reforma canónica

El Vaticano agiliza los procesos de anulación del matrimonio

El Papa desvelará hoy cómo hará más fácil este procedimiento

El papa Francisco.

El papa Francisco.

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EL PERIÓDICO
BARCELONA

No se trata de una sorpresa, ya que, desde su elección, Jorge Bergoglio ha dicho varias veces que hay matrimonios que no debían de haberse celebrado nunca por la Iglesia, porque los contrayentes no llevaban una vida de acuerdo con la religión católica. En otras ocasiones, el Papa ha lamentado que los procesos de anulación del matrimonio católico resulten demasiado caros para quienes los solicitan. Por estas razones la reforma que hoy anunciará el Vaticano probablemente consistirá en ampliar las causas de anulación y en que, si no hay recursos, las vistas se abran y cierren en las diócesis, además de costar menos. «Incluso gratis», dijo una vez el Papa.

Los documentos del Pontífice, firmados de su puño, llevan por título Mitis Iudex Dominus Iesus, que reforma el derecho canónico en lo que se refiere a los matrimonios celebrados dentro del rito latino (occidente), mientras que el segundo, titulado Mitis et Misericors Iesus, se refiere a la misma reforma pero para las iglesias orientales de rito ortodoxo. Los textos serán presentados por seis eclesiásticos de la plana mayor jurídica de la Santa Sede.

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El pasado mes de enero, recibiendo a un grupo de expertos en derecho canónico, o sea en las leyes que rigen internamente la Iglesia católica, el papa Francisco expresó su opinión de que los procesos de anulación del matrimonio debían seguir «recorridos más ágiles».

SUGERENCIA DEL SÍNODO / Por otra parte, el Sínodo de obispos extraordinario del pasado año dedicado a las familias actuales sugirió al Papa que se elimine el segundo grado en los procesos de anulación (ahora son dos instancias, más un posible recurso al Supremo del Vaticano, en Roma). Los prelados aconsejaron al Pontífice, además, que en lugar de todo un tribunal sea un solo juez quien dirima las peticiones de anulación de matrimonio y que, en definitiva, la decisión de anular o no un matrimonio quede en manos del obispo diocesano de los solicitantes de la anulación.