LA POLÍTICA DEL VATICANO

Vía libre para disentir

El papado de Francisco ha dado fuerza a los sectores progresistas de la Iglesia de EEUU, hasta ahora acogotados por la conservadora jerarquía. Como en otros países, el catolicismo cae

Unos pintores trabajan en un mural de bienvenida al Papa en un edificio de Nueva York.

Unos pintores trabajan en un mural de bienvenida al Papa en un edificio de Nueva York. / AP / MARK LENNIHAN

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RICARDO MIR DE FRANCIA / WASHINGTON

Desde hace casi una semana, un grupo de monjas sin hábito recorren parte de Estados Unidos subidas a un autobús para propagar mensajes tan cristianos como insolentes a oídos de una parte de esta sociedad. Denuncian salarios de miseria que condenan a muchas familias a una vida rayana en la indigencia. Se reúnen con legisladores republicanos para pedirles una pizca de compasión para los 11 millones de simpapeles que viven con temor a ser expulsados. O reclaman soluciones para purgar ese prevalente pecado original que es la discriminación de los negros. Parecen beatas inofensivas, pero rugen como activistas indignadas.

Esas religiosas forman la base de Network, un lobi dedicado a trabajar por la justicia social en Washington, que fue pasto de las críticas del Vaticano cuando Benedicto XVI era todavía el Papa de Roma. Por entonces, hace ahora tres años, un informe de la Congregación para la Doctrina de la Fe las censuró por preocuparse demasiado de la pobreza y la injusticia económica mientras callaban sobre el aborto o el matrimonio homosexual, las grandes obsesiones de la jerarquía eclesiástica de EEUU. Pero el grueso de los reproches fue dirigido contra la Leadership Conference of Women Religious, que agrupa al 80% de las monjas estadounidenses, a las que se acusó de promover "el feminismo radical" y "desafiar" a los obispos, "los auténticos maestros de la fe y la moral". El órgano que sucedió a la Inquisición quiso taparles la boca.

Esas monjas han encontrado ahora en el papa Francisco a un aliado inestimable para dar resonancia a una versión más compasiva y anclada en el amor de la Iglesia. Durante los seis días que el argentino Bergoglio pasará en EEUU, tiene previsto reunirse con refugiados, inmigrantes, indigentes o presos, además de con la cúpula política del país. "El Congreso no ha cambiado, pero la gente es más consciente de estos problemas gracias a Francisco", dice la directora de Network, la hermana Simone Campbell, un día antes de embarcarse en la gira Monjas en el Autobús. "Donde sí ha ayudado es dentro de la Iglesia. Los curas y obispos que comparten la visión de Francisco y que antes temían ser criticados o juzgados si hablaban, han ganado confianza y se pronuncian con más claridad", añade en una entrevista telefónica.

Como le ocurre en otros países, el catolicismo en EEUU está en declive pese al influjo de los inmigrantes hispanos. De representar a casi el 24% de la población en el 2007, ha pasado a menos del 21%, según el Pew Research Center. Por cada nuevo converso, seis abandonan la fe. Más de una década de escándalos de pederastia se ha cobrado su factura, así como el cierre masivo de colegios --más de 1.600 en la última década-- y parroquias, muchas de ellas finiquitadas por falta de fieles o para ahorrar gastos. No es un proceso nuevo pero se ha acelerado a raíz de los escándalos y las demandas multimillonarias a las que han tenido que hacer frente muchos arzobispados. "¿Se va a convertir la Iglesia católica en una serie de megaiglesias locales?", escribía el jesuita Thomas Reese en la revista 'National Catholic Reporter'

Desafección

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También se advierte una desafección de los católicos de base hacia los obispos. Las encuestas sostienen que los feligreses son aquí más progresistas que los prelados. Más del 80% aceptan la familia no tradicional, y un 40% no consideran que la homosexualidad y el aborto sean pecado.

Millones de personas acudirán a escuchar a Francisco, un Papa más popular entre los católicos que entre el grueso de la población (71% por 59%), aunque su aprobación ha caído sensiblemente en el último año. Pero hay muchas dudas de que su ejemplo moral pueda volver a llenar las iglesias a medio plazo. "Mucha gente se siente atraída hacia su amor y compasión, pero dudo de que se vaya a reflejar en un cambio hacia la religión institucionalizada", opina la hermana Campbell. Lo que sí ha hecho es paliar el desamparo de religiosos como ella. Tienen un aliado en Roma.