La resurrección de Mazinger

Cabra del Camp bautiza la plaza de la célebre estatua con el nombre del cantautor de la sintonía de la serie

La nueva Asociación de Amigos de Mazinger Z descubre que es oficial y se propone «dignificarla y difundirla»

El cartel del encuentro celebrado el 1 de agosto -con un nombre provisional-, y el calendario publicado en 1979 por el promotor de Mas del Plata (abajo).

El cartel del encuentro celebrado el 1 de agosto -con un nombre provisional-, y el calendario publicado en 1979 por el promotor de Mas del Plata (abajo). / JOAN REVILLAS

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MAURICIO BERNAL / BARCELONA

Hay un momento clave en esta especie de resurrección del Mazinger de Tarragona que es cuando José Luna -Joseph Moon Joseph Moonen los foros mazingeros-, recibe un mensaje en el que un tal Miguel le dice que tal vez debería ponerse en contacto con el ayuntamiento, que pruebe, que el alcalde podría ayudarlos, por qué no. Ocurrió en julio. Para entonces ya se había instalado cierta agitación en el grupo: lo que había empezado como una reunión de amigos, una visita al Mazinger, que es plan si a uno le apasiona el robot japonés, se convertía poco a poco en algo con visos de encuentro, algo serio. Se apuntaba gente de Bilbao, Madrid, Alicante, Extremadura, Valencia; de toda España. «Surgió de la nada, de contactos por internet», dice Luna. Aún estaba sopesando lo del ayuntamiento cuando Miguel volvió a escribirle: le confesaba, en fin, que él era el alcalde, y que quería contribuir a que el encuentro fuera un éxito. Los mazingeros vieron en ello algo más que un espaldarazo: vieron una señal.

Cabra del Camp en Comú, la marca de Podemos en el pequeño pueblo tarraconense, había ganado las municipales de mayo y puesto fin a una larga hegemonía convergente en el municipio. El detalle insólito era que tanto el cabeza de lista, Miguel Castañón, a la postre alcalde, como los cuatro ediles que entraron en la corporación eran todos vecinos de Mas del Plata, la urbanización famosa por albergar la estatua de casi 10 metros de Mazinger Z, un reclamo urbanístico que luego se volvió turístico, una rara cosa que los mazingeros tienen por tótem, y de hecho por monumento. El Mazinger brillaba con un fulgor decadente en medio de una urbanización que llevaba años abandonada, cuyas calles estaban rotas y sin pavimentar, y el equipo de Gobierno lo dejó claro desde el principio: «Trabajaremos para todo el pueblo, aunque después de tantos años de dejadez, donde hace falta más inversión es en Mas del Plata». En ese contexto no tenía nada de extraño que el alcalde decidiera respaldar oficialmente el encuentro.

Ambición

Envalentonada por el gesto, la organización se puso metas más ambiciosas. El nuevo estatus de la cita dio lugar a la creación de la Asociación de Amigos de Mazinger Z, de la que Luna fue nombrado presidente, y al bautizo del encuentro con un nombre apropiado y rimbombante: Primera Kedada Mazingera; la Rebelión del Mazinger Z. Todo muy rápido, en pocos días, porque el tiempo se echaba encima y el 1 de agosto, la fecha, estaba a la vuelta de la esquina. Al grupo organizador se había sumado para ese momento un mazingero clave, Carlos Chardí, promotor musical de Valencia que había convertido su colección de objetos de la serie en una exitosa exposición itinerante. A la Primera Kedada Mazingera le faltaba algo, pero no se sabía qué. Un personaje. Un rostro con significado. ¿Go Nagai, creador del robot? Quizá más adelante. Entonces, ¿quién?

