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Chantaje en internet

Aumentan los delitos de extorsión y difamación por webs y redes sociales

Las dificultades para retirar vídeos o comentarios agravan el daño a la víctima

Carmen Jané

Un vídeo o una foto sexuales enviados a la pareja, un contacto no buscado en una red social o un cliente insatisfecho en internet pueden desencadenar una tormenta que cause daños devastadores en la vida de una persona o en la trayectoria de una empresa. Más aún si la víctima es un niño o un adolescente. La capacidad de difusión en las redes sociales aviva el daño e impide que el borrado de los contenidos, que puede llegar hasta un año más tarde, sea efectivo y suponga realmente el final de la pesadilla, chantaje incluido, para la víctima.

«Borrar e internet son dos palabras que es difícil que entren en la misma frase. Si algo se duplica en 200 sitios, intentar que desaparezca es materialmente imposible», afirma Óscar de la Cruz, comandante jefe de la Unidad de Delitos Telemáticos de la Guardia Civil, que admite que las extorsiones y el acoso online son delitos en aumento, sobre todo por redes organizadas que lo han convertido en «modelo de negocio».

La filtración de la base de datos de la web de citas para casados Ashley Madison ha hecho que algunos de estos ciberdelincuentes hayan hecho su agosto enviando correos indiscriminados y con el mismo texto a todos los hombres registrados (la gran mayoría de los afectados) exigiéndoles dinero para no revelar la información a su entorno más próximo. Tarea posible porque todos dieron su nombre real para realizar los pagos y muchos, su auténtico correo laboral o personal, lo que ha facilitado que los chantajistas les buscaran en las redes sociales y lo convirtieran en un ataque dirigido en toda regla.

NUEVO CÓDIGO PENAL / «No son delitos nuevos, para todos se puede aplicar el Código Penal», explica el abogado Jordi Bacaria. La revisión del pasado marzo elevó la consideración de algunas de estas ofensas de falta a delito, además de insistir en la suplantación por medios electrónicos.

En Catalunya, según datos de los Mossos d'Esquadra, las denuncias de mujeres que aseguraron haber sido traicionadas por exparejas que divulgaron imágenes de contenido sexual explícito -tomadas durante la relación- se duplicaron durante el pasado año. En algunos casos, se trataba de venganzas crueles, como usurpar su cuenta de Facebook para simular que ofrecía sus servicios sexuales a su círculo de amigos.

En otras ocasiones el intento de extorsión va acompañado de acoso y comentarios vejatorios en foros o blogs. Puede ser que pidan dinero o que se deba a una venganza personal movida por el ánimo de escarnecer o denigrar a alguien. En estos casos, explican los investigadores, es más difícil pararlos. «Suele haber cuatro motivos: para sacar dinero, para conseguir información de la víctima (ya sean fotos sexuales o datos sensibles de una empresa), para hundir la reputación de alguien o por un problema psicológico. Estos se llegan a obsesionar con su víctima y, a veces, su víctima con ellos», explica la ciberinvestigadora Selva Orejón, que documenta y localiza el rastro de los delincuentes.

OTRA VENTANILLA / Las víctimas acuden a la policía con la esperanza de que cuente con herramientas para acabar con su pesadilla. «No se creen que no podamos hacer nada», admite De la Cruz. Sus esfuerzos se centran en «detener al culpable y borrar los originales», aclaran también los Mossos d'Esquadra y la Policía Nacional. Un paso imprescindible para evitar nuevas propagaciones.

Pedir que el contenido ofensivo sea retirado puede ser tarea ardua, a veces por la actitud de otros internautas, que ayudan a difundirlo. «Cuando un blog comenzó a publicar insultos sobre mí, hubo amigos que parecía que se alegraban y gente que le daba al Me gusta. Internet es un arma fácil y barata», explica una víctima de ciberchantaje.

«Solicitar que una web extranjera borre un contenido a través de una rogatoria puede llevar un año, y tienes que justificar muy bien que es un delito grave», denuncia la abogada Ruth Sala. Porque en la mayoría de casos, el delincuente no se limita solo a difamar en Twitter, Facebook o Youtube, redes que tienen mecanismos para borrar contenidos a petición de los propios usuarios. Muchas de las ciberextorsiones, desde el caso del Celebgate (famosas que vieron difundidas sus fotos íntimas) al de Ashley Madison han aparecido en páginas de porno amateur, foros o blogs creados para la ocasión.

«Cuando una empresa es objeto de una campaña de difamación que afecta a su reputación corporativa, podemos aplicar el delito de competencia desleal, y cuando es un profesional, de injurias y ataques a la reputación profesional. Si, por ejemplo, es un médico acusado por un paciente en un foro, el que afirma ha de aportar pruebas», señala Bacaria. Para la usurpación de identidad, «hay que demostrar que el usurpador actúa como si fueras tú», añade.

Algunos de estos afectados recurren a empresas de reputación digital que «limpian» el nombre de su cliente. Desde la Guardia Civil lamentan que esto abra una brecha entre aquellos que pueden costearse una empresa que blanquee su nombre y aquellos que no.

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