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Un preso se fuga esposado y a la carrera tras declarar en un juzgado de Sant Feliu de Llobregat

El hombre es un albano de 30 años sin antecedentes violentos en su historial

GUILLEM SÀNCHEZ / SANT FELIU DE LLOBREGAT

La foto del preso que se ha fugado este martes en los jusgados de Sant Feliu de Llobregat.

La foto del preso que se ha fugado este martes en los jusgados de Sant Feliu de Llobregat.

Una pesadilla recurrente de cualquier policía es que se escape un detenido que está bajo su responsabilidad. Eso mismo les ha ocurrido este martes al mediodía a varios agentes de los Mossos d’Esquadra a la salida del juzgado de Sant Feliu de Llobregat.

Los policías estaban escoltando a dos presos, sujetos y esposados, durante su traslado desde el edificio judicial hasta la furgoneta policial, después de que ambos prestaran declaración por robar en un domicilio.

Uno de ellos ha sorprendido a la agente que lo trasladaba en cuanto ha pisado la acera, a escasos metros del vehículo dispuesto para transportarlo a él y a su compañero. La ha empujado con fuerza y ha iniciado una carrera a toda velocidad por un callejón que se aleja de la sede, situada en la calle de Dalt de la capital del Baix Llobregat.

Ha conseguido huir pese a correr con las manos esposadas 

La sorpresiva embestida y posterior huida ha pillado desprevenidos a los otros dos agentes que la acompañaban. Uno de ellos, de hecho, se encontraba ocupado trasladando al otro preso. Según parece, este segundo detenido también ha tratado de zafarse de los policías aprovechando la confusión. Pero su intento ha resultado fallido.

Los tres agentes, uno de ellos arrastrando al segundo arrestado, han tratado de neutralizar la evasión. Pero no ha resultado posible pese a que el fugado corría con las manos esposadas. Pronto han perdido el contacto visual con él y han retrocedido a toda velocidad para dar la voz de alarma a través de la radio. 

DISPOSITIVO DE BÚSQUEDA

El aviso de la fuga ha activado de inmediato un dispositivo de búsqueda en el que han participado tanto agentes de la policía local de Sant Feliu como de los Mossos d’Esquadra. Un helicóptero ha sobrevolado el vecindario durante varias horas. El perímetro policial ha cerrado un círculo y las patrullas, a pie, en coche y en moto, han seguido escudriñando la ciudad para intentar atraparlo.

El hombre más buscado este martes en Catalunya tiene 30 años y es de nacionalidad albanesa. En su historial delictivo constan diversas detenciones por robos en domicilios. Pero su modus operandi consistía en entrar en las casas forzando las puertas cuando las viviendas estaban vacías. Por eso no tiene antecedentes por delitos violentos contra las personas, tranquilizan fuentes policiales. A última hora del martes aún no había sido detenido.   

POLICÍA ABATIDA

El vigilante de seguridad de los juzgados explica que el preso se ha valido de su corpulencia para deshacerse de la mossa, de dimensiones “más reducidas”. En cuanto se ha consumado la huida y han llegado los refuerzos para comenzar a peinar las calles adyacentes, este trabajador de seguridad ha visto como la agente “se quedaba muy compungida”. “Es normal”, remarca, “esto puede pasar y es muy duro de aceptar”, la defiende.  

Fina, la dependienta de una tienda de productos dietéticos, lo ha presenciado todo en directo. En ese instante se encontraba fuera de su negocio, situado en una esquina que queda a unos diez metros de la salida del juzgado. A ella le ha parecido que el preso “le ha propinado una patada” a la policía en lugar de “un empujón”. Otro elemento más de debate para las tertulias del día en el barrio.

María José y Esther, trabajadoras de la tienda de golosinas Do, re, mi y de la panadería del Centre, colindantes con la tienda de Fina, seguían a media tarde especulando sobre qué había podido fallar. 

En realidad, la acción ha sido tan repentina que la mayoría no se han percatado de nada y han sabido qué ocurría en cuanto se han presentado frente a sus tiendas las numerosas unidades policiales que han activado para coordinar la operación de búsqueda. María José, por ejemplo, tan solo ha escuchado el “¡alto!” que los agentes han gritado al fugitivo, cuando este ya estaba lanzado en su escapada.  

Jordi, el propietario del bar El Raconet del 48, se preguntaba más tarde cómo podía un hombre esposado correr tan rápido. “Yo uso las manos para impulsarme, pero si están atadas seguro que no puedo ir tan rápido”, mantenía.

Todas estas cábalas también deben resonar dentro de la cabeza de los policías. El mejor de modo de acallarlas será que lo detengan pronto “y todo se quede en un susto”. En eso parecen coincidir todos los vecinos.