«Alfredo -dice Luna-. Queríamos que viniera Alfredo». Alfredo Garrido, el hombre que compuso y cantó la canción de Mazinger Z, otro tótem, a su modo, en el mundo mazingero, era el invitado ideal, el rostro destinado a subir aún más el listón del encuentro. Chardí había trabado amistad con él gracias a la exposición y se había convertido en su mánager, pero entonces se materializó otra pregunta. Traerlo, ¿para qué? A esas alturas la ambición era el norte, y parecía poco traer a Garrido como un mero invitado especial. «Entonces decidimos hablar con el ayuntamiento», recuerda Luna. «Pensábamos que quizá le podían dar las llaves del pueblo, o nombrarlo hijo predilecto, o hacerlo pregonero, algo así…» Al alcalde se le ocurrió algo mejor: bautizar la explanada desangelada y anónima donde se levanta el Mazinger con su nombre: Alfredo Garrido García. Perfecto: la Primera Kedada Mazingera incluiría el descubrimiento de una placa oficial. La aprobación exprés de la moción correspondiente quedará como una de las primeras acciones del Gobierno de Castañón, y políticamente como uno de los primeros pasos en favor de la rehabilitación de Mas del Plata.

Un libro conmemorativo

Solo había un problema: el ayuntamiento no tenía dinero para llevar a Garrido. Pero a esas alturas la bola de nieve bajaba desenfrenada, cada vez más grande, y un vulgar asunto de economía no se iba a interponer. La salvación apareció encarnada en la figura de otro mazingero providencial, José Miguel Ruiz, propietario de una empresa de desguaces en Vilafranca del Penedès, El Recanvi, a la que probablemente deberían acudir a partir de ahora todos los apasionados del robot cuando necesiten deshacerse de un vehículo viejo. La inversión privada, José Miguel Ruiz, Desguaces El Recanvi, salvaron la visita de Garrido. Ahora no faltaba nada.

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O sí. ¿Por qué no editar un librito conmemorativo? ¿Por qué, ya que se trataba de honrar al viejo Mazinger, no poner el broche con una biografía bien documentada, un recuerdo que los asociados podrían llevarse a casa? La Primera Kedada Mazingera no merecía menos. El plazo se estrechaba pero había tiempo, y Chardí se en ello, a poner sus conocimientos a prueba y a investigar, y de todas las cosas que descubrió una en particular lo llenó de alborozo, a él primero y a todos los mazingeros después. «Hasta ahora se pensaba que esto era la idea de un hombre al que se le había ido la olla y había construido un Mazinger y ya está, pero resulta que este Mazinger es oficial, con licencia de Toei Animation, la empresa japonesa dueña de los derechos. ¡Un Mazinger oficial!», exclama Chardío. El Mazinger de Tarragona no solo es oficial: es la estatua del robot más alta y antigua del mundo. Hay otras en Japón y Hong Kong, pero no le llegan a los tobillos.

El encuentro se celebró y acudieron más de un centenar de personas, entre ellas otro mazingero ilustre, Ramón Vila, propietario en la época de Fibrester, la empresa que construyó la estatua. «Cabra del Camp ya forma parte de mi vida y de mi historia con el Mazinger Z», declaró Garrido emocionado en la tarima dispuesta para la ocasión. También habló el alcalde, que anunció que aquello se llamaría Mazinger Fest y se celebraría cada año. Luna, Chardí, la asociación, todos los mazingeros estaban de plácemes. «Porque el objetivo nuestro es que se oficialice la estatua y se considere monumento, y que se reconozca que eso no fue una cosa rara que alguien hizo ahí», dice Chardí. «Dignificarla y hacerle difusión», dice Luna. Quieren montar un Museo Mazinger en la plaza. Quieren hermanar a Cabra con Wajima, el pueblo de Go Nagai. Quieren traer a Ichiro Mizuki, cantante de la sintonía en japonés. Y quieren que se pinte bien la estatua, porque la última vez se equivocaron con los colores. De todo esto han hablado con la Embajada de Japón, donde están encantados y les han ofrecido su apoyo.

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