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Gente corriente

Oriol Canals: "Es espantoso ver cómo se trafica con vidas humanas"

Núria Navarro

Al final de la temporada de verano, Oriol Canals (Barcelona, 1984) había sacado del mar a unas 10 personas en apuros y vigilado a decenas. Pero la rutina se rompió. Tras ver fotografías de niños sirios ahogados, Óscar Camps, director de Proactiva, la empresa de socorrismo en la que trabaja desde el 2009, sentó a los empleados y les dijo: «Chicos, tengo ahorrados unos 15.000 euros y me estoy planteando ir a Lesbos. Allí no hay nadie que haga salvamento en los primeros 500 metros». Todos enmudecieron.

-Se apuntaron sin dudarlo.

-Sin dudarlo. Primero fueron Óscar y mi hermano Gerard. Cogieron dos neoprenos, dos tubos de rescate, un juego de aletas y se plantaron al norte de Lesbos, en Skala. Yo viajé en el segundo turno, con más material.

-Dos hermanos en una misma causa. 

-Mi madre no ha pegado ojo, pero está orgullosa. Porque mi abuelo, republicano, tuvo que huir y estuvo en el campo de concentración de Argelès. También él fue un refugiado, y alguien le debió ayudar. Ir a Lesbos es lo que teníamos que hacer.

-Usted fue sabiendo qué había.

-Sí. Salí de aquí con un sentido enorme de responsabilidad. Llegué a la capital, Mitilene, y yendo hacia el norte empecé a ver a gente que caminaba, y restos de mantas y mochilas. Ya en la base, en lo alto de la montaña, vi cuatro puntitos naranjas que salpicaban el mar. Una cosa es ver los barcos desde la comodidad del sofá y otra, vivirlo. Es una bofetada de realidad que no esperaba recibir en la vida. Ves cómo tanta gente se juega la vida huyendo de una guerra... Ancianos, hombres que han perdido las piernas en el conflicto, madres que te miran a los ojos y te entregan a sus hijos sin saber qué harás con ellos.  Da mucha rabia ver que los únicos que hacemos trabajo allí somos los voluntarios.

-Da rabia ¿y dolor?

-Tienes que estar en condiciones para trabajar durante dos semanas. Pero nadie está preparado para vivir un drama humano de esta magnitud. Y cuando pones a unos a salvo, vuelves a levantar la cabeza y ves que viene otra barca, y otra, y otra. Unas 25 al día.

-¿Sacan a la gente a nado?

-Estamos entrenados para cubrir los 10 kilómetros de Lesbos a Turquía, pero sabemos que vas y tienes que volver cargando con una persona vestida, que lleva mochila y casi no sabe nadar. Esta semana han salido para allá dos motos acuáticas.

-¿Ha socorrido a muchos?

-A un par o tres cada día. También hicimos el rescate de una barca cuyo motor se había ido al fondo del mar. Muchos se lanzaron al agua creyendo que podían cubrir una milla, pero sabíamos que no lo conseguirían y dos de nosotros fuimos a nado. Detrás venía otra embarcación, y otros dos intentaron que no la pincharan (en Turquía les dicen que si no lo hacen, los devuelven). Nos recogieron, rescataron a tres  y la guardia costera remolcó al que no tenía motor.

-Van por libre. ¿Nadie les pone pegas?

-No tenemos ningún permiso, pero después de haber hecho mucho trabajo, no solo no nos ponen impedimentos, sino que se nos aproximaron oenegés grandes a preguntar qué necesitábamos. Como el dinero de Óscar se acababa, fundamos una micro-oenegé, Proactiva Open Arms (www.proactivaopenarms.org), y gracias a esos contactos empezaron a entrar varios miles de euros desde EEUU. Podemos seguir.

-¿Debe de ser raro volver a la normalidad?

-Dos días antes de regresar piensas: «Viendo todo esto, ¿cómo podrás mirar la tele en el salón de casa sin quererte morir?» Nunca se borrará de mi memoria lo vivido. Es espantoso ver cómo se trafica con vidas humanas. El ferri cuesta 15 euros y ellos pagan más de 1.300 por persona para subir en barcas de siete metros de eslora que no flotan porque viajan 50 donde caben 10. Es un milagro que sobrevivan.