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Jordi Rollán: "Las películas de tiros mataron las tertulias"

Tertuliano sénior. Durante 33 años fue miembro de la peña La Punyalada, la popular tertulia artística del paseo de Gràcia

Jordi Rollán: "Las películas de tiros mataron las tertulias"

ALBERT BERTRAN

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Gemma Tramullas
Gemma Tramullas

Periodista

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La Barcelona de las timbas de bacarrá, de las nubes tóxicas de los puros Montecristo y del coñac de sobremesa resucita en el Reial Cercle Artístic a través de una exposición que reúne cuadros y fotografías de los miembros más asiduos de la peña La Punyalada, una popular tertulia artística activa entre 1964 y 1998. Dos extertulianos, el pintor Jordi Rollán, vicepresidente del Cercle, y Josep Cruañas, organizan la muestra, que estará abierta hasta el día 29.

-Se reunían los sábados por la tarde en el restaurante La Puñalada, en el 104 del paseo de Gràcia. Ahora allí hay una tienda de lujo. Precisamente uno de los objetivos de esta exposición es recuperar una Barcelona que ya no existe, la de las tertulias, y honrar a la gente que hizo posible la peña, muchos de ellos socios del Cercle. Entre los pocos testimonios vivos que quedamos también están el crítico Josep Maria Cadena y el médico Manuel Sarró, cuyo libro de fotos y de recuerdos sobre la peña nos ha servido de base.

-Era una de las tertulias más populares, pero no había ni una mujer. Tuvo una primera época, en los años 20, en la que sí iban mujeres, entre ellas la esposa y la hija de Santiago Rusiñol. Cuando Emili Bosch, Martí Llauradó y Gustau Camps la recuperaron en 1964 seguía siendo una peña abierta pero en 33 años yo solo vi una mujer, la pintora Teresa Llàcer. Vino una tarde y no volvió más. Supongo que no debió de interesarle mucho la conversación.

-¿De qué hablaban? Estaba prohibido hablar de política y de religión. Se comentaban exposiciones, libros y obras de teatro entre una nube de humo y copas de coñac. La mayoría éramos pintores pero también había personajes como el notario Noguera, que hizo los testamentos de Picasso y Miró, y el periodista Sempronio. Eran gente ocurrente y muy vivida que contaban historias que te dejaban con la boca abierta. También tuvimos invitados como Miró y Chillida.

-¿Tàpies nunca pasó por allí? Tàpies, Tharrats, Cuixart... Eran más contemporáneos y estaban en otra liga. Lo nuestro era algo simpático, de compañeros.

-Usted era de los tertulianos más jóvenes. Era un espacio informal, no hacía falta ir con referencias y aceptaban muy bien a los jóvenes. Yo entré con 24 años y para mí fue un privilegio sentarme junto a artistas tan reconocidos como Grau Sala, Lloveras, Viladomat, Barnadas.... También era una oportunidad para vender cuadros porque al restaurante iba gente de dinero.

-No era su caso. No. Yo había recibido una beca del Cercle y era socio de la entidad. En el piso de arriba se montaban unas impresionantes timbas de bacarrá y cuando alguien ganaba mucho dinero intentabas venderle un cuadro. Así fuimos tirando al principio. Algunos de los artistas eran tan pobres que llegaban a la tertulia y cogían las tazas de café que otros se habían bebido para hacer ver que ya habían consumido.

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-¿Sería posible reeditar la peña ahora? Es muy difícil. Yo participo en una tertulia de gente heterogénea los lunes por la noche, pero no tiene la misma dimensión. Intentamos resucitar La Punyalada en su momento, pero no encontramos el lugar adecuado. Hay que tener en cuenta que en los mejores años éramos 40 personas ocupando varias mesas del restaurante de cuatro a siete de la tarde. ¿Qué negocio aceptaría ahora tener un montón de gente tomando café y agua durante horas?

-De hecho, el dueño de La Puñalada se arruinó y eso fue el fin de la peña. Déjeme añadir de mi propia cosecha que la tele hizo mucho daño. A finales de los 80, empezaron a dar el programa Sesión de tarde los sábados después de comery cada vez más gente se quedaba en casa. Las películas de tiros también mataron las tertulias.