hallazgo científico EN ONCOLOGÍA

Vall d'Hebron logra diagnosticar el tumor cerebral sin abrir el cráneo

El líquido de la médula espinal contiene ADN del cáncer de cerebro

Una punción lumbar advierte de la irrupción tumoral antes de la neoplasia

El doctor Joan Seoane en el laboratorio del Vall d’Hebron Institut d’Oncologia (VHIO), este lunes.

El doctor Joan Seoane en el laboratorio del Vall d’Hebron Institut d’Oncologia (VHIO), este lunes. / ELISENDA PONS

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ÀNGELS GALLARDO / BARCELONA

Antes de que el cáncer cerebral más agresivo, común y difícil de tratar, el glioblastoma, forme la masa que irá invadiendo el interior del cráneo del enfermo, el líquido cefalorraquídeo que envuelve al cerebro ya contiene trazas de sus genes, un ADN tumoral relativamente fácil de captar realizando una punción lumbar de la médula espinal. Cuando el tumor se ha desarrollado, la presencia de su ADN es abundante y uniforme en el líquido medular.

Este hallazgo, logrado por investigadores del Vall d'Hebron Institut d'Oncologia (VHIO), permitirá a partir de ahora informar de forma rápida y certera de un inminente cáncer cerebral, del que se sospeche por haber sufrido uno anterior, así como precisar las características y mutaciones concretas del tumor ya formado, un detalle fundamental que permitirá seleccionar el tratamiendo idóneo.

El avance, publicado por Nature Communications, evitará perforar el cráneo para realizar una punción cerebral y obtener muestras susceptibles de biopsiar, una prueba arriesgada que no es factible cuando el área neuronal que debería ser objeto de extracción dirige funciones vitales, como son la locomoción, el habla o la visión. La biopsia sólida convencional no siempre acierta a extraer las células en la que existe más presencia del tumor, algo que no ocurre al analizar líquido de la médula espinal.

La obtención de materia cefalorraquídea, proceso experimentado en 23 pacientes del Vall d'Hebron, exige aplicar una punción entre las vértebras lumbares, una acción similar a la que permite inyectar anestésico a algunas parturientas.

La información que proporciona el líquido cefalorraquídeo, masa acuosa en la que flota el cerebro y que desciende por la médula espinal, es precisa y obviamente personalizada, explica el doctor Joan Seoane, adscrito al grupo de Expresión Génica y Cáncer del VHIO y coordinador del estudio. «La biopsia líquida permite diagnosticar los tumores que afectan al sistema nervioso central a partir de sus propias características, trazar un pronóstico y determinar el tipo de terapia que será mas eficaz», indicó Seoane. «Podremos aplicar tratamiento precoz, antes de que se forme físicamente el tumor, e investigar en busca de nuevas dianas terapéutica», añadió.

REAPARICIÓN / Una de las características más terribles del glioblastoma es que el tumor prácticamente siempre reaparece pasado un tiempo, tras haber sido operado y tratado al inicio. En ese momento, indica el investigador, las opciones de tratamiento son escasas y las dificultades para acceder al tumor empeoran la evolución. El análisis del líquido cefalorraquídeo acelerará la toma de decisiones, advierte Seoane.

A diferencia de lo que ocurre con los tumores de mama o pulmón, cuyo diagnóstico y pronóstico se puede establecer analizando el plasma del enfermo -lo que facilita una muestra de sangre- en el glioblastoma esto no es posible, por lo que la perforación craneal ha sido hasta ahora el recurso inevitable con que se precisaba el alcance de estos tumores.

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El hallazgo del VHIO facilitará asímismo el diagnostico de metástasis cerebrales de cánceres que inicialmente afectaron a la mama o el pulmon -no son inusuales-, ya que las células cancerígenas que alcanzan al cerebro tras invadir dichos órganos tienen un perfil genético distinto de las del tumor primario.

Las metástasis cerebrales, los tumores surgidos de cánceres que antes fueron detectados otros órganos, son diez veces más comunes que la aparición de un cáncer primario de cerebro. Esas metástasis son también las que reciben peor pronóstico, ya que no suelen reaccionar ante los tratamientos conocidos. Estos tumores secundarios desarrollan alteraciones genéticas comunes que, en más del 50% de los casos, no fueron detectadas en los cánceres primarios de los que son consecuencia. Esa peculiaridad, indican los investigadores, exige exhaustivos diagnósticos de las metástasis.

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