Lobos sueltos en el colegio

Los Maristas han velado más por la imagen de su marca que por la integridad de los niños encomendados a su magisterio

Entrada del colegio de los Maristas de La Immaculada, en el Eixample de Barcelona.

Entrada del colegio de los Maristas de La Immaculada, en el Eixample de Barcelona. / RICARD CUGAT

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Luis Mauri

¿A dónde acuden los lobos? Adonde hay corderos. Similar lógica depredatoria suele guiar al pederasta hacia lugares y ocupaciones que le permitan estar en contacto con niños y niñas: colegios, equipos deportivos, colonias, grupos de ocio infantil… De aquí la reciente reforma legal que obliga a todos los profesionales que trabajan en contacto con menores de edad a acreditar que no tienen antecedentes penales por delitos de pederastia o maltrato infantil.

Esta medida debe contribuir a dificultar el acceso de los lobos al redil, pero evidentemente no puede ofrecer una garantía absoluta: solo filtra a los pederastas que ya han delinquido y además han sido condenados por ello.

LA VERDADERA ALARMA

Con todo, lo más inquietante no es que un lobo se pueda colar subrepticiamente por el hueco que una tabla rota ha dejado en el cercado. Esta eventualidad, queda claro, es imposible impedirla en el ciento por ciento de los casos. Lo realmente alarmante, si hablamos del escándalo de abusos sexuales de menores en colegios de los Maristas, es que el redil estaba colonizado por los lobos. Vivían y atacaban allí con el disimulo mínimo, no uno sino una manada, no un día sino durante décadas, eligiendo a placer a sus víctimas inermes, amparándose en la hermética opacidad, cuando no indulgencia, de una organización educativa más preocupada por el prestigio de su marca que por la protección y la defensa de los niños encomendados a su cuidado y magisterio.

Durante años y años, cuando se han visto en la tesitura de optar entre su reputación institucional y los derechos de las víctimas, los Maristas han optado de forma invariable por la primera, así en Sants como en Les Corts, el Eixample o Badalona. Solo de este modo se explica que los lobos hayan campado a sus anchas por los rediles pese a las quejas desatendidas de diversas familias, a algunas de las cuales se les llegó a presionar para que no denunciasen los crímenes a la justicia.

TOTAL IMPUNIDAD

El profesor pederasta A. E. El profesor pederasta A. E.actuó con total impunidad en el colegio de los Maristas del Eixample al menos durante 17 años, el tiempo que medió entre la primera queja conocida de una familia ante la dirección (1977) y la reclamación que dio pie a la salida del pedófilo de la escuela (1993). Su colega profesional y criminal Joaquim Benítez hizo lo propio en la escuela de los Maristas de Sants-Les Corts al menos durante los 27 años que transcurrieron desde que un docente lo pilló masturbando a un niño en su despacho (1984) hasta que la queja de otra familia puso fin a sus días en el centro (2011).

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En los últimos 15 años han aflorado en todo el mundo numerosos escándalos de pederastia en instituciones católicas: Estados Unidos, Irlanda, el Reino Unido, Alemania, Austria, Argentina, Holanda, Australia, Suráfrica… En muchos casos, los niños y niñas eran sometidos a abusos sexuales de forma metódica, organizada, masiva. Curiosamente, en España, uno de los países de mayor tradición y raigambre católicas del mundo, los crímenes destapados han sido proporcionalmente muy magros y escasos.

LA CLAVE

¿Cuál es la clave de este llamativo dato estadístico? ¿Es el clero español más íntegro que el establecido en el extranjero? Es una opción. ¿O ha sido más hábil en las tareas de ocultación? Es otra posibilidad. ¿O acaso la cuestión radica en que la sociedad española y su Administración pública han sido más condescendientes en la investigación y enjuiciamiento de estos crímenes?