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Gente corriente

Salvi Rosich: «Aprendo a ser librero porque soy lector»

Olga Merino

El visitante que entra en la Pléyade (Johann Sebastian Bach, 10), el establecimiento que Salvi Rosich Ubiñana (Barcelona, 1956) regenta junto con su esposa, Elena, percibe enseguida un exquisito gusto lector, un algo especial. Detrás de todo proyecto sólido, siempre se esconde una historia.

-Leo desde los 7 años por influencia de mi madre, que era una gran lectora, sobre todo de historia. Ibas de viaje con ella y a veces se enzarzaba con los guías en grandes debates, porque era capaz de recordarles hasta los primos hermanos de Enrique VIII.

Exdirectivo y hoy propietario de la librería Pléyade, en Sarrià-Sant Gervasi. Lee una media de seis horas diarias.

-Ella le pegó el hábito.Sí. Me estrené con lo típico, los Tintín y los Enid Blyton, hasta que mi madre empezó a pasarme algún Julio Verne, que entonces me parecían aventuras apasionantes.

-¿Cómo se afina el gusto? A base de leer y leer; lo que aprendes con los libros, el bagaje que te dan, es impagable. En realidad, estoy aprendiendo a ser librero sobre todo porque soy lector.

-Pero usted antes trabajaba de otra cosa.Tenía mi propia empresa de comercio exterior, vinculada al mundo de la química, y fueron las circunstancias las que me hicieron coger la librería: mi hija Elena falleció de la noche a la mañana con solo 18 años.

-Lo lamento.Preferiría no hablar de ello. Toqué fondo y me salió de dentro hacer un cambio en mi vida a los 50 años. Se me encendió la luz cuando me enteré, por pura casualidad, de que la Pléyade estaba en traspaso.

-¿Compensó el cambio? Ya lo creo; siempre digo que cambié ingresos por felicidad, aunque haya que echarle horas. Cuando compré la librería a José Muñoz, hace 10 años, las chicas que trabajaban entonces, Asunción y Mercè, también se quedaron. El señor Muñoz, por cierto, era un gran librero. Me ponía a examen para comprobar si había leído y qué.

-Seis horas: buena ratio lector la suya. Leo unos cuatro libros a la semana gracias, en parte, a los horarios comerciales de este país: cerramos a las dos, almuerzo y aprovecho hasta las cinco y media. Luego, por la noche, dedico tres horas más. ¿Cuál es la alternativa?, ¿ver la tele?

-Aquí el índice de lectura no es muy alto.El 35% de los españoles no lee nunca o casi nunca. No hay forma de que despegue por las políticas de este país: no ha interesado que tengamos cultura ni educación. Aquí quienes leen son las mujeres.

-Ya. Soy muy fan de las señoras, el verdadero sexo fuerte. Cuando murió mi hija yo me hundí y, en cambio, mi esposa, que era la madre, aguantó como una jabata.

-¿La crisis remonta? El año pasado comencé a detectar que se detenía la sangría, pero desde que empezó la caída yo he perdido el 33% de ventas.

-¿Sus preferencias?De todo. Leo novela muy literaria, leo ensayo, pero también un best seller si me atrapa, ¿por qué no? Las cuatro personas que trabajamos en la librería leemos bastante y después nos obligamos a comentar los libros. Entre todos hacemos la selección.

-Así pueden recetar, como los médicos. Es muy enriquecedor comentar y compartir, y lo hago con frecuencia con libreros como Lluís Morral, de Laie, y Marta Ramoneda, de La Central.

-¿Qué dice estos días el boca-oreja? Está funcionando muy bien la novela policiaca y de intriga, sobre todo Adiós en azul, de John D. MacDonald, publicado por Libros del Asteroide; me gusta mucho el catálogo de esta editorial.