Una exprofesora de los Maristas denuncia que sufrió abusos cuando era alumna de la orden

Relata que un hermano del colegio de la Immaculada espiaba a las chicas en el vestuario por un agujero en la pared

El profesor la manoseó un día ante toda la clase y otra vez, en su despacho, la forzó a sentarse en su regazo

Elena Alfaro, exprofesora de los Maristas de Sants-Les Corts denuncia abusos cuando fue alumna en los Maristas-La Immaculada. / FERRAN NADEU

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MARÍA JESÚS IBÁÑEZ / GUILLEM SÀNCHEZ / BARCELONA

Elena Alfaro tenía 16 años cuando ingresó en el colegio de los Maristas La Immaculada. Pertenecía a la segunda promoción de chicas que entraban en ese centro de la calle de València de Barcelona para estudiar el Curso de Orientación Universitaria (COU). Venía de un colegio de monjas y llegaba a una escuela que hasta dos años antes solo admitía alumnos varones. "Las chicas éramos, por decirlo de alguna manera, la novedad y para nosotras, que entonces éramos bastante más inmaduras que los son ahora, era una experiencia distinta a lo que habíamos vivido hasta entonces", recuerda ahora esta licenciada en Historia, que años después, entre 1996 y 1998, trabajó como profesora de Ciencias Sociales en otro centro de los Maristas, el de Sants-Les Corts, donde ha estallado el escándalo de pederastia.

Alfaro, viuda y madre de un chico que conoce toda su historia, da un paso al frente para explicar los abusos de los que fue víctima durante el curso 1972-1973. Fue a manos de su profesor de Francés y tutor de COU, el hermano marista A. A. La docente recuerda que años después coincidió de nuevo con él, ya como profesora, en el colegio de Les Corts. 

"Un día me llamó a su despacho e insistió en que me sentara en su falda... El forcejeo duró un buen rato: yo intentando ponerme en pie y él tirando con fuerza de mí para que cediera"

"Era un profesor que se acercaba a las chicas, le gustaba rodearse de ellas, siempre andaba bromeando con nosotras y, si podía, alargaba la mano más de la cuenta. Le gustaba mucho el 'toqueteo' por decirlo de algún modo", relata Alfaro. La cosa hubiera quedado allí si la entonces jovencísima Elena no se hubiera visto en un serio aprieto. "Recuerdo que un día me llamó a su despacho e insistió en que me sentara en su falda... El forcejeo duró un buen rato, fue todo muy tenso: yo intentando ponerme en pie y él tirando con fuerza de mí para que cediera", rememora. "Lo más grave, a mi modo de ver, es que en pleno tira y afloja entró otro profesor en el despacho y, en lugar de ayudarme o preguntar qué estaba pasando ahí, se limitó a recoger un libro, me miró como diciendo 'aquí te quedas' y se marchó", lamenta. Y allí siguió ella, hasta que pudo zafarse y salir corriendo del despacho. 

UN AGUJERO EN EL VESTUARIO

Poco tiempo después, A. A. se hizo 'popular' en el colegio de la Immaculada porque fue sorprendido por unos alumnos espiando a través de un agujero abierto en el vestuario de las chicas. "Yo formaba parte del equipo de baloncesto del colegio y supe, por un compañero del equipo masculino, lo que había pasado. ¡Nos había estado espiando mientras nos desnudábamos! Corrimos a buscar el agujero y a taparlo enseguida", señala.

"Otra vez estaba yo en la pizarra y él me manoseó las nalgas. Me giré de inmediato, muy enfadada y le pregunté a ver qué estaba tocando"

El tercer episodio se produjo a medio curso, cuando la alumna estaba en el encerado, escribiendo en la pizarra. El profesor de Francés se acercó a ella y le manoseó las nalgas. "Me giré de inmediato, muy enfadada y le pregunté qué estaba tocando", cuenta. "Él respondió tan tranquilo, delante de toda la clase, sin ningún tapujo: 'Te toco donde no hay alma'. Yo le corté diciendo que me dejara en paz, que no iba a consentírselo más y amenacé con denunciarle", prosigue Alfaro.

Por suerte, subraya, ella siempre tuvo "un carácter fuerte" y los abusos terminaron allí. "Pero sé que otras compañeras no salieron tan airosas", dice. "Cuando lo conté en casa, mi padre quiso ir a romperle la cara, pero yo le disuadí diciéndole que estuviera tranquilo, que lo tenía controlado". "Al terminar el curso, mi padre insistió en poner una denuncia, pero en aquellos tiempos, con Franco, no era tan sencillo", afirma. Al final, no siguieron adelante. "Pero me arrepiento de no haberlo hecho", concluye.

REENCUENTRO EN LES CORTS

La vida quiso que 25 años más tarde, Elena Alfaro, que actualmente tiene 60 años, se convirtiera en compañera de claustro de su antiguo abusador. "Coincidimos en el colegio marista de la calle Vallespir, en Les Corts, pero he de reconocer que en esa segunda etapa él siempre tuvo un trato exquisito conmigo. Es más, creo que incluso intervino ante la dirección para que me dieran el trabajo cuando presenté mi currículo", relata. En esa etapa de dos años, la profesora, que aún hoy sigue dando clases en colegios concertados, no tuvo ningún incidente con A. A.

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"Pero siempre tuve una espinita clavada de la época en que fui profesora en Les Corts", prosigue. Y cuenta el caso de un alumno, D., del que fue tutora en 2º de ESO. "Era un chico muy dulce, brillante, con un punto de timidez, pero querido y respetado por sus compañeros de clase", recuerda. Lo que preocupa a Alfaro es el cambio súbito que a medio curso experimentó aquel chico. De repente, se convirtió en una persona triste, apagada. Su rendimiento escolar cayó en picado. "Contacté con la familia, pregunté a sus compañeros si había un problemas de drogas... Nunca supimos qué había pasado. Y cuando ahora he sabido lo de Joaquim Benítez [el pederasta confeso], temí que D. pudiera haber sido una víctima suya". "Es solo una sospecha, pero desde aquí querría mandarle todo mi apoyo y animarle a que también él dé el paso, que sea valiente y lo denuncie", remacha.

Con Manuel B., el padre de un chico que sufrió abusos en Les Corts y que administra en solitario la cuenta de correo abusosenmaristas@gmail.com, han contactado al menos dos personas que se han identificado como exalumnos que sufrieron abusos sexuales en el colegio marista La Immaculada, en la calle València de Barcelona. En ambos casos se trataría de agresiones sexuales que, aunque sucedieron hace años, todavía no habrían prescrito. De momento, las dos víctimas no han dado el paso de denuciar ante los Mossos.