EL RETO DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Fotos familiares para ir aprendiendo

Undertile desarrolla un algoritmo de reconocimiento que aprende de las fotos antiguas

Ferran Julià y Oriol Núñez junto al reloj antiguo de la iglesia de Argentona.

Ferran Julià y Oriol Núñez junto al reloj antiguo de la iglesia de Argentona. / JOSEP GARCIA

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Carmen Jané
Carmen Jané

Redactora

Especialista en Periodista especializada en tecnología, contenidos digitales y elearning. Escribo desde Última Hora.

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Pocas compañías catalanas podrán beneficiarse de los avances en inteligencia artificial no por falta de talento, porque muchos de los mejores investigadores de las universidades catalanas han sido fichados por el Silicon Valley, sino por la cantidad de datos que necesitan para mejorar sus programas. Una de ellas es Undertile, un proyecto de un grupo de emprendedores de Argentona (Maresme) que pretenden digitalizar la memoria histórica de Catalunya con un avanzado software de inteligencia artificial. Las particulares y las de los grandes archivos.

Su programa, todavía en un estadio incipiente de desarrollo, explican, se ha ido entrenando con las fotos de sus vecinos de Argentona, que las han ido aportando a la plataforma undertile.net, algunas con los famosos botijos de la población. “Ofrecemos a las familias que nos presten sus fotografías, se las digitalizamos, ellas las etiquetan y con esto podemos ir mejorando el algoritmo a base de ofrecerle mucha información”, explica su fundador Oriol Núñez. “Solo cobramos tres euros por cada 100 fotos y las recogemos gratis en casa”.

Las fotos digitalizadas  se pueden conservar en internet, borrarlas, descargarlas gratis o cederlas en herencia

A cambio de participar en la mejora del programa, cada usuario tendrá sus fotos digitalizadas y en papel, y las podrá descargar en el plazo de un mes sin que nadie las vea y borrarlas. Si después del mes las quiere mantener en el servicio pero secretas, le cobrarán 20 euros al año. Si las comparte, será gratis. Podrá enviarlas a quien quiera o incluso dejarlas en herencia. "Nos ha costado llegar a descubrir cómo podíamos hacer el sistema porque en el fondo son los recuerdos de la gente y es algo muy personal para que te los confíen", añade. 

La iniciativa surgió de un reto personal. “A un compañero de Bomberos le sepultó un alud justo después de pasar las oposiciones. Tres días después recibí un CD por correo que tenía las fotos de algo que para nosotros era muy especial. Y empecé a preguntarme, ¿qué hubiera pasado si no lo hubiera enviado? ¿hubiera podido verlo? Por eso es importante conservar los recuerdos en el tiempo y poderlos enviar a quien quieras”, señala Núñez, que ha contado con una inusual campaña de 'crowfunding' entre sus vecinos y con el apoyo de la Fundació El Maresme, que trabaja en la integración de discapacitados intelectuales. 

RECUERDOS PERSONALES

Tener probadores es lo que permite  efinar el código y descubrir personas o edificios desconocidos

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Su iniciativa logró la complicidad de ingenieros como Jordi Torras, el director científico del BSC, también de Argentona, o de Ferran Julià, ingeniero y desarrollador del algoritmo. “Todo este software que ha liberado Google o Nvidia ayuda, pero relativamente, porque no hacen pública la parte que ellos ya han probado y saben que funciona. Aquí la clave es tener probadores, porque es lo que te permite refinar el código. Así podemos descubrir edificios y personas que no sabían ni que estaban en las fotos”, comenta Julià.

Mientras, el algoritmo de Undertile irá reconociendo caras, edificios y lugares, y los irá situando en coordenadas geoespaciales para componer el espacio y situar la memoria. “Si una caja tiene el olor de quien la cerró, que el lugar también lo recuerde”, afirma Núñez. Traducido a bits, la geolocalización ayuda también a situar el objeto y reconocerlo, pese a la acción de las piquetas.