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Joan Josep Omella toma posesión como nuevo arzobispo de Barcelona

Iniciará su ministerio con visitas a la Mercè, la Sagrada Família y Montserrat

TONI SUST / BARCELONA

El nuevo arzobispo de Barcelona, Joan Josep Omella, con su antecesor, Lluís Martínez Sistach, ayer antes de la toma de posesión.

El nuevo arzobispo de Barcelona, Joan Josep Omella, con su antecesor, Lluís Martínez Sistach, ayer antes de la toma de posesión. / RICARD CUGAT

Joan Josep Omella ha tomado posesión este sábado como nuevo arzobispo de Barcelona, cargo en el que releva al cardenal Lluís Martínez Sistach. En la Catedral de Barcelona, ante fieles y autoridades, entre las que no se contaba el presidente de la Generalitat en funciones, Artur Mas, Omella ha agradecido la designación del Papa y ha mostrado su voluntad de acercarse a sus nuevos administrados. “Como Abraham, me he puesto en camino hacia una tierra y una comunidad que tengo que empezar a conocer para quererla con todo mi ser. Ese camino quiero hacerlo libre de prejuicios, con un corazón abierto y unos oídos atentos”, ha afirmado en su primera homilía como máximo responsable de la Iglesia en Catalunya.

Omella, que ha hablado alternativamente en catalán y castellano, es bien recibido por al comunidad católica local, si bien algunos de sus integrantes preferían a un obispo catalán y catalanista. Es aragonés, nacido en 1946 en la localidad turolense de Cretas, en el Matarranya, y catalanohablante, y tiene un perfil más ligado a la política social que a la política. Desde este punto de vista, es considerado un hombre próximo al estilo del papa Francisco. Sirva de ejemplo su propuesta de hace unos meses de crear un fondo para parados sin ingresos que se nutriría en parte de una de las dos pagas dobles de los sacerdotes o el 10% de su salario. También animó en septiembre a sacerdotes y feligreses a acoger a los refugiados que está previsto que lleguen a España. El nuevo arzobispo ha tomado posesión ante unas 2.500 personas, entre las que se encontraban la delegada del Gobierno central en Catalunya, María Llanos de Luna; el director general de Afers Religiosos de la Generalitat, Enric Vendrell; el abad de Montserrat, Josep Maria Soler, y el de Poblet, Octavi Vilà, entre otras autoridades civiles, religiosas y militares.

TRAYECTORIA

Omella ha elogiado la labor de sus antecesores, los cardenales Lluís Martínez Sistach y Ricard Maria Carles, así como la del obispo auxiliar Sebastià Taltavull, el preferido por los sectores más soberanistas, que parecía un serio candidato a lograr la plaza. El nuevo arzobispo también ha tenido un recuerdo para las localidades en las que hasta ahora ha desarrollado su labor: Zaragoza, como obispo auxiliar; Barbastro-Monzón, primer destino como obispo residencial; Jaca y Huesca, localidades en las cuales fue administrador apostólico, y Calahorra y La Calzada-Logroño, de donde ha sido obispo la última década. "La Iglesia está llamada a salir de sí misma hacia las periferias, no solo las geográficas, sino también las periferias existenciales: las del misterio del pecado, las del dolor, las de las injusticias, las de la ignorancia". 

Como nuevo arzobispo, Omella hará una serie de gestos de proximidad con los símbolos más relevantes de la Iglesia en Catalunya. Este domingo visitará la basílica de la Mercè, patrona de la provincia eclesiástica de Barcelona, y a continuación presidirá la misa de las familias en la Sagrada Família. El lunes acudirá al monasterio de Montserrat y se reunirá con su abad.

Omella demostró sentido del humor y cintura cuando, al conocerse su nombramiento, un presentador le preguntó si no había un candidato catalán que pudiera haber sido elegido en su lugar. El arzobispo contestó sonriente: “Mi madre me ha preguntado lo mismo: ‘¿No tenían a nadie mejor?'”.

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