Juega el Barça, vigile su cartera

Los robos de billeteros y las peleas se disparan en los aledaños del Camp Nou cuando hay partido

Dos investigadores de la UB contabilizan las consecuencias negativas del fútbol para la ciudad

Accesos del público al Camp Nou.

Accesos del público al Camp Nou. / JORDI COTRINA

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Guillem Sánchez
Guillem Sánchez

Redactor

Especialista en Sucesos, tribunales, asuntos policiales y de cuerpos de emergencias

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Si los carteristas tienen cartera propia, seguro que en ella guardan un calendario marcado con todos los días de partido en el Camp Nou. Cuando el Barça juega en casa, en Barcelona los ladrones roban más. El tirón de un equipo con Leo MessiNeymar o Luis Suárez atrae una afluencia masiva de público al estadio, que se convierte en un caladero ideal para los cacos.

Los vagones del metro en las horas previas y en las posteriores al partido están llenos a rebosar de viajeros logotipados de azulgrana. Y en las inmediaciones del estadio se amontonan los simpatizantes en casi cada control. En esas situaciones los ciudadanos están pendientes de no perder de vista al pequeño de la casa, de no separarse de la compañera o de encontrar el número de puerta adecuada para entrar en el campo. Son todas ellas distracciones que convienen al carterista, que sabe aprovecharlas.

Si hay partido  en Barcelona, se presentan un 15% más de denuncias por hurto

Daniel Montolio y Simón Planells, investigadores del Institut d’Economia de Barcelona (IEB) de la Universitat de Barcelona (UB), han escudriñado más de 600.000 denuncias presentadas ante los Mossos d’Esquadra. Han hecho dos grupos, en el primero han sumado todas aquellas registradas en día de partido. En el segundo, las recogidas el resto de días del año. Su conclusión es que cuando el mejor equipo del mundo juega en casa, en Barcelona se producen, de media, 302 robos. Esto significa 40 denuncias más (15%) que la media del resto de días.

El incremento de sustracciones es particularmente acusado cuando el partido es importante y el estadio supera los 80.000 espectadores. Esto ocurre en las citas de la Champions o en los partidos con rivales de entidad en la Liga, como el Real Madrid o el Atlético de Madrid.

El 43% de este repunte de estos hurtos se concentra en los alrededores del Camp Nou, a un radio de un kilómetro del estadio. La otra mitad del aumento se da en La Rambla y en la Plaza de Catalunya, zonas habitualmente atiborradas de paseantes que en los días de partido son además frecuentadas por los seguidores de los equipos visitantes.

Este abordaje cuantitativo del fenómeno ha contabilizado más de 200 partidos, todos jugados entre el 2007 y el 2011, el período más luminoso de la historia del club, el de la eclosión de La Pulga a las órdenes de Pep Guardiola. La mitad de estos son encuentros disputados en casa y la otra mitad en el campo del rival.

VIOLENCIA EN LOS ALEDAÑOS DEL ESTADIO

Los investigadores han observado otro indicador en el mismo estudio, el de las denuncias por agresiones físicas. Su conclusión, siguiendo la misma metodología que con los hurtos, es que estas se incrementan muy levemente en la ciudad cuando hay partido en el Camp Nou. Pero aunque se mantenga el número total de peleas que se producen en Barcelona esas noches -unas 14 de media- crecen en un 87% las que se desatan en las cercanías del estadio. "Se dan más interacciones sociales" concentradas espacialmente y eso facilita que aparezcan las fricciones, explica Montolio. 

Crecen un 87% las agresiones  alrededor del campo

El episodio reciente más grave tuvo lugar el 10 de diciembre del 2014, tras finalizar un partido de Champions que enfrentó a la escuadra de Luis Enrique con el Paris Saint Germain (PSG) y en el que dos aficionados del club francés resultaron apuñalados.

El primero de los ataques con arma blanca se produjo en la calle de Felipe de Paz, a 50 metros del Camp Nou, sobre las 23.00 horas, cuando dos encapuchados atacaron por la espalda a un seguidor del equipo francés. En el segundo, producido a escasa distancia del primero y algo más tarde, en la vecina Avenida de Madrid, los agresores también actuaron ocultando su rostro con una capucha y agredieron con un cuchillo a un joven que salía de ver el partido.  

BARÇA Y ACTIVIDAD CRIMINAL

Al inicio de este trabajo académico se reconocen las innumerables bondades económicas que supone para Barcelona contar con un equipo de fútbol que es más famoso en el planeta que la propia ciudad. No obstante, también llama la atención sobre algunas “consecuencias negativas” que merece la pena cuantificar “porque la economía tiene las herramientas para hacerlo”, subraya Montolio.

Sus conclusiones son trasladables, con matices, a otras grandes concentraciones de público o acontecimientos, como el Mobile World Congress. Y no aspiran tan solo “a aproximar el daño causado o a fijar nuevos impuestos a los promotores de los eventos” sino a ser tenidas en cuenta cuando se plantean las políticas de seguridad.

Por ejemplo, en el caso del F.C.Barcelona, el estudio detalla que el coste del despliegue extraordinario de los Mossos que requieren los partidos calificados de alto riesgo puede ascender hasta 55.000 euros, a razón de 35 euros por agente y hora. El club sufraga una parte de este gasto policial extra. En las citas futbolísticas más relevantes, la cuota del club puede ser de hasta 35.000 euros. Todo esto, sin embargo, no resulta disuasorio para los carteristas. Estos saben que el dispositivo policial se centra en amenazas más graves para la seguridad, como las hinchadas ultras o el terrorismo. Ahí, los policías no tienen ojos para los descuideros.

Los carteristas  saben que la seguridad en el estadio no está pendiente de ellos

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Destinar expertos a analizar el precio de la actividad criminal forma parte de una corriente científica en auge en Estados Unidos. De hecho, Montolio se encuentra actualmente trabajando en Washington. Este economista detalla que los robos no solo deben medirse cuantificando el valor de lo sustraído. Hace falta tener en cuenta todos los esfuerzos destinados a impedirlos y también aquello que sucede cuando no resulta posible hacerlo, ya que la sensación de inseguridad tiene una incidencia directa en los hábitos de las personas.

En el 2007, por ejemplo, los gastos de la Administración pública americana en políticas de seguridad, justicia y de reparación del daño causado ascendían a  unos 200.000 millones de euros, “el presupuesto en defensa de toda la Unión Europea”, remarca.

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