Diez relatos de víctimas del depredador

EL PERIÓDICO ofrece extractos de la decena de denuncias contra Benítez que hasta ahora los Mossos han trasladado al juzgado

Benítez, el pasado día 5, cuando admitió sus delitos a EL PERIÓDICO.

Benítez, el pasado día 5, cuando admitió sus delitos a EL PERIÓDICO. / JOSEP GARCIA

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J. G. Albalat
J. G. Albalat

Redactor

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Guillem Sánchez
Guillem Sánchez

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Especialista en Sucesos, tribunales, asuntos policiales y de cuerpos de emergencias

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O. 45 AÑOS. "ME DIJO: RESPIRA HONDO"

Cuando estaba en EGB le hicieron unas pruebas médicas donde le diagnosticaron que tenía la columna vertical desviada. Por ese motivo, inició gimnasia correctiva en el mismo colegio con Benítez. En dos o tres ocasiones, el entonces profesor le llamó para que fuera a su despacho y revisarle la espalda, sin que pasara nada anormal. Sin embargo, cuando cursaba BUP y tenía 15 o 16 años, le estiró en una camilla, le metió la mano por debajo del pantalón y comenzó a tocarle los testículos y el pene. “Respira hondo”, le dijo, mientras le tocaba los genitales.

F. 44 AÑOS. "DENUNCIO PARA AYUDAR A VÍCTIMAS MÁS JÓVENES"

Benítez, en su opinión, era el profesor “colega”, el confidente, “un referente, un deportista, un maestro” con quien los alumnos tenían “un grado de confianza muy elevado”. No recuerda cuándo, pero una vez acabada la clase de gimnasia, el docente le dijo que quería verlo en el despacho. Le dijo que estaba haciendo unos estudios y que le había visto una cosa en la espalda. Le palpó la columna vertebral y al llegar al pantalón corto se lo bajó un poco, le metió la mano y le cogió el pene para masturbarle. “Denuncio para ayudar a las víctimas más jóvenes”.

H. 23 AÑOS. "NO SE LO DIJE A NINGÚN FAMILIAR"

Se lesionó en los abductores realizando ejercicios de gimnasia. Benítez le comentó que era masajista titular y que le podía hacer una exploración. Fue a su despacho y allí este le dijo que se quitara los pantalones. Después la camiseta y los calzoncillos. Le hizo tumbarse en la camilla y comenzó a darle masajes en las ingles. Empezó a tocarle los testículos y el pene. Vio el propósito sexual del profesor, le dijo que tenía que ir al lavabo y se vistió. No lo explicó a ningún familiar, ni profesor.

E. 42 AÑOS. "ME PALPÓ LOS TESTÍCULOS Y ME ESTIRÓ EL PENE"

Tenía 11 o 12 años cuando Benítez le pidió que fuera a su despacho porque le había detectado un problema en la espalda. Se quedó en ropa interior, estirado en la camilla, y le dio un masaje en la espalda, bajando hasta las nalgas y las piernas. Después, ya de pie, le bajó los calzoncillos, le palpó los testículos y le estiró del pene. Desde que ha estallado el caso está nervioso, con angustia e insomnio. Al día siguiente de su denuncia, la retiró porque “realmente Benítez no jugó con él y no se sintió en ningún momento abusado”.  

J. 45 AÑOS. "SUFRÍ ESTRÉS Y TUVE PROBLEMAS CON DROGAS"

Cuando tenía 13 años, este chico sufrió una pequeña lesión haciendo deporte. Esta dolencia se convirtió en la excusa que necesitaba Benítez para llevarlo hasta su despacho y quedarse a solas con él. Le hizo desvestirse de cintura hacia abajo y el falso masaje de las ingles terminó siendo un tocamiento en sus genitales. El profesor volvió a abusar de él unos días más tarde, bajo el mismo pretexto. Asegura que de este trauma le nació un “estrés” que le ha marcado y que vincula con problemas en los estudios y un consumo de drogas demasiado temprano.

O. 42 AÑOS. "ME DOLÍA VERLE CHULESCO POR LA CALLE"

Benítez se le acercó en tres ocasiones. En las dos primeras, los tocamientos fueron indirectos. Pero en la última, el profesor se las ingenió para llegar más lejos. Le pidió que le siguiera hasta su despacho porque le había visto “una pierna más larga que la otra”. Una vez allí, hizo que se desnudara y le indicó que tenía que realizarle un cálculo del riego sanguíneo. Lo que hizo el pederasta fue masturbarle. Esta experiencia le generó un gran sentimiento “de culpabilidad”. Lo que más le dolía era “ver a Benítez por la calle chulesco” sabiendo que tenía “impunidad” porque el colegio lo mantuvo “18 años más”.

E. 22 AÑOS. "ABUSÓ DE MÍ EN CUATRO OCASIONES"

Entre el 2005 y el 2009, el profesor Benítez abusó de este alumno en cuatro ocasiones. Aprovechando que había realizado “un mal gesto” en una clase de gimnasia, le masajeó “el culo”. En otra ocasión, el educador se restregó contra él dentro de su despacho, hasta donde le había llevado para curar sus dolores en la zona lumbar. La tercera vez frotó con su brazo los genitales del alumno valiéndose de otro masaje ficticio. Durante el último tocamiento que revela a los Mossos d’Esquadra su paciencia se colmó y reaccionó interrumpiéndole y marchándose.

T. 21 AÑOS. "SE DESNUDABA Y ME PEDÍA QUE LE TOCARA"

Benítez se ensañó hasta el punto que el daño que le causó le obligó a abandonar sus estudios sin terminar la ESO. Esta víctima ha sido la segunda, tras la denuncia del 2011, que ha tenido el valor de relatar a sus padres el tormento que había pasado. Su denuncia ha levantado la oleada de acusaciones. Con este niño, el educador se propasó en varias ocasiones. En al menos dos, Benítez se desnudó por completo. Le pedía que le tocara y que le hiciera felaciones. Según su relato, llegó a sentarlo sobre su regazo y a besarle con lengua.  

M. 22 AÑOS. "ME DIO 10 EUROS PARA OCULTAR UNA FELACIÓN"

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Esta víctima, deportista, le comentó a Benítez, tras un entrenamiento de natación, que se había lesionado. 'Beni' le propuso darle un masaje en la zona de la pierna lastimada. El alumno, que entonces tenía 14 años, aceptó. Lo encerró en su despacho. Hizo que se tumbase en calzoncillos sobre su camilla y comenzó con el masaje, pero terminó practicándole una felación. El alumno trató de huir pero Benítez se lo impidió. El pederasta le dio un billete de 10 euros y, antes de que abandonara el despacho, le pidió que no dijera “nada a nadie”.

I. 43 AÑOS. "ME ACONSEJÓ CALLAR"

Benítez trataba de asegurarse de que sus víctimas no le delatarían. Este joven también fue engañado por el profesor bajo el pretexto de que estaba realizando un “estudio” y necesitaba su ayuda. En realidad, se trataba tan solo de una excusa para propasarse con él tratando de hacerle tocamientos en sus genitales. El educador le aconsejó, antes de salir del despacho, que no debía contar nada de lo que había ocurrido porque “la gente no lo entendería”.