EL TESTIMONIO

Con una hija y dos nietos en casa

Antonia Macía, una dura jubilación que no esperaba

Con una hija y dos nietos en casa

Pau Marti

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Antonia Macías vive en Gavà. Y en su piso, con ella, una hija de 44 años, una nieta en plena adolescencia y un nieto de nueve años. Cobra una pensión por los años en que trabajó, entre 1967 y 1999, hasta que la empresa hizo una reducción de plantilla. Entre viudedad y pensión son apenas 800 euros. El padre de las criaturas, eso sí, se hace cargo de la parte que le corresponde tras el proceso de separación. Fue hace cinco años. Desde entonces tiene a la hija y a los nietos en casa, un gasto que desde luego no esperaba.

La hija no trabaja y, por problemas de salud, no tiene al alcance de la mano hacerlo a corto plazo. Eso es un problema para Macias porque, como sabe todo el mundo menos el ministro del ramo (o eso parece), la contención no ha sido la norma en los gastos domésticos inevitables. La electricidad, por ejemplo, ha subido un 83,2% desde el año 2003 en España. “La última factura que pagué fue de 117 euros”. Son bimensuales, pero es más de una octava parte de la pensión. Con el gas y el agua no ha ido mucho mejor desde el 2003, pero lo peor es que ese tipo de pagos se van comiendo la economía familiar como las termitas la madera, casi sin que se vea. El conflicto mayor llega con lo imprevisto. “Ahora tengo que cambiar el audífono. El que llevo ya está muy viejo. Con la oferta que me hacen, me cuesta 1.800 euros uno nuevo”.

POLÍTICOS PREDICADORES

La generación de Macías no está teniendo la jubilación que cabía prever cuando desde los altavoces políticos se predicaba que este país iba como un cohete. De eso no hace tanto. Hasta se fantaseó (a veces, afortunadamente, las hemerotecas son sonrojantes para algunos) que España se merecía ya entrar en el G-7,el selecto club de las más solidas potencias occidentales, que iba a desbancar a Canadá en cifras si es que no lo había hecho ya. Nada de nada. La generación de Macías solo suele tener una viga sólida, que tiene la vivienda ya pagada. La economía doméstica es así más sencilla.

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Como consecuencia del delicado estado de salud de su hija, esta vecina de Gavà se ve, a su edad, haciendo de improvisada madre. Por ejemplo, cuando hay que ir a la reunión con los profesores en la escuela. “A veces ya voy yo sola”. Pasar la adolescencia de un hijo o hija es una cosa. Tener que repetir la experiencia con los nietos es otra. Las fuerzas no son las mismas, reconoce Macías.

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