29 oct 2020

Ir a contenido

EL FRENTE LEGAL

Clamor por la despatologización

Expertos y familiares lamentan que la transexualidad siga siendo considerada una enfermedad

T. S. / BARCELONA

Erika, una menor transexual, en un parque de Badalona.

Erika, una menor transexual, en un parque de Badalona. / ELISENDA PONS

“Que la gente sepa que esto está definido como una enfermedad mental. Una patología mental. La despatologización es lo más importante. Ahora parecería una barbaridad llamar enfermos a los homosexuales”, proclama Ferran, el padre de Leo, un menor transexual. Expertos y familiares ven en esta situación el principal reto pendiente. Que la sociedad conozca lo que es y que entienda que no es una enfermedad.

Rosa Almirall, médica de Trànsit, servicio de promoción de la salud para personas trans, explica la transexualidad como el sentimiento de rechazo a un género que no se adecúa a cómo te identifica la sociedad: “Un niño de 3 años se ve como un niño cuando cierra los ojos. Y todo su entorno lo ve como a una niña. Más allá de los genitales”. Ella rechaza la idea de un cuerpo equivocado, alude a los cuerpos disidentes pero prefiere decirlo como se lo dice a los que atiende: “Tú eres una persona especial”.

"No es disforia, es euforia de género. Son felices cuando pueden ser lo que son", dice una madre

La transexualidad es considerada disforia de género: la contradicción entre la identidad de género y el sexo anatómico. El  'Manual estadístico de los trastornos mentales V' (DSM V) lo considera un trastorno de identidad sexual. No es solo una afrenta para los transexuales, es un problema diario. “Ningún endocrino hará un tratamiento sin un informe psiquiátrico que diagnostique disforia de género”, explica Almirall. “El mundo trans pide que esto deje de ser necesario”. No es solo un engorro: “Algunos psiquiatras diagnostican travestismo fetichista”. Y no hay tratamiento. En Trànsit no hacen evaluaciones psiquiátricas ni psicológicas. Mantienen una “conversación larga”. A partir de aquí, cada persona es un mundo, según la experta. Llega entonces otro elemento tópico sobre la transexualidad: la de que implica por norma cirugía y cambio de sexo. “Cada persona hará un recorrido diferente”. Y no todos acabarán operándose. “El primer paso de aproximación a la salud se da cuando el desarrollo del menor le causa un cierto malestar”. En efecto, las familias entrevistadas por este diario rechazan con contundencia la visión de que sea obligatorio un cambio de sexo. Están atentos a la evolución de sus hijos y al posible uso de bloqueadores para que el paso a la adolescencia no tenga efectos indeseados.

EL DNI, EL PASAPORTE

Un transexual menor de edad no puede cambiarse el nombre en la documentación. La ley no lo prevé, aunque una iniciativa judicial individual puede servir: unos 25 menores transexuales tienen documentación a su nombre en España. Uno de ellos era Alan, de 17 años, que se suicidó la víspera del día de Navidad.

Un transexual adulto se puede cambiar el nombre si atesora dos años de tratamiento hormonal (hasta el 2007 era obligatorio haberse hecho una operación de cambio de sexo), para lo cual es imprescindible un informe psicológico que determina que existe disforia de género. Son varios los padres que cada vez que tienen que coger un avión deben mantener una charla con el menor para explicarle que le van a llamar por su nombre anterior, que le van a hacer preguntas. Almirall facilita informes a las familias para evitar ese mal trago. También están los casos de transexuales que no quieren cambiar el DNI: “Son activistas, quieren explicarlo”. La médica celebra el cambio en las tarjetas sanitarias de la Generalitat, está convencida de que se ha hecho con la mejor voluntad, pero subraya que esos documentos llevan un asterisco en el nombre, algo en lo que aprecia riesgo de transfobia.

Cristina, madre de Erika, lo tiene claro: “No es disforia, es euforia de género. Son felices cuando pueden ser lo que son”.