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"Quiero que mi hija sepa que si siente que algo va mal puede pedir ayuda"

M., otro exalumno de A. F. en los Maristas de Sants-Les Corts, relata cómo el profesor abusó de él cada día durante el curso de 5º de EGB

Guillem Sànchez

Un trabajador borra una pintada en el muro del colegio marista de Sants-Les Corts, tras estallar el escándalo de pederastia.

Un trabajador borra una pintada en el muro del colegio marista de Sants-Les Corts, tras estallar el escándalo de pederastia. / JULIO CARBÓ

M., un hombre de 37 años, cita a EL PERIÓDICO en un bar de una ciudad metropolitana que prefiere que no sea revelada. Ni siquiera acepta una fotografía de espaldas. Lo único que quiere es contar lo que vivió. Y regresar a la seguridad del anonimato porque tiene una mujer y una hija que le esperan en casa y desea protegerlas de su pasado.

Como J. y como A., declara que fue otra víctima del profesor de los maristas de Sants A. F. "Abusó de mí durante un año entero. Cuando fue mi tutor en 5º de EGB". Su relato cuadra con el de J. y con el de A. porque también M. fue uno de sus alumnos "preferidos". Le encargaba tareas que tenía que hacer junto a él. Como trabajar en los preparativos de la obra de teatro que organizaba cada año, 'Jesucristo Superstar'.  

No era verdad. "Siempre terminábamos en la sala de fotografía". En esta cámara, diseñada para que no entrara ni un rayo de luz para poder revelar negativos, M. pasó la mayoría de los recreos del quinto curso. A oscuras, encerrado con el monstruo.

TENÍA 9 AÑOS

A. F. apagaba la luz y se situaba justo detrás de él. Se pegaba a su espalda y le masturbaba. Recuerda su voz, susurrándole a la oreja. Aquí, M. hace una pausa, traga saliva y repite las frases que le decía su profesor mientras abusaba de él: "¿De qué forma te gusta más? La uno es así, la dos es así, la tres es así…". El niño tenía 9 años.

Cuando la luz se encendía y M. abandonaba la habitación dejando tras él al depredador que lo cazaba todos los días, regresaba a clase descompuesto. “Casi siempre me echaba a llorar durante los primeros minutos”. Por eso ahora, recordándose en aquella aula, llorando en su pupitre y sin ningún adulto que lo rescatara, considera a la escuela aún más culpable del daño que al propio A. F.

"Han sido demasiados años de abusos y demasiadas víctimas. Ojalá encuentren el coraje que les falta y lo digan en voz alta, porque tienen que salir más cosas", pide M.

CAMBIAR LAS COSAS

Este hombre cree que "ya no le quedan secuelas" de aquel calvario. Pero volver a contarle a alguien lo que le tocó vivir y describir cómo se sentía, le provoca que "muchas" de las cosas con las que carga "se remuevan". Pero quiere hacerlo porque tiene una hija y quiere "poner un granito de arena y cambiar un poco las cosas para ella".

No solo pide a las autoridades que se crean el problema. También les pide que se tomen tan en serio "esta lacra como la violencia de género". Donde más trabajo hace falta es en las escuelas. "Los niños deben recibir más educación para que aprendan a gestionar mejor sus emociones, que entiendan que cuando sienten que algo que les está pasando está mal, pueden decirlo en voz alta, pueden pedir ayuda".

Él no supo pedir ayuda, ni tampoco denunciarlo años más tarde, cuando ya era mayor edad. Ahora que el delito ya ha prescrito, está pensando si acudir o no a los Mossos d’Esquadra. Si aparece una víctima más joven, con abusos todavía no prescritos, entonces penalmente se podrá perseguir al agresor. Y todos los relatos de exalumnos que ya son demasiado mayores, ayudarán a demostrarlo.