contra las mujeres.

ANTES Y DESPUÉS DE LA LEY

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A eso ha contribuido, opina Mercè Claramunt, miembro de la junta de gobierno del Col·legi de l’Advocacia de Barcelona y coordinadora de los temas sobre violencia en ese organismo, "a ley de medidas de protección integral contra la violencia de género, que entró en vigor en el 2005". Es una normativa, prosigue Claramunt, que "pese a la relajación que ha habido los últimos años, ha sacado al imaginario colectivo una violencia que hasta entonces era del ámbito privado".

Tanto la terapeuta Abió como la letrada Claramunt, responsable del turno de oficio en el colegio de abogados, consideran que, pese a los avances, todavía queda mucho por hacer. Solo este año, ya son al menos 14 las mujeres que han muerto asesinadas a manos de sus parejas o exparejas. En el 2015, fueron en total 57 las mujeres asesinadas. Preocupa, sobre todo, lo que ocurre con los jóvenes, que todavía aceptan prácticas machistas como normales. "Por eso, desde hace dos años, tenemos también un servicio para chicos de entre 12 y 17 años", dice la primera. "Hace falta mucha formación y faltan recursos de información y prevención, que han descendido de forma drástica en los últimos años", reclama la segunda.