26 sep 2020

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Anatomía de un escándalo

Las claves de los abusos sexuales en un colegio de los Maristas, un caso que no ha parado de crecer desde que EL PERIÓDICO lo destapó el 4 de febrero

G. S. / J. G. A. / M. J. I. / BARCELONA

Manuel B., padre de un joven que sufrió abusos en los Maristas, cuelga un pasquín de denuncia contra Benítez.

Manuel B., padre de un joven que sufrió abusos en los Maristas, cuelga un pasquín de denuncia contra Benítez. / JORDI COTRINA

Manuel B., denunció ante los Mossos que su hijo había sufrido abusos sexuales por parte de un profesor de gimnasia de los Maristes de Sants-Les Corts, Joaquim Benítez. Convencido de que no sería un caso aislado, y tras comprobar que el centro no pensaba mover ni dedo para averiguarlo, colgó carteles en el edificio y alrededores explicando su caso y añadiendo una cuenta de correo electrónico. A través de este mail, cuatro nuevas víctimas del mismo pederasta se pusieron en contacto con él y denunciaron sus casos a la policía catalana.

El jueves 4 de febrero EL PERIÓDICO publicó en primicia su historia y esto provocó que se multiplicaran los mensajes remitidos a la cuenta de Manuel. También, el número de víctimas que se acercaron hasta comisarías de los Mossos para presentar denuncia contra docentes de los Maristas. Actualmente, a los investigadores policiales les constan más de 20 denuncias por abusos sexuales. No solo contra Benítez.

EL PEDERASTA CONFESO

El viernes 5 de febrero este diario localizó a Benítez en el Empordà. Una redactora y un fotógrafo de EL PERIÓDICO le entrevistaron y retrataron en exclusiva y el exprofesor de educación física reconoció los hechos sin tapujos. "Lo hice", dijo, y añadió: “No sé decir cuántos chicos fueron”. También confirmó, tal como aseguran los denunciantes, que engañaba a sus víctimas con el pretexto de darles “masajes” en el despacho que tenía junto a la piscina del centro. Los masajes terminaban en masturbaciones o felaciones. Tuvo víctimas ocasionales y otras que lo fueron de forma continuada.

Benítez entró en el colegio a comienzos de la década de 1980 y lo abandonó en el 2011, cuando una familia le acusó de abusar de su hijo. Entonces, el docente ya reconoció los hechos a la dirección de la escuela.

Los alumnos le recuerdan como un profesor “motivado” con ínfulas “de fisioterapeuta”. Estaba obsesionado con convertir el Shoot-Ball (básicamente el viejo juego de 'matar') en un deporte olímpico. En su carta de despedida dijo a los alumnos que se iba precisamente para culminar este proyecto. Omitió que tras su larga etapa en el colegio dejaba un rastro que jamás será del todo conocido de jóvenes humillados y, en algunos casos, con secuelas emocionales irreparables.

EL CENTRO

El colegio de los Maristas de Sants-Les Corts consta de dos sedes. La de primaria está en el barrio de Sants. La de secundaria, en el de Les Corts. Ambas se unieron a mediados de los 90. Benítez trabajó siempre en el centro de secundaria.

En el 2011 una familia notificó a la dirección que su hijo había sufrido abusos sexuales por parte de este profesor. Benítez admitió la acusación. El vicario de los Maristas Pere Ferré presentó una denuncia y al docente le invitaron a marcharse. Esta denuncia se archivó porque la familia no tuvo ánimo para seguir con el proceso judicial. Los Mossos pidieron información al centro sobre Benítez pero el colegio se negó a entregarla.  

En el 2013 Manuel B. supo por su esposa que su hijo, de 21 años y sumido en una depresión de origen impreciso que le tenía encerrado en su habitación, no había sufrido ‘bullying’ en la escuela cuando cursaba ESO, sino que había sido violado durante años por Benítez, hasta que abandonó los estudios en el 2010. Pidió explicaciones a la dirección. Únicamente le respondieron que debía denunciarlo. Le negaron la ayuda psicológica para su hijo que les reclamó. Tampoco se han interesado por su estado desde entonces.

Ahora que el escándalo de pederastia en los Maristas ha estallado, y Manuel B. ha conseguido tirar de la manta, el centro se compromete a presentarse como acusación particular contra todos los casos de abusos que sean denunciados. Este diario ha averiguado, sin embargo, que su dirección incumplió los protocolos existentes tanto en el 2011 como en el 2013 puesto que no informaron ni a la DGAIA ni a la Conselleria d'Ensenyament. Es decir, nunca quisieron saber si existían más víctimas de Benítez. Las había. Y no solo de Benítez.

LOS PROFESORES DENUNCIADOS

Los Mossos, Manuel B. y la investigación de este diario han logrado localizar nuevas víctimas que apuntan a otros docentes. Por lo menos a cuatro más, todos trabajadores de la escuela de primaria de Sants. Las acusaciones más graves pesan sobre el antiguo tutor de quinto de EGB, con iniciales A. F., al que sus posibles víctimas describen como un monstruo que cometió agresiones sexuales contra niños de entre 8 y 14 años. Cuatro de estos le han denunciado y un quinto ha informado a los Mossos pero sigue pendiente de denunciar.

La sospecha ha salpicado a otros dos profesores: F. M., subdirector de la escuela destituido este jueves “hasta que se aclaren” las denuncias de tocamientos que pesan sobre él, y M. M., un maestro que ha sido acusado por una exalumna de realizarle tocamientos en los genitales sentándosela en el regazo durante la clase. Existen asimismo denuncias contra un quinto docente, ya fallecido.

Este miércoles el colegio confirmó algo que había obviado hasta entonces: un monitor de comedor de primaria había sido expulsado tras abusar de cinco alumnos. Se trataba de un profesional que llevaba solo 17 días trabajando en este centro.

LA PRESCRIPCIÓN DE LOS DELITOS 

Los delitos de abusos sexuales sufridos durante la infancia son denunciables hasta que la víctima ha cumplido los 23 años. Prescriben 5 años después de la mayoría de edad. Las violaciones, en cambio, pueden denunciarse hasta los 33 años, prescriben 15 años después de cumplir los 18. Se considera violación cuando existe penetración (vaginal, anal o bucal). Muchas de las denuncias que pesan sobre Benítez todavía no han prescrito y este pederasta confeso será juzgado. Por el contrario, contra A. F., que acumula acusaciones gravísimas, aún no existe ninguna denuncia que permita su procesamiento.

En cualquier caso, todos los relatos sobre abusos ya prescritos siguen siendo útiles a la policía porque se convertirán en testimonios que ayudarán a las víctimas que se embarquen en procesos judiciales por agresiones que no han caducado.  

El tiempo corre a favor de los pederastas, lamentan las víctimas. Cuando han madurado y son capaces de reunir las fuerzas que necesitan para denunciarlos, la ley ya no se lo permite. Y además, está el asunto de la vergüenza: ¿quién se arriesga a dar la cara y decir en voz alta que su profesor abusó de él cuando era un niño